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Esta casa del barrio de Salamanca de Madrid, tenía todos los ingredientes para convertirse en una vivienda con carácter: buena ubicación, 175 metros cuadrados y una terraza con vistas. Sin embargo, fallaba en la distribución. Estudio Morgan asumió la reforma con un objetivo claro: reorganizar los espacios para que la luz natural y la vista al exterior fueran el punto de partida de cada decisión. Los clientes, dos profesionales del mundo creativo con tres hijos, necesitaban una casa que funcionara a pleno rendimiento para una familia activa, pero que no renunciara a tener personalidad propia.
La gran apuesta del proyecto fue convertir la cocina en el núcleo de la vivienda. Estudio Morgan la diseñó con un cerramiento de cristal y madera a medida que define el espacio sin cerrarlo, deja pasar la luz y establece una relación visual constante con el salón y el comedor. La continuidad de materiales –roble aceitado, hormigón visto, tejidos naturales y piedra blanca– actúa como hilo conductor que unifica estancias y le da coherencia al conjunto. Sobre esa base sobria, las piezas icónicas de diseño y el arte colorista de los propietarios imprimen el carácter definitivo de la casa.
Qué cambios se hicieron en la distribución
La reforma replanteó la relación entre cocina, comedor y salón para crear una zona de día que funciona como un único espacio continuo, sin perder la definición de cada área. El cerramiento de madera y vidrio de la cocina fue la pieza que lo hizo posible: separa sin aislar, permite que la luz viaje de un extremo al otro y convierte la cocina en algo visible y presente, no en un cuarto aparte. La terraza, accesible desde esta zona común, aumenta visualmente el espacio y le da a la casa esa sensación de amplitud que los propietarios buscaban desde el principio.
En el comedor, la mesa de mármol de DePadova preside la escena con rotundidad, rodeada de sillas de Carl Hansen & Son. Sobre el conjunto, una lámpara de Petlamp aporta el contrapunto más artesanal. En la pared, una obra gráfica de Edgar Plans, adquirida en Marita Segovia, introduce el primer golpe de color que marca el tono de toda la casa. Los jarrones de Tristán Domecq aparecen aquí y se repiten a lo largo de toda la vivienda como un elemento de continuidad que va cosiendo los distintos espacios. La alfombra termina de delimitar la zona sin necesidad de tabiques ni separaciones físicas.
En el salón, las butacas Capitol Complex de Pierre Jeanneret para Cassina, los taburetes Meribel de Charlotte Perriand y una mesita auxiliar firmada por Piero Lissoni para la misma firma conviven con el sillón Utrecht de Rietveld y la mesa de centro Tobi Ishi de B&B Italia. En otro rincón, una mesa de centro Tulip antigua de IKB 191 y una lámpara Snoopy de Flos, adquirida en Gunni & Trentino. Las alfombras y cortinas, de Pablo Torre, enmarcan el conjunto. Dos obras de Joaquín Capa, de Galería Orellana, cierra el salón por un lado; por el otro, una segunda pieza de Edgar Plans establece una conversación con la del comedor.
Una cocina diseñada a medida
La cocina, ejecutada por Vonna Estudio a partir del diseño de Estudio Morgan, mantiene el mismo lenguaje del resto de la casa: materiales de calidad, ausencia de ornamento superfluo y atención al detalle constructivo. Lo primero que llama la atención es la isla central con revestimiento de palillería, encimera de mármol blanco y cantos redondeados. Al fondo, los armarios con molduras en un tono azul grisáceo, contrastan con los azulejos blancos tipo metro con acabado brillo y textura artesanal.
El papel pintado de Pablo Torre introduce una nota de personalidad que suaviza la sobriedad de los acabados en la zona del office. Las sillas Capitol Complex de Pierre Jeanneret para Cassina aparecen también en este espacio, con fuentes y jarrones de Tristán Domecq sobre las encimeras, extendiendo a la cocina el mismo gusto por el objeto bien elegido que caracteriza toda la vivienda. Saliendo al pasillo, un taburete de Carl Hansen & Son y una obra gráfica de Violeta Maya, de Galería Alzueta, convierten la zona de tránsito en un espacio con entidad propia.
Dormitorios con papeles pintados
Los dormitorios infantiles se han diseñado como espacios alegres y funcionales. Con camas de Zara Home, alfombras de Tristán Domecq y lámparas de Pet Lamps, el mobiliario concibe un ambiente ordenado y cálido. El protagonista absoluto es el papel pintado de Christopher Farr, disponible en Pablo Torre, cuyos patrones imprimen carácter sin recargar. El baño infantil sigue la misma lógica: papel pintado de Coordonné –también en Pablo Torre– y un taburete Meribel de Perriand para Cassina que aúna estética y practicidad.
El dormitorio principal y sus espacios asociados se caracterizan por la elegancia y la sencillez. La moqueta Brigadier de Stark recorre vestidor, baño y dormitorio, aportando una calidez táctil que contrasta con la austeridad de otros acabados. En el vestidor con isla central, el papel pintado de Christopher Farr y unas bandejas de Cassina componen un ambiente que tiene tanto de funcional como de estético. Las banquetas CH53 de Carl Hansen & Son coronan la cama sobre esa misma moqueta, cerrando un conjunto que transmite serenidad.
En el baño de la suite, las obras gráficas de Lolittle Dreams, inspiradas en las marcas del propietario, suponen un homenaje a su profesión como diseñador de moda. Los taburetes Meribel de Perriand para Cassina completan el baño con la misma coherencia que los encontramos en otras estancias. El resultado es una casa donde cada elección –del material al objeto, de la obra de arte al papel pintado– responde a una idea muy precisa de quiénes son sus habitantes y cómo quieren vivir.
















