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Otra vez. Ya perdimos la cuenta de cuántas veces hemos dicho eso de "esta va a ser la última ola de calor del verano" para encontrarnos, semanas después, que la AEMET ya está anunciando la siguiente. Estamos a mediados de verano y lo que falta. España afronta entre ayer y hoy el pico de la tercera ola de calor de julio de 2026, con temperaturas que rozan los 42-45 grados en el sur y el este peninsular y avisos activos en varias comunidades autónomas. Las ciudades españolas no está preparadas. Y aunque el hastío ya empieza a notarse en cada conversación de ascensor, lo cierto es que el calor, para sorpresa de nadie, no solo se queda fuera: entra en casa, se instala como un inquilino más, y muchas veces lo ayudamos sin darnos cuenta.
Porque no todo el calor que sentimos dentro viene de la calle. Según explica Allianz en su blog de consejos para el hogar, las olas de calor afectan a la vivienda porque elevan la temperatura interior, aumentan el uso de aparatos eléctricos y reducen el confort térmico — un impacto que se nota más en casas con poco aislamiento, ventanas antiguas o mala ventilación y por ende en la factura. Y hay algo que sorprende bastante: parte de ese calor extra lo generamos nosotros mismos, sin saberlo, con dos electrodomésticos muy concretos.
Los dos electrodomésticos que hay que evitar en pleno pico de calor
Durante el día, paredes, techos, ventanas y suelos absorben radiación solar. Parte de ese calor se libera después, incluso de noche, lo que impide que la casa se refresque con normalidad en las horas más frescas del día. Lo explica también Scio, estudio de arquitectura especializado en construcción eficiente, en un análisis que ya recogimos en otro artículo: según un informe de la Universidad del País Vasco (UPV) junto con Knauf, el 60% de los edificios en España sufre sobrecalentamiento durante las olas de calor. Ese calor que ha entrado durante el día se queda atrapado dentro, sin ninguna vía de escape. Es frustrante y la casa no descansa. Por eso una vivienda puede seguir acumulando temperatura, aunque fuera ya haya empezado a bajar el termómetro — y encima, sin ayuda de nadie de fuera, dentro de casa seguimos añadiendo calor extra sin ser conscientes.
Entre las recomendaciones de Allianz para mantener la climatización eficiente durante el verano hay una que suele pasar desapercibida: evitar fuentes de calor internas, en concreto el horno y las placas de cocina.
Son los dos electrodomésticos que más elevan la temperatura interior de forma directa, precisamente porque funcionan generando calor de manera intencionada — el horno trabaja a temperaturas de entre 180 y 250°C, y parte de ese calor se escapa inevitablemente al ambiente por mucho que el aparato esté aislado. Pero ¿podemos vivir sin encender estos electrodomésticos?
El resultado es una escena muy habitual en verano: fuera hace 40 grados, dentro de casa se ha conseguido bajar a 27 con esfuerzo y muchos trucos caseros, y alguien decide encender el horno "solo un momento" para hornear algo. Ese gesto, aparentemente inocente de cocinar un pollo al limón para la cena o unas deliciosas costillas al horno con miel, puede subir la temperatura de la cocina varios grados en cuestión de minutos. Y el calor no desaparece cuando se apaga el aparato. Se queda en el ambiente. Se acumula en paredes y superficies. Y obliga al aire acondicionado o al ventilador a trabajar más para compensarlo.
Por eso, cocinar hay que cocinar, pero siempre hay pequeños trucos: hacerlo a primera hora, cuando aún no aprieta tanto el calor. Apostar por platos fríos como el gazpacho, el salmorejo o las ensaladas. Usar la vitrocerámica con tapadera para acelerar la cocción. Sustituir el horno por la airfryer cuando sea posible. O simplemente cerrar la puerta de la cocina mientras se cocina, para que ese calor no se expanda al resto de la vivienda.
Otros riesgos del calor extremo en casa que conviene vigilar
Más allá de la temperatura, una ola de calor tan prolongada como esta trae consigo otros riesgos domésticos que Allianz recomienda tener presentes. Uno de los más importantes son las sobrecargas eléctricas. Durante estos días es habitual tener el aire acondicionado y los ventiladores intentando sobrellevar la ola de calor, y por supuesto el frigorífico, que abrimos con más asiduidad para tomar un buen vaso de agua fresquita, y otros aparatos funcionando a la vez.
Si la instalación no está preparada, o se conectan varios equipos de alto consumo en la misma toma, el riesgo de sobrecalentamiento en la red eléctrica de casa aumenta. Hay señales que no conviene ignorar: olor a quemado, chispazos, enchufes calientes o cortes frecuentes de luz. Ante cualquiera de ellas, lo mejor es desconectar los equipos y llamar a un profesional.
El calor extremo también pone en riesgo la conservación de alimentos y otros productos sensibles a la temperatura. El frigorífico y el congelador trabajan más durante estos días, así que conviene abrirlos lo mínimo posible para que no pierdan frío innecesariamente y comprobar que están cerrados correctamente. Alimentos perecederos como carne, pescado, lácteos o platos preparados, medicamentos que requieren conservación específica según el envase, e incluso cosméticos o productos de limpieza pueden deteriorarse con temperaturas elevadas. Según la AESAN, la temperatura ideal de refrigeración debe mantenerse entre 0°C y 5°C, y ante cualquier corte de luz prolongado, lo más seguro ante la duda es no consumir los alimentos que hayan podido perder la cadena de frío.


















