Colchas de verano: 5 modelos de piqué que acaban de llegar a Zara Home, Maisons du Monde o Mango Home y son perfectas para las noches de calor
Piqué, waffle, jacquard o garment-dyed: todo lo que hay que saber para elegir la colcha de verano perfecta y cómo vestir con ella la cama sin que parezca que has dejado de intentarlo.

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El calor se ha instalado de lleno en los hogares españoles. Y con él la eterna pregunta que aparece verano tras verano: qué poner en la cama cuando el edredón ya sobra, pero la sábana sola se queda corta, salvo en las olas de calor, donde ni siquiera la sábana se necesita. Esa franja de temperatura, la de las noches de junio que empiezan frescas y terminan sofocantes, es exactamente para la que están pensadas las colchas de verano. También para vestir la cama durante los días de julio y agosto, donde únicamente tiene ese uso, salvo que tengas la infinita suerte de vivir en el norte. No pesan como un edredón de entretiempo ni abrigan como una manta: son otra cosa, más plana, más ligera, con esa capacidad de regular la temperatura sin que uno tenga que estar levantándose a quitarla o ponerla cada dos horas.
Este año, la oferta de colchas de verano en las tiendas españolas ha dado un salto en calidad de materiales y en cuidado del detalle. Elegir este verano cuesta más que otros. Zara Home, Mango Home y Maisons du Monde han lanzado modelos que van desde el piqué más clásico hasta el gofrado en tamaño mini, todos fabricados en Portugal y con acabados que hasta hace poco solo se encontraban en colecciones de precio mucho más elevado.
Qué tejido es mejor para el verano y por qué importa
El algodón es, sin discusión, el material más adecuado para las colchas de verano. Transpira bien, se lava fácilmente y mejora con el uso, ganando suavidad lavado a lavado sin perder resistencia. Además, tanto el algodón como el lino son materiales naturales que no generan electricidad estática ni retienen el calor y la humedad como hacen los sintéticos, algo especialmente importante para pieles sensibles o atópicas que se irritan con facilidad en las noches de calor. Pero dentro del algodón un piqué no es un jacquard, y un gofrado no es un garment-dyed, y esas diferencias afectan tanto al tacto como al aspecto visual de la cama.
El piqué es el de toda la vida. Su estructura en relieve, que puede ser más o menos pronunciada según el modelo, crea pequeñas celdas de aire entre el tejido y la piel que favorecen la transpiración. El waffle o gofrado en tamaño mini es una variante más contemporánea del mismo principio: el relieve es más pequeño y regular, dando una textura visual más contenida que el piqué tradicional. El jacquard teje el diseño directamente en la estructura del algodón, así que la textura forma parte del propio tejido y no desaparece con los lavados. Y el garment-dyed, la técnica menos conocida de las cuatro tiñe la prenda ya confeccionada en lugar del tejido en crudo, produciendo un tono uniforme con pequeñas variaciones que hacen que cada colcha sea ligeramente distinta a las demás. Única.
Cómo decorar el dormitorio con una colcha de verano
En mi casa siempre hemos sido de cambiar y vestir la cama según la época del año. El nórdico en invierno y la colcha en verano, otoño y primavera depende de cómo venga el año, pero nos adaptamos con las anteriores. Cambiar la ropa de cama con las estaciones es también una forma de cambiar la habitación sin tocar nada: en verano más ligera y fresca, en invierno más abrigada y envolvente. El dormitorio gana sin que nadie haya movido un solo mueble.
La colcha de verano tiene una ventaja decorativa sobre el edredón que pocas veces se aprovecha: al ser más plana y más ligera, deja ver mejor la ropa de cama que hay debajo, y eso abre la puerta a jugar con capas de color y textura sin que la cama se vea cargada. Una colcha blanca sobre sábanas de lino en tono natural, por ejemplo, crea ese efecto de cama de hotel que tanto se busca, y sin que haga falta añadir nada más. Además, el lino y el algodón piqué juntos son muy gustosos al tacto, una sensación que los sintéticos no consiguen replicar.
Los cojines, en este caso, tienen más protagonismo que en invierno, porque la colcha no los oculta ni los aplana. Dos o tres piezas bien elegidas, en texturas distintas y sin mezclar demasiados colores, bastan para que la cama tenga carácter. Sin amontonar. Y si la colcha ya tiene textura propia, como el piqué o el waffle, los cojines pueden ser lisos sin que el conjunto pierda interés. Que todo combine perfectamente es una trampa. Que encaje bien ya es suficiente.


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