Hay imágenes que parecían haberse quedado para siempre en las casas de pueblo y que ahora vuelven a resultar irresistibles: una alacena llena de vajillas, un mantel bordado, una mesa de madera marcada por los años, una cesta de mimbre o una cómoda heredada. Elementos cotidianos que hace no tanto podían parecernos anticuados y que hoy encajan en una manera de decorar mucho más cálida, personal y alejada de los interiores excesivamente perfectos.

De ese imaginario bebe el cottagegranny, una tendencia que mira hacia el campo y, sobre todo, hacia las casas y las costumbres de nuestras abuelas. Su encanto está precisamente en recuperar muebles, materiales y objetos de toda la vida y hacerlos convivir con piezas contemporáneas. Porque llevar esta estética a una vivienda actual no significa reproducir una casa antigua ni llenar cada estancia de antigüedades. El objetivo es rescatar aquello que aporta historia, textura y personalidad y utilizarlo de una manera nueva.

salón con sofá tapizado en verde y muebles de herencia
Christopher Horwood

Qué es el cottagegranny y por qué nos recuerda tanto a las casas de pueblo

Esta estética comparte muchos códigos con tendencias como el cottagecore o el grandmacore: el gusto por lo artesanal, los materiales naturales, los objetos con historia, los estampados tradicionales y cierta nostalgia por una vida doméstica más pausada.

Pero llevada al terreno español resulta especialmente reconocible. Pensemos en las sillas de enea, los aparadores de madera, la cerámica, las fuentes pintadas, los manteles bordados, las cestas, las alacenas o las vajillas que solo salían los domingos.

El resultado no tiene por qué ser rústico. De hecho, una de las claves para que funcione está en utilizar estos elementos como contrapunto dentro de espacios más contemporáneos.

Los muebles de las abuelas vuelven a ocupar el mejor sitio de la casa

Una cómoda antigua, un aparador, una mesa de madera maciza o una vitrina pueden convertirse en algunas de las piezas con mayor presencia de una habitación. Y precisamente sus pequeñas imperfecciones son parte de su atractivo.

No es necesario restaurarlos hasta que parezcan nuevos. La madera envejecida, los tiradores originales o las marcas del paso del tiempo aportan carácter y evitan que los interiores resulten demasiado uniformes.

dormitorio papel verde cama blanca
Jon Lovette//Getty Images

Para actualizar este tipo de muebles, lo más interesante es huir del conjunto completo. Una mesa heredada puede combinarse con sillas modernas, una cómoda clásica con una lámpara contemporánea y una alacena antigua con una cocina de líneas mucho más depuradas.Es ese contraste el que hace que una pieza que podría parecer anticuada se convierta en algo especial.

Vajillas antiguas, cerámica y piezas que ya no se esconden en los armarios

Otra de las imágenes más asociadas a las casas de nuestras abuelas eran las vitrinas y alacenas llenas de platos, fuentes, vasos y jarras. El cottagegranny recupera esa costumbre y vuelve a utilizar los objetos cotidianos como parte de la decoración.

Las vajillas heredadas no tienen que reservarse para una ocasión especial. Pueden aparecer en una estantería abierta, mezclarse con cerámica artesanal o combinarse con piezas contemporáneas.

rincón de lectura bajo la ventana y escritorio de madera antiguo
Christopher Horwood

Tampoco hace falta que todo pertenezca al mismo juego. Precisamente la mezcla de platos, fuentes y cuencos encontrados en diferentes momentos ayuda a conseguir esa sensación de casa construida poco a poco.

La cerámica tradicional española encuentra aquí un lugar privilegiado. Lebrillos, jarras, fuentes pintadas o piezas de barro funcionan tanto sobre una mesa como encima de un aparador o directamente colgadas de la pared.

Manteles bordados, colchas y estampados que parecían pasados de moda

Los textiles permiten introducir esta tendencia de una manera sencilla. Manteles de lino, bordados, colchas, cortinas, cuadros vichy, rayas y pequeñas flores recuperan protagonismo después de años en los que los tejidos lisos y los tonos neutros dominaron buena parte de los interiores.

No se trata de utilizarlos todos a la vez. Un mantel antiguo sobre una mesa contemporánea puede ser suficiente, al igual que una colcha tradicional sobre una cama de líneas sencillas.

También pueden recuperarse textiles familiares que llevaban años guardados. Una pieza bordada a mano o una mantelería heredada puede aportar una riqueza difícil de conseguir con algo recién comprado.

La cocina es el mejor lugar para recuperar las costumbres de antes

Probablemente ningún espacio represente mejor el cottagegranny que la cocina. Las cocinas de pueblo eran lugares llenos de objetos, alimentos, utensilios y muebles que hablaban de la vida cotidiana.

cocina con isla central de madera y paredes con papel pintado floral
Christopher Horwood

Ahora algunas de esas ideas regresan: estanterías con vajillas a la vista, tarros de cristal, tablas de madera, cestas, fruteros, cortinillas de tela o pequeñas alacenas pueden convivir perfectamente con electrodomésticos y encimeras actuales.

Incluso el gesto de dejar determinados objetos cotidianos a la vista ayuda a alejar la cocina de ese aspecto excesivamente impoluto que durante años se ha buscado en este espacio.

Artesanía y materiales naturales para conseguir una casa con alma

Madera, barro, lino, algodón, fibras naturales y cerámica son algunos de los materiales que mejor encajan en esta estética. No solo por su aspecto, sino porque son materiales que cambian y envejecen con el uso.

También cobran importancia las piezas artesanales. Una cesta hecha a mano, una jarra de un ceramista local o una silla tradicional pueden aportar mucho más carácter que varios objetos puramente decorativos.

Y no hace falta vivir en una casa de campo para utilizarlos. En un piso urbano funcionan especialmente bien cuando se mezclan con una arquitectura sencilla, muebles actuales o alguna pieza de diseño.

Cómo llevar el cottagegranny a una casa moderna sin que parezca antigua

La medida es probablemente la parte más importante. Convertir toda la casa en una recreación rural eliminaría precisamente el contraste que hace interesante esta tendencia.

Por eso, una buena estrategia consiste en elegir unas pocas piezas con personalidad y dejar que destaquen. Una cómoda heredada puede transformar un dormitorio; unas sillas de enea pueden romper la formalidad de un comedor; una vajilla antigua puede dar vida a una cocina contemporánea.

También funciona combinar materiales y épocas. La madera envejecida junto al acero, una pieza de cerámica tradicional sobre un mueble minimalista o una mesa antigua iluminada por una lámpara escultórica consiguen que ninguno de los dos mundos se imponga al otro.

Porque el cottagegranny no consiste realmente en volver al pasado. Su atractivo está en recuperar aquellas cosas que nunca necesitaron desaparecer: objetos hechos para durar, muebles con historia y pequeños gestos domésticos capaces de conseguir que una casa se sienta mucho más personal.