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El brutalismo llega a la decoración: así puede transformar cualquier casa sin necesidad de hacer obras o reformas

Cemento, hormigón y volúmenes contundentes: el lenguaje de la arquitectura más rotunda del siglo XX llega ahora a mesas, lámparas y jarrones, sin reformas ni grandes presupuestos por el camino.

Por
casa ibiza brutalismo
Joan Torres

El brutalismo siempre tuvo mala fama. Edificios de hormigón gris, fachadas sin concesiones, una estética que durante décadas se asoció con lo frío e incluso lo hostil. Y, sin embargo, ese mismo lenguaje —materiales en su estado más puro, formas geométricas marcadas, una funcionalidad que no necesita explicarse— ha encontrado este año un nuevo hogar mucho más amable: el salón. No en forma de muro de hormigón visto, sino en piezas pequeñas y medianas que cualquiera puede incorporar sin tocar ni un ladrillo, ni generar polvo. Esta vuelta del brutalismo no pide ni presupuesto ni reforma. Una mesa, una lámpara o un jarrón con esa rotundidad de material en bruto bastan para que un salón gane carácter, y eso ha hecho que marcas como Zara Home, H&M Home, Mango Home, Sklum o Maisons du Monde incorporen esta estética a sus catálogos con piezas que antes solo se encontraban en tiendas de diseño de autor.

De dónde viene esta tendencia

El término brutalismo proviene del francés béton brut, hormigón crudo. Nació como movimiento arquitectónico en la década de los cincuenta, y durante décadas definió edificios institucionales y bloques de viviendas en ciudades de todo el mundo, Madrid incluida, con construcciones tan reconocibles como Torres Blancas o la antigua Embajada Británica. Su popularidad cayó en los años ochenta, cuando esa misma rotundidad empezó a leerse como dureza, pero en el siglo XXI ha vuelto a resurgir, esta vez ligado a la sostenibilidad y a una nueva generación de materiales que reducen el impacto del hormigón tradicional sin renunciar a su estética.De la arquitectura al salón hay un paso, y vale la pena explicarlo. El brutalismo decorativo no reproduce edificios en miniatura: traduce su filosofía a una escala completamente distinta y doméstica. Lo que en un edificio era una fachada entera de hormigón visto, en una casa se convierte en la base de una lámpara o en la estructura de una mesa de centro. La idea de fondo es la misma —materiales honestos, funcionalidad antes que ornamento— pero a esta escala resulta mucho más cálido de lo que el término sugiere. Casi todos los objetos que representan bien esta tendencia mezclan dos materiales: uno duro y otro suave. Cemento y cristal. Hormigón y opalina. Una cosa es admirarlo en una foto. Otra, querer tenerlo en salón de casa.

Evitar que el salón resulte frío

El riesgo más evidente de incorporar piezas brutalistas es que el conjunto acabe pareciendo un búnker en lugar de un salón. La clave está en no acumular demasiadas piezas del mismo material y, sobre todo, en compensar siempre el hormigón, el cemento o el aluminio con algo cálido alrededor: madera natural, textiles de lino o lana, una alfombra de fibra vegetal, plantas con volumen. Esa tensión entre lo rugoso y lo suave funciona en las dos direcciones, y es lo que evita que estas piezas resulten agresivas.Tampoco es necesario que todas las piezas brutalistas convivan en el mismo punto del salón. Una mesa de centro de cemento como protagonista, una lámpara con base de hormigón en otra esquina, un jarrón de cerámica rugosa en una estantería: repartidas por el espacio, estas piezas dialogan entre sí sin necesidad de formar un conjunto cerrado. Un todo. Funciona mejor si no parecen comprados el mismo día. Como si cada pieza hubiera ido llegando a casa por su cuenta, en momentos distintos.El color también ayuda a suavizar el conjunto. El gris cemento, el negro mate y el blanco hueso son la base habitual de esta estética, pero un acento cálido —cobre, madera clara, un tono terracota— evita que el resultado se quede en lo puramente industrial. Ninguna de las piezas más logradas de esta tendencia aparece con el material en bruto solo: siempre va acompañado de algo que lo temple y le quite dureza.Una estética nacida para edificios enteros puede convivir perfectamente con una estantería, una mesa de centro o el rincón de lectura de cualquier casa. No hace falta vivir en un edificio de los años cincuenta para tener algo de esa actitud en el salón. Basta con una pieza bien elegida, un material que no necesite disfrazarse de otra cosa, y saber mirar.

1

Jarrón de cerámica, H&M Home

jarron hym
Cortesía H&M Home

El agujero asimétrico en el centro de este jarrón de gres glaseado es el tipo de detalle que rompe con la simetría esperada de cualquier jarrón convencional. Diseñado para flores de tallo corto, funciona igual de bien vacío, dejando que la propia forma irregular sea el protagonista del estante. 19,99 €

2

Candelabro de aluminio múltiple, Mango Home

candelabro mango home
Cortesía Mango Home

Las cuatro velas se sostienen sobre un único cuerpo de aluminio que reduce el candelabro a su forma más esencial: sin ornamento, sin adorno innecesario, solo la estructura justa para cumplir su función. El acabado metálico mate le da ese punto industrial que pide la decoración más en bruto de esta temporada. 39,99 €

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3

Jarrón cerámica rugosa, Zara Home

jarron zara home
Cortesía Zara Home

La textura rugosa de este jarrón en gres tiene esa apariencia de piedra erosionada por el tiempo, como si llevara siglos en el mismo sitio. El cuello que se estrecha hacia arriba contrasta con el cuerpo ovalado e irregular, y su uso apto para exterior lo convierte en una de esas piezas que sobreviven a cualquier condición. 39,99 €

4

Mesa de centro ovalada Darwys, Sklum

mesa sklum
Cortesía Sklum

El cemento reforzado con fibra de vidrio le da a esta mesa una solidez que se nota con solo mirarla, pero es el reborde elevado el detalle que la separa de cualquier mesa de centro convencional: protege lo que se apoya encima sin que se note hasta que hace falta. Pensada solo para interior, es de esas piezas que sostienen tanto objetos como rituales cotidianos. 309,95 €

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5

Lámpara Sulion Creta, Maisons du Monde

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Cortesía Maisons du Monde

La base de hormigón gris y la bola opal blanca tienen ese contraste entre lo rugoso y lo suave que define al brutalismo más amable, el que no necesita ser frío para tener carácter. El cable en tela de nailon negro remata el conjunto con un detalle textil que el hormigón por sí solo no podría dar. Funciona con casquillo E14. 63 €

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