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Existe una estética que particularmente me encanta y lleva años dominando los dormitorios: el beige. Todo en tono arena, todo neutro, todo tan calmado que a veces roza lo aséptico. No me gusta tanto por ser un estilo cómodo, fácil de combinar y difícil de equivocar, sino por la paz y la luz que transmite. Zara Home parece haberse cansado de esa monotonía, y lo demuestra con una nueva colección que apuesta justo por lo contrario: rayas, flores, colores tierra y esa sensación de estampado combinado que parece sacado de una casa de campo francesa de otro siglo.
La colección se llama Katharine Pole, y llega justo a tiempo para preparar el dormitorio de cara a las noches de final del verano, porque, aunque aún estemos con una ola de calor tras otra, nadie nos puede quitar la ilusión de comprar ropa de cama nueva para cuando empiece a refrescar, que lo hará, y cambiar la sábana bajera sola por algo con más cuerpo — sin llegar todavía al edredón grueso de invierno. Es la pieza intermedia perfecta, y además viene con una historia detrás que merece la pena conocer.
Quién es Katharine Pole y por qué su archivo inspira toda la colección
Detrás del nombre de la colección hay una persona real, no solo una etiqueta comercial. Katharine Pole es una de las anticuarias de textiles más reconocidas del Reino Unido, formada originalmente como diseñadora textil antes de dedicarse por completo al mundo de las antigüedades. Durante más de tres décadas ha recorrido mercados al amanecer y ferias especializadas —es expositora habitual en la prestigiosa Battersea Decorative Antiques Fair— para reunir uno de los archivos de tejidos históricos franceses e ingleses más completos que existen: colchas de los siglos XVIII y XIX, textiles provenzales, estampados de algodón históricos y piezas de mobiliario tapizado.
Dentro de ese archivo hay dos elementos que aparecen constantemente y que han marcado buena parte de la estética de esta colección: los llamados "bleus de travail", esa ropa de trabajo tradicional francesa teñida en índigo que durante generaciones vistió a campesinos y artesanos, y los rojos de rubia —conocidos como madder reds—, un tono terroso y profundo muy presente en los textiles domésticos y los trajes tradicionales franceses. Ese hilo cromático, entre el azul añil y el rojo tierra, es el que conecta toda la colección y le da esa sensación de coherencia histórica pese a mezclar tantos estampados distintos.
Lo interesante del trabajo de Zara Home con este archivo no es solo copiar los diseños originales, sino traducirlos a un lenguaje contemporáneo: los mismos estampados que antes vestían colchas de campo francesas del siglo XVIII ahora aparecen reinterpretados en piezas pensadas para dormitorios actuales, sin perder ese carácter artesanal y ese punto de imperfección que hace que cada pieza parezca tener ya su propia historia detrás.
Dos edredones, un mismo espíritu: mezclar estampados sin miedo
El primero es el Edredón Estampados Combinados, confeccionado en algodón y lino con un ligero acolchado y ese efecto desgastado tan característico que combina flores y rayas en la misma pieza — como si llevara décadas en la misma cama de una casa familiar. Está disponible en dos tamaños (230x250 cm y 270x280 cm) y su precio es de 249 €.
El segundo, el Edredón Algodón Rayas y Flores, sigue la misma filosofía, pero en una composición distinta: el estampado floral ocupa el centro de la pieza, mientras que las rayas rodean todo el contorno a modo de marco. Es 100% algodón, algo más asequible que el anterior —entre 129 € y 149 € según la medida—, y funciona igual de bien tanto en camas de 90 cm como en las más grandes.
Ambos edredones comparten algo más que la estética: están pensados para no combinar a la perfección con nada, y precisamente por eso combinan con todo. Es la filosofía del "mezclar sin miedo" que lleva años ganando terreno en decoración, donde la coherencia ya no viene de que todo sea uniforme, sino de que las piezas compartan un mismo lenguaje visual y cromático.
Cómo llevar esta tendencia a casa sin que parezca un decorado
La clave para que esta estética funcione en un dormitorio real, y no solo en fotografías de catálogo, está precisamente en no ser demasiado meticuloso. Uno de los principios de esta colección es que la cama no debe quedar perfectamente estirada ni los cojines colocados con precisión militar — todo lo contrario, a la estética hotelera tan pulida que ha dominado la decoración los últimos años. Se trata de piezas para usar, tocar y vivir, no para admirar sin arrugar. Algo que nos viene muy bien, pues no tenemos que estar constantemente estirando el edredón para verlo siempre perfecto — es la perfección de lo imperfecto.
Combinar los dos edredones con ropa de cama más lisa, en tonos que recojan alguno de los colores del estampado —el azul añil o el rojo tierra que atraviesan toda la colección—, ayuda a que el conjunto no resulte excesivo. Y para quien todavía no se atreve a dar el salto completo a los estampados combinados, empezar con una sola pieza de esta colección sobre una base neutra es la forma más sencilla de introducir algo de color y personalidad en un dormitorio que, hasta ahora, llevaba demasiado tiempo instalado en el beige.


















