Que el escaso mes que llevamos de verano está siendo de los más calurosos que muchos recordamos es una obviedad y una realidad que así reflejan los registros meteorológicos españoles. Los días 22 y 23 de junio fueron los más cálidos registrados en España desde al menos 1950. Ante estas cifras, a nadie le sorprende que hayamos tirado de ingenio y buscado en las redes sociales un poco de ese saber popular español para intentar sobrellevar un verano que se prevé intenso y caliente — el mismo ingenio, por cierto, que este domingo nos dio una alegría con la victoria de la Roja en el Mundial. Aunque este verano España lleva semanas pintada de rojo por otro motivo: el de los mapas de avisos de la AEMET. Desde las sábanas más frescas del verano para dejar de dar vueltas en busca del lugar más fresquito, hasta dormir con el aire acondicionado encendido toda la noche , y para los más afortunados, las colchas de verano perfectas para las noches de calor.

Empezamos el verano batiendo máximos, y todo apunta a que no será la última vez que lo hagamos antes de que acabe septiembre. José Ángel Núñez, jefe de climatología de la AEMET, ha explicado en el blog de la agencia los detalles de esta ola de calor histórica. "La temperatura media del 22 y 23 de junio de 2026 supera la del 30 de junio del pasado 2025, que hasta ahora era el máximo", señala.

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Récords que no dejan de sucederse

Núñez insiste en algo: lo más excepcional de esta ola de calor no ha sido solo la intensidad. "Se han producido multitud de récords en estaciones con series largas, sobre todo en el norte, donde más excepcional ha sido esta ola de calor, no solo por la intensidad, sino por la duración y persistencia", cuenta. El 23 de junio se registró en Cantabria el récord absoluto de temperatura máxima de la comunidad: 43,7°C en Tama (Liébana), superando cualquier registro anterior en cualquier mes.

El aeropuerto de Bilbao, con datos desde 1947, ofrece otro dato revelador. Hasta 2025 solo se habían alcanzado o superado los 40°C en 18 ocasiones en toda su historia. En 2026, en apenas tres días de junio —los días 21, 23 y 24—, se superó ese umbral tres veces. Algo que nunca había ocurrido antes en un mismo mes. El día 23, con 41,3°C, se batió el récord histórico de junio. El día 24, con 42,7°C, se superó ese récord recién establecido apenas un día después.

Detrás de estos récords puntuales hay algo más de fondo, y preocupa bastante. Entre 1975 y 2025 —sin contar la ola de calor de 2026, que se suma aparte— España ha vivido 78 olas de calor. Suman 458 días. "Hasta 2000 hubo 129 días en ola de calor, mientras que entre 2001 y 2025 hubo 329, más del doble", compara Núñez. El promedio también lo dice todo. 3 días al año entre 1975 y 1984. 22 días entre 2016 y 2025. Más de siete veces esa cifra inicial.

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Los materiales de las ciudades, un factor que se suma al cambio climático

Más allá del calentamiento global, hay un segundo factor. Núñez lo señala directamente: la propia estructura de las ciudades. Lo explica así: "Los materiales que componen la estructura urbana, el asfalto, el tráfico, los edificios, contribuyen a una mayor concentración del calor en el centro de la ciudad durante el día, calor que luego resulta más difícil disipar a lo largo de la noche." Tiene nombre: isla de calor urbana. Se suma al calentamiento del planeta, pero su origen es distinto — está en cómo hemos construido nuestras propias ciudades.

La estructura urbana también impide que las ciudades se refresquen de noche. "La propia estructura urbana impide la circulación de aire de las típicas brisas de tierra nocturnas, que aunque muy débiles, refrescan las noches de zonas de playa o de fuera de la ciudad", cuenta Núñez. Hay otro efecto menos conocido, matiza: "los materiales de construcción de la ciudad evacuan muy rápido la humedad y no se puede producir el típico enfriamiento por evaporación que se produce en zonas de huerta fuera de la ciudad donde abunda la vegetación".

Las cifras sobre noches tropicales —mínimas por encima de 20°C— confirman todo esto. En el aeropuerto de Barcelona, fuera de la ciudad, el promedio era de 19 noches al año entre 1950 y 1980. Ahora es 80, con un máximo de 104 en 2022. En Madrid el contraste es aún más claro. En Barajas, fuera de la ciudad, el promedio entre 1960 y 1990 era de 3 noches tropicales al año. Hoy: 22 de media en Barajas, con un máximo de 40 en 2022.

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¿Y el origen de todo esto? Núñez no tiene dudas. Apunta primero a lo evidente: "Es prácticamente seguro que el cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles ha potenciado el efecto invernadero en la atmósfera."

Pero no se queda ahí. Insiste en que la estructura urbana suma su parte, con un origen igualmente humano aunque distinto. Lo resume con una reflexión casi sociológica: "Lo cierto es que un habitante de una gran ciudad mediterránea como Valencia, Barcelona, Alicante, Palma, etc., por los efectos combinados de ambos factores, los dos de origen antrópico, sufre muchas más noches tropicales y tórridas que hace sólo medio siglo, lo que supone un riesgo para la salud y una pérdida de confort térmico." Mientras la ciencia sigue el rastro del problema, en casa toca tirar de ingenio: ventilador bien orientado, persiana bajada a tiempo y paciencia hasta que llegue septiembre.