Como obsesa de la decoración y de lo estéticamente agradable, cuando me mudé no paré hasta encontrar con el mejor truco para hacerle un lavado de cara a un par de muebles. Aunque han pasado casi dos años, reconozco que aún tengo tareas pendientes en este sentido, pero no tengo excusas: se acabó comprar pintura a la tiza o mil capas de productos diferentes para lograr un acabado de calidad.

Una de las primeras piezas que pinté cuando me mudé a mi piso fueron las puertas de los armarios. El anterior dueño les había dado un lavado de cara pintándolas enteras de blanco a juego con la pared – algo que después me encargué de hacer diferente –, porque antes eran de madera en un tono roble natural pero anaranjado, algo pasado de moda, pero con un pequeño hándicap: solo pintó el exterior.

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Jotun

Trucos para ahorrar tiempo

El interior de mis puertas seguía siendo marrón y, aunque pueda parecer que da igual, en realidad no. Me gusta que al abrir mi armario todo sea del mismo color o, al menos, que tenga sentido, no que se note marca chapucera entre la pintura de fuera y la madera natural del interior. En decoración todo tiene un porqué y cada decisión debe tener un sentido estético o el resultado no será profesional. Las soluciones que podía darle al problema dependían completamente de mi acceso a trucos profesionales: los mismos que te ayudarán a ti, a la hora de renovar tus muebles.

Me tentó la idea de devolverle el aspecto natural de madera de roble a las puertas, pero habría sido muy tedioso lijar toda la pintura y dar con un buen barniz que no tirara a un tono naranja.Lo que hice fue mucho más sencillo: pintar el interior del mismo blanco, pero con la pintura más resistente del mercado.

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Cortesía Titanlux

El producto milagro

Tras consultar con muchos profesionales y centros especializados, todos coincidían en que lo mejor que podía hacer era apostar por Unilak, un esmalte acrílico al agua de la marca Titanlux, que se denomina multisuperficie o multiadherente; pero que podemos encontrar en otras marcas como Bruguer o en las propias de centros como Leroy Merlin u Obra Mat si buscamos por esas referencias. La clave es dar con el tono y el acabado que mejor te encaje para lo que buscas.

Este producto literalmente salvó mis puertas. Aunque siempre es recomendable lijar, para que la madera sea más porosa y la pintura agarre mejor, lo cierto es que este producto agarra incluso en azulejos, que son las superficies menos porosas y más difíciles a la hora de dar un lavado de cara sin hacer obra.

Técnica de capas finas

En mi caso, yo lijé para quitar el barniz, pero sin esmerarme especialmente, ya que el interior del armario no está tan expuesto al roce y al paso del tiempo. El resultado tras dos capas de pinturas en diferentes días – hay que esperar a que se seque la pintura para dar la siguiente capa, porque si no, corres el riesgo de levantarla y dejarlo parcheado – fue impecable.

Los trucos que utilicé fueron, además de lijar: dar capas finas de pintura con rodillo de espuma fino y pequeño y rematar los bordes de las molduras con un pincel fino. Si añades más pintura de la cuenta en una sola capa, corres el riesgo de que quede a trozos el acabado. Por eso es importante quitar el exceso antes de aplicarla, sea la superficie que sea.

La importancia del acabado

A mí este producto me gusta especialmente por su acabado satinado: ni brillo ni mate. La pintura a la tiza no da un aspecto realista a los muebles, porque cuando compras uno nuevo, nunca suele ser mate absoluto. Pero tampoco brillante. Por eso el acabado satinado es el punto medio perfecto entre ambos.

Otro detalle que me preocupaba era el olor, por la posibilidad de que se transfiriera a mi ropa. Sin embargo, tras unos días dejándolo secar, el olor a pintura desapareció y pude meter todas mis prendas sin preocuparme: nunca olió a pintura. Además, decoré el interior con un papel pintado de florecitas diminutas muy romántico y el resultado no me puede gustar más.

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Cortesía Ikea

Con los azulejos nunca me he atrevido y me he resignado a adorar los que ya tengo, pero no descarto hacerlo algún día, porque de verdad funciona ese satinado perfecto a la hora de imitar un azulejo, dependiendo del tipo. Además, gracias a sus características técnicas, no sería fácil que su estado se deteriorara, ni siquiera con la humedad.

Sin embargo, lo que tengo son varios muebles en mente que aún me quedan por pintar y por supuesto volveré a utilizar esta pintura o algún sucedáneo en un color que me encaje. Una vez dejado atrás el gris millenial y el miedo a los muebles que no son blancos, solo pienso en darle color a todos los rincones de mi casa. Mucho mejor si lo consigo a través de soluciones tan baratas pero eficientes como esta.