Se acabó el reinado del gris millennial y del minimalismo por imposición. Treintañeros y cuarentones de hoy han dejado atrás los interiores anodinos para rendirse al encanto de las antigüedades con personalidad en toda la casa. Y, probablemente, muchas de las cosas que persiguen en mercadillos y apps de segunda mano, las tienes ya en la casa de tu abuela en el pueblo. Tanto si quieres incorporarlas a tu decoración, como si estás pensado en sacarle un rendimiento interesante, te proponemos un viaje a la casa donde crecieron tus padres para localizar las joyas que arrasan entre la generación con mayor capacidad para pasar de una tendencia a otra sin perder el contexto decorativo.
¿Cómo saber qué funciona y qué no? Hemos hablado con cuatro anticuarios y marchantes de piezas vintage, millennials todos ellos, por supuesto, y han compartido con Nuevo Estilo cuáles son los objetos que más interés despiertan entre sus compañeros de generación. Curiosamente, la nostalgia juega un papel importante en la curación de objetos. También la resistencia activa al mundo digital que ahora comparten con la generación que les precede los Z: su obsesión con relojes de manillas, tocadiscos y cintas de casette no conoce límites.
Plata antigua
Atrás quedaron los días de recurrir a platos de cartón: los millennials quieren elevar el arte de recibir en casa y, para ello, apuestan por piezas de plata y metal plateado, explica Taylor Carver. Como señala la propietaria de I Need A Bigger House, en Washington D. C., «hasta unas sencillas salchichas de aperitivo parecen un bocado gourmet cuando se sirven en una bandeja de plata; y, además, cuando no se usan, estas piezas lucen de maravilla como elemento decorativo».
Piezas especiales para servir
En la misma línea, las piezas de servicio especiales, sobre todo las pensadas para presentar aperitivos, están conquistando a los millennials. «Del caviar a las ostras, pasando por las sardinas, los entremeses sofisticados viven un gran momento en la cultura gastronómica, y también las piezas antiguas que en su día se crearon para servirlos», explica Jacqueline Burrows, fundadora de The Sleepy Flea, en Nueva York.
Entre los objetos que busca con frecuencia se encuentran tenedores de plata para sardinas, cajas de mayólica para sardinas, platos antiguos para ostras y servidores vintage para caviar. «Pueden utilizarse en una cena actual y, al mismo tiempo, aportar una historia única», añade Burrows.
Cerámica con carácter
Los millennials sienten auténtica debilidad por las cerámicas especiales, cuenta Catherine Tassin de Montaigu, fundadora de De Montaigu Designs, en Washington D. C. Se trata de piezas que «no son los pequeños platos de la abuela con diminutas flores en el borde, sino cerámicas rotundas y con presencia, como la cabbageware, Aptware, spongeware, mochaware o la mayólica», explica. «Las piezas cerámicas coloristas, de formas singulares y claramente elaboradas por artesanos con gran talento han conquistado de verdad el corazón —y el bolsillo— de mi generación».
Litografías históricas
Quienes buscan obras de arte vistosas pero asequibles se sienten especialmente atraídos por las litografías, señala Carver. «Las litografías y láminas antiguas siguen manteniéndose como algunas de las piezas más populares que encuentro», afirma. «Suelen ser más asequibles que otros formatos de arte mural, como la pintura al óleo, lo que permite a los millennials acceder a la historia y al carácter del arte antiguo sin hacer un gran desembolso».
Colchas llenas de color
Adiós a la ropa de cama aburrida: las colchas viven un auténtico renacer, especialmente entre los compradores millennials. «Con el regreso de los textiles estampados y llenos de color, no sorprende que las colchas también hayan ganado popularidad», comenta Carver. «Confeccionadas en gran parte a mano y hechas con mimo, aportan al instante una dosis de calidez y personalidad a cualquier estancia».
Todo lo analógico
Nicole Letts, fundadora de Grandmillennial Shop, en Atlanta, ha observado que los compradores sienten fascinación por las piezas analógicas, «especialmente por relojes como los de pie, los de cocina o los de repisa». Además de evocar tiempos más sencillos, también pueden encerrar un importante valor sentimental. «Cuando era pequeña, mi abuela tenía en la cocina un reloj a juego con su vajilla de diario de Pfaltzgraff», recuerda Letts. Los tocadiscos también suben enteros en la nostalgia del pasado, cuanto más retro años 70 sea su aspecto, mejor. Aunque el elemento fundamental es que funcionen correctamente. «Si das con un buen equipo, la sensación del sonido es un plus importante», concluye.

















