Primark se apunta a la alta decoración y lo demuestra con estas tres vajillas que arrasan en sus tiendas de España
Fijarse en los detalles de una mesa ajena es casi un vicio, y estos tres platos son exactamente el tipo de pieza que hace que alguien pregunte de dónde son: borde festoneado, moteado irregular, flores pequeñas. Todo a menos de diez euros.

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Prestamos poca atención a los detalles cuando nos invitan a una cena o comida en casa de familiares y amigos, o quizá eres de los míos, que nos fijamos más en esas cosas que en la propia comida: la cubertería, los vasos o copas y por supuesto los platos. Como está vestida una mesa dice mucho de dónde estás y de cómo es esa persona. Y muchas veces, lo que más llama la atención no es la vajilla más cara sino la más pensada, la que alguien eligió con criterio y personalidad, aunque no costara una fortuna.
En mi caso, vestir la mesa es casi un ritual. No hace falta que sea una ocasión especial: un domingo con amigos, una comida de verano en la terraza o incluso una cena entre semana pueden ser el motivo para sacar los platos que más gustan, doblar bien las servilletas y poner un par de flores en el centro. Es una forma de decir que el momento importa, que la persona que viene a comer importa, que nadie debería comer en platos que no le digan nada, aunque sea un martes. Una mesa bien vestida no necesita un presupuesto especial. Necesita atención y mimo en los detalles.
Cómo ha cambiado la mesa española en los últimos años
La vajilla ha sido durante años uno de los objetos más ignorados de la casa. Se compraba, se usaba y se guardaba sin que nadie le dedicara demasiado pensamiento, como si los platos fueran simplemente el soporte de la comida y no parte del espacio donde se come. En muchos hogares españoles, cocina y comedor son ya el mismo espacio. La cocina americana ha borrado la frontera entre donde se cocina y donde se vive, y eso ha convertido la mesa y todo lo que hay sobre ella en parte visible y permanente de la decoración. La vajilla ha dejado de ser invisible.
En ese contexto, el diseño en la vajilla accesible ha dado un salto real. Durante mucho tiempo, precio bajo equivalía a diseño inexistente: platos blancos lisos, formas sin carácter, nada que llamara la atención. Eso ya no es así. Las tiendas que antes reservaban el criterio estético para sus piezas más caras han empezado a aplicarlo también a las más económicas, y el resultado son platos que tienen borde festoneado, motivos florales, moteados irregulares. Piezas que, puestas sobre una mesa, hacen que alguien pregunte de dónde son.
Cómo combinarlos y por qué el precio lo cambia todo
Estos tres platos tienen además algo que no siempre se encuentra en piezas de este precio: versatilidad real. El moteado en beige encaja con manteles de lino, con servilletas de colores y con copas de cualquier tipo sin que nada desentone. El floral con borde festoneado funciona especialmente bien en mesas de verano, donde el estampado pequeño y el borde ondulado conectan con el ambiente de una terraza o un jardín. Y los tres funcionan muy bien junto a piezas en verde salvia, verde oliva o toffee, esos tonos tierra que llevan temporadas siendo los favoritos de la decoración de mesa más actual y que con un plato con carácter propio cobran todavía más sentido.
El precio, en este caso, es también un argumento decorativo. A siete u ocho euros por plato, renovar la mesa de verano con un estilo completamente distinto al del resto del año no supone ningún compromiso económico serio. Se pueden comprar para la casa de la playa, para los almuerzos de terraza, para los domingos en familia que no merecen sacar la vajilla buena pero tampoco los platos de todos los días. Y si en unos años el gusto cambia o alguna pieza se rompe, la pérdida es tan pequeña que no merece ni pensarse. Decorar sin miedo a equivocarse. A ocho euros el plato, eso es exactamente lo que ofrecen.


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