Cuando veo esta vajilla soy débil. Cada vez que encuentro este plato color ámbar en una tienda vintage o en un mercadillo de segunda mano, me entra la tentación de llevármelo, aunque no lo necesite. Porque en realidad no lo necesito. No sé si será porque es la vajilla que mi abuela utilizaba a diario y en la que yo comía después de la escuela, porque en ella he degustado los mejores platos de cuchara, por su durabilidad o porque es una vajilla nueva con una nostalgia inexplicable, pero lo cierto es que la tentación siempre está ahí. Hay algo en ese vidrio grueso, en ese tacto ligeramente rugoso del borde, que no tiene ningún plato moderno.

Y ahora resulta que no hace falta rebuscar en mercadillos: Duralex acaba de rebajar su colección más icónica a mínimos históricos, con platos a solo 2 euros la unidad. Se trata de la colección Lys, aunque muchos la conozcamos como la vajilla ámbar, que empezó a colarse en las cocinas españolas a partir de los años 70 y que hoy sigue siendo, con diferencia, la más buscada y reconocible de toda la marca francesa. En mi caso, los recuerdos me llevan directamente a mediados de los 90, cuando seguía ocupando un lugar fijo en la mesa de mi abuela junto al mantel de cuadros vichy. Y no es de extrañar: su resistencia es una de las razones por las que se ha convertido en un clásico que sigue pasando de generación en generación.

vajilla lys Ámbar duralex
Cortesía El Corte Inglés

De la posguerra francesa a las mesas de toda España

Aunque hoy la asociemos a las cocinas de media España, Duralex nació en 1927 en La Chapelle-Saint-Mesmin, una pequeña localidad cercana a Orleans. Al principio ni siquiera fabricaba vajillas, sino frascos para perfumes y recipientes para destilerías. Lo que acabaría haciendo famosa a Duralex ni siquiera era el diseño, sino el material. Mientras otras vajillas se astillaban o rompían con facilidad, la marca apostó por el vidrio templado, un tratamiento que hacía los platos y vasos mucho más resistentes para el uso diario.

El nombre tampoco fue casual. Duralex, registrado en 1945, procede de la expresión latina Dura lex, sed lex ("la ley es dura, pero es la ley"), una declaración de intenciones bastante apropiada para una marca que ha construido toda su fama alrededor de la resistencia. Poco después llegaría el vaso Gigogne, conocido popularmente como "Barrigón", y el resto es historia. En la Francia de posguerra, donde había que comprar cosas pensadas para durar, aquellos vasos y platos encontraron rápidamente un hueco en millones de hogares.

france industry duralex feature
MARTIN BUREAU//Getty Images

A España llegó más tarde, en torno a la década de los 60, aunque la colección Lys no aterrizaría hasta los años 70. Durante años, tener una vajilla Duralex fue casi un lujo y, según cuentan los coleccionistas de la marca, muchas de las primeras piezas entraban desde Francia vía Andorra. Lys, la misma colección que hoy sigue vendiéndose, terminó convirtiéndose en una de esas piezas cotidianas que muchas familias heredaron sin imaginar que algún día acabaría siendo casi un icono.

Cristal templado: por qué esta vajilla puede pasar del congelador al horno sin miedo

Más allá de la nostalgia, hay una razón muy práctica por la que esta vajilla sigue siendo tan popular casi un siglo después: su resistencia a los cambios bruscos de temperatura. El vidrio templado, gracias a ese proceso de calentamiento y enfriamiento rápido en fábrica, soporta choques térmicos que romperían cualquier plato de cerámica o porcelana convencional o al menos les haría esas pequeñas muescas tan reconocible e incómodas a la vista.

colección lys de duralex
Cortesía El Corte Inglés

En la práctica, esto significa algo muy útil en el día a día: si sobra comida en un plato Duralex, se puede meter directamente en el congelador sin necesidad de cambiarla a otro recipiente. Y al sacarlo, ese mismo plato aguanta perfectamente el paso por el microondas para recalentar, sin fisuras ni riesgo de que estalle por el contraste de temperatura — algo que con la mayoría de vajillas convencionales sería impensable, ya que el choque térmico entre el frío del congelador y el calor del microondas suele ser justo lo que agrieta el material y nos arruinaría la comida.

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Crispin la valiente//Getty Images

Esta versatilidad explica también por qué Duralex se ha mantenido como referencia en colegios, restaurantes y cualquier entorno de uso intensivo de la vajilla: aguanta golpes, lavavajillas a diario y el trasiego constante entre frío y calor sin perder ni transparencia ni forma con el paso de los años. La propia marca sigue fabricando toda su cristalería en la misma fábrica de La Chapelle-Saint-Mesmin.

Por qué esta vajilla sigue conquistando generaciones

Todavía sigo impactada por el precio. A 2 euros el plato, vuelvo a pensar en completar la vajilla con las piezas que me faltan y mezclar los platos antiguos que ya tengo con otros nuevos hasta formar una colección completa. Además de su función práctica, esta vajilla tiene ese punto estético atemporal que encaja tanto en una mesa de diario como en ocasiones más especiales. Y luego está la nostalgia: pensar que esos mismos platos que sirvieron los guisos y el cocido 'madrileño' de mi abuela ahora pueden contener los míos, aunque no estén tan elaborados.

vajilla lys Ámbar duralex
Cortesía Duralex

Tiene gracia pensar que esa vajilla que mi abuela compró cuando emigró al país vecino en busca de un presente y un futuro mejores terminara convirtiéndose en la misma que quiero para mi nuevo hogar. Quizá la nostalgia tenga mucho que ver, o quizá simplemente algunas cosas están hechas para durar.