José Ángel Núñez, jefe de climatología de la AEMET: "Los materiales que componen las ciudades contribuyen a una mayor concentración de calor"

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"Las viviendas nunca llegan a descansar térmicamente." Es la frase que resume, mejor que ningún dato, lo que le pasa a buena parte de las casas españolas cada verano. Lo dice Scio, estudio de arquitectura especializado en construcción eficiente, y cualquiera que haya pasado una noche dando vueltas en la cama con la habitación a 28 grados sabe exactamente a qué se refiere. De hecho, creo que más del 50% de la población española ha podido experimentar esto en las últimas semanas.

Esta sensación se repite año tras año, y cada vez con más asiduidad. Es, según Scio, literalmente un problema de diseño — y afecta a más viviendas de las que imaginamos. Algo que nos da la razón cuando nos quejamos del calor. Porque sí, siempre ha hecho calor en verano, pero no así. No exageramos: estamos viviendo olas de calor una detrás de otra, y resulta que nuestra casa no es el mejor refugio posible.

high angle roof top traditional urban city life. residential apartment building facade with balconies, madrid, spain
Craig Hastings//Getty Images

Por qué tu casa no descansa nunca del calor

La explicación tiene fecha concreta: más del 80% del parque edificado español se construyó antes de 1980, cuando en España todavía no existía ninguna normativa de eficiencia energética. Y no hablamos de un puñado de casas antiguas en pueblos abandonados — hablamos de pisos en pleno centro de Madrid, de chalets adosados de los ochenta, de la vivienda de tus abuelos que ahora ocupas tú. Un informe de la Universidad del País Vasco (UPV) junto con Knauf pone cifra a esto: el 60% de los edificios en España sufre sobrecalentamiento durante las olas de calor.

Lo que pasa dentro de esas paredes, según Scio, es sencillo de entender una vez lo explican: durante el día el calor entra por muros sin aislar y por ventanas viejas que dejan pasar el aire por cualquier rendija. Cuando cae la noche, ese calor se queda atrapado dentro, sin ninguna vía de escape. Es la típica sensación de abrir la ventana a las doce de la noche esperando algo de alivio y descubrir que fuera hace casi lo mismo que dentro. Es frustrante. La casa no descansa. Nosotros, tampoco. Y así, en un ciclo de día tras día y cada verano más caluroso que el anterior.

vibrant city street view in madrid with bustling crowds, spain
© Marco Bottigelli//Getty Images

Y aquí viene lo peor: muchas familias intentan compensarlo poniendo el aire acondicionado al máximo, convencidas de que así se soluciona todo. Pero según el IDAE, cada grado que bajamos el termostato por debajo del rango recomendado de 24-26°C dispara el consumo entre un 7% y un 10%, sin que notemos ni un ápice más de confort real. Traducido: pagamos de más y el esfuerzo es en valde pues por mucho que pongamos el aire acondicionado fuerte, las paredes no ayudan.

Qué se puede hacer si la vivienda ya está construida

La mala noticia es evidente: no se puede rehacer la orientación de una vivienda ya construida —y nadie quiere cambiar de orientación una vivienda que da al sur—, ni mover las ventanas de sitio. Pero la buena noticia es que buena parte del problema sí tiene solución, incluso en casas que llevan décadas en pie. La intervención más eficaz, aunque también la más costosa, es mejorar el aislamiento de la fachada desde el exterior — lo que se conoce como rehabilitación energética. Este tipo de reformas cada vez cuentan con más ayudas públicas en comunidades de vecinos, precisamente porque reducen el consumo de todo el edificio, no solo de una vivienda concreta.

window nook with armchair and daylight
Javier Rueda//Getty Images

Cambiar las ventanas antiguas por otras con doble cristal y rotura de puente térmico es otra intervención clave tanto para el verano como para el invierno y que también ayuda a aislar del ruido, sin tocar el resto de la estructura. Y hay medidas más pequeñas y accesibles que cualquiera puede hacer sin obra, porque en muchos casos ni se plantean: sellar con burletes o silicona las rendijas por donde se escapa el aire fresco, revisar que los cajetines de las persianas no tengan huecos, o instalar toldos exteriores en las fachadas más castigadas por el sol.

renovation of an old building
Nenov//Getty Images

Scio es claro respecto a los límites de estas soluciones: "funcionan como parche" mientras no se resuelva el problema de fondo, que está en el diseño original de la vivienda. Pero en una casa que ya lleva cuarenta o cincuenta años construida, esos parches — bien elegidos y bien combinados — pueden ser la diferencia entre pasar el verano sufriendo o pasarlo con algo más de tregua. Al final, no se trata de resignarse a que "esta casa no se puede estar", sino de entender por qué pasa y qué margen real hay para mejorarlo y capear los veranos de la mejor manera posible.