- Qué sucede cuando dejas encendido el ventilador de techo todo el día
- Ni Santillana ni Potes, este es el pueblo más bonito de Cantabria
- Reforman una casa de vacaciones de los años 30 en medio del Mediterráneo
"Despacito y buena letra: el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas". El célebre verso de Antonio Machado resume a la perfección el espíritu con el que se abordó la reforma de este piso madrileño situado en el Barrio de Salamanca. Una transformación que ha puesto el máximo cuidado para cumplir uno de los objetivos iniciales: crear una vivienda equilibrada y sensible, donde lo contemporáneo y lo atemporal conviven en armonía.
El proyecto corrió a cargo del equipo de Zinc Arquitectos, con su creadora Nina Gómez-Millán a la cabeza. Nina imprimió su sello personal y consiguió fundir funcionalidad, estética y emoción para crear unos espacios elegantes, tranquilos y atemporales. El resultado es un hogar que conserva parte de su espíritu clásico, con un carácter muy actual.
La serenidad como hilo conductor de todo el proyecto
"Queríamos construir un hogar sereno, donde cada espacio se viva de manera natural, respondiendo tanto a las necesidades del día a día como al deseo de crear una atmósfera de calma y elegancia discreta", explica la arquitecta Nina Gómez-Millán. La reforma se articuló en torno a estas premisas, priorizando la practicidad y el confort en todas las estancias.
Para conseguirlo, se diseñó parte del mobiliario a medida, lo que permitió aprovechar al máximo el espacio y adaptarlo a los deseos de los propietarios. A ello se sumó una paleta en tonos neutros: blanco, arena, beige y marrón. Unas tonalidades que transmiten calidez y se convierten en el lienzo perfecto para incorporar colores más vibrantes y texturas a través de los textiles y las obras de arte.
El siguiente paso fue escoger unos materiales que reforzaran el equilibrio entre pasado y presente, y crearan continuidad visual entre los distintos espacios. "El roble, la piedra natural, el mármol, los textiles crean una atmósfera luminosa y sosegada, mientras pequeños acentos en negro, bronce y madera oscura aportan profundidad y contraste. Las piezas de arte y los objetos cuidadosamente seleccionados introducen ritmo, personalidad y una dimensión más emocional al espacio sin alterar la calma del conjunto", comenta Nina Gómez-Millán.
Una secuencia de espacios conectados
En la zona de día, salón, comedor y cocina se plantearon como estancias independientes pero conectadas, de manera que cada una ocupa un espacio propio y tiene unas señas de identidad bien diferenciadas. Una distribución que hace posible una forma de habitar flexible, abierta y muy natural. "De esta manera, la entrada de luz y la continuidad visual potencian la sensación de amplitud y permiten que la arquitectura acompañe la vida cotidiana sin imponerse”, comenta la arquitecta.
Una doble puerta marca la entrada al salón, en la que se han creado dos zonas bien diferenciadas: una de descanso y de punto de encuentro con la familia y los amigos, y otra de trabajo. En el área más social, se decidió enfrentar un sofá y dos butacas, separadas por una mesa de centro en madera tallada, mientras que una librería de ebanistería, que combina madera lacada con madera natural de nogal, se convirtió en el punto focal de la estancia. Completa esta zona una mesa auxiliar en mármol de Carrara negro.
El rincón de trabajo apuesta por una estética más depurada, con un original escritorio de madera con cajones por un lado y balda a la vista por el otro, perfecta para colocar libros o variados elementos decorativos. Una silla y una lámpara de pie escultórica terminan de definir esta zona, convertida en un espacio inspirador que invita a dar rienda suelta a la creatividad.
A su vez, una puerta corredera de dos hojas comunica o aísla el salón y el comedor contiguo según las necesidades del momento. Y una banqueta circular tapizada se encarga de marcar la transición entre ambas estancias. Una librería casi idéntica a la del salón –también con hornacina central– preside el ambiente, donde una alfombra delimita visualmente las sillas y la mesa, con capacidad para unos seis comensales. Los grandes ventanales permiten que la luz natural fluya libremente por toda la estancia y alcance hasta el último rincón.
Enfrente del comedor se situó la cocina, distribuida en L con isla central. La isla articula el espacio como punto de encuentro cotidiano y reúne una amplia superficie de trabajo, muchos armarios para guardar y un práctico office con taburetes de madera. El almacenaje se resolvió con muebles de suelo a techo, reforzando el carácter práctico de la estancia.
La cocina apuesta por una paleta de color que combina el blanco, el negro y el gris. El blanco está presente en el mobiliario y en la moldura perimetral del techo, mientras que el suelo de damero en piedra natural combina blanco y negro. Este último se ha usado además en la grifería, en los electrodomésticos vistos y en la puerta corredera con cuarterones que independiza y separa la cocina propiamente dicha del comedor de diario, con banco a medida, mesa redonda y dos sillas negras. Y el gris aparece en las encimeras de piedra natural y en la zona del antepecho.
La calma continúa en la zona de noche
En la zona de noche, los dormitorios adquieren un carácter más íntimo y personal. Entre ellos, la suite principal, donde la superposición de texturas, los tonos neutros y los materiales naturales crean un espacio acogedor y envolvente que invita al descanso. El papel pintado, el cabecero y la estructura de la cama comparten un mismo patrón lineal, lo que aporta continuidad visual y refuerza la sensación de elegancia tranquila que define el proyecto.
Como en el resto de la vivienda, los tonos neutros son la base perfecta para destacar colores más llamativos, como el negro presente en las mesitas de noche, las lámparas y algunos textiles, desde la tapicería de las butacas junto a la ventana hasta el remate de las cortinas y el estampado de los cojines. Una composición cromática equilibrada que permite que este dormitorio tenga una identidad propia y, al mismo tiempo, participe de un relato común. ”Los baños mantienen el mismo lenguaje sereno de la vivienda, reinterpretando códigos clásicos mediante materiales nobles, líneas depuradas y una cuidada atención al detalle”, comenta Nina Gómez-Millán.
El resultado es una vivienda donde cada decisión responde a un mismo objetivo: crear un hogar que respeta la historia del edificio, interpreta el presente y está pensado para acompañar la forma de vivir de sus propietarios durante muchos años. ”En Zinc Arquitectos creemos que la mejor arquitectura no es la que responde a un estilo determinado, sino aquella que consigue reflejar la identidad de quienes la habitan y acompañar su forma de vivir con naturalidad”, concluye Nina Gómez-Millán.


















