Somos lo que fuimos, por eso la arquitectura es el mejor reflejo de nuestra memoria, sobre todo en lugares poco poblados. En las maravillosas Islas Cícladas, en pleno mar Egeo, se encuentra Antíparos, una diminuta islita griega de poco más de 35 kilómetros cuadrados y con un millar de habitantes. Aquí se ha recuperado con un gusto exquisito una edificación antigua para convertirla en una increíble casa de playa, frente al Mediterráneo, a la que me mudaría hoy mismo.

En este privilegiado rincón del Mediterráneo se erige Patitiri, que significa lagar, en griego, una construcción que data de los años 30 y durante décadas se vinculó a la elaboración artesanal del vino, cuando aún los lugareños pisaban las uvas descalzos para iniciar la fermentación. El proyecto de reforma de la casa de piedra ha sido abordado por el estudio de arquitectura ARP (Architecture Research Practice) y el resultado no puede ser más espectacular.

un antiguo lagar de piedra convertido en la casa de playa perfecta frente al mediterraneopinterest
Giulio Ghirardi

Una casa de playa con cocina abierta al salón

La joven arquitecta y diseñadora griega Argyro Pouliovali, que fundó el estudio ARP en Atenas, ha recibido distintos premios de prestigio por su trabajo y en el proyecto Patitiri ha conseguido enamorarnos con este hermoso refugio a dos pasos del mar y con una playa desierta que, prácticamente, es particular, y que se disfruta desde el porche.

La transformación del antiguo lagar no se ha limitado restaurar los muros de mapostería para respetar el carácter singular de la construción, sino que ha conseguido conectar con la memoria colectiva de la isla griega. Al entrar a Patitiri, se observa cómo el gran arco de piedra de la primera planta aporta una presencia emocional muy difícil de sustituir. Este elemento principal en las edificaciones mediterráneos ayuda a regular la temperatura interior y no necesita apenas mantenimiento.

La distribución abierta de la zona social recuerda que este espacio tiene una historia que merece ser respetada. La gran arcada hace de separador natural entre el salón y la cocina. La vista abierta hacia el exterior, la ventilación natural y el sonido del mar se cuelan en dos ambientes que buscan el minimalismo para que no haya saturación de muebles y los recorridos sean siempre fluidos.

La vida en una casa de playa invita a mirar lejos, por eso las ventanas del salón son los mejores marcos para la obra de arte que se crea cada día en los reflejos del mar Egeo. El acceso a la vivienda, a través de una vieja puerta holandesa con dos jambas horizontales, da paso a un salón pequeño con vigas vistas en el techo blanco, un sofá dobles y un par de sillas de tijera, que rodean una mesa de centro en madera natural. En un rincón, se ha habilitado un escritorio para ofrecer la posibilidad de teletrabajar.

El suelo de parquet, pintado en blanco, hace de hilo conductor para unir visualmente el salón con la cocina con isla, una mesa alta con taburetes que está llamada a convertirse en un buen punto de reunión. Todos los muebles son blancos, también la nevera vintage, de Smeg.

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Giulio Ghirardi

Dormitorios con vistas al mar

Una pequeña escalera blanca, junto a la puerta de la vivienda, da acceso a la primera planta, el área reservada al descanso en la casa. El ambiente playero se observa en el interiorismo seleccionado por Argyro Pouliovali para los dormitorios, donde reinan los tejidos naturales y una paleta de colores que, en vez de saturar, actúa como reflectante perfecto de la iluminación natural que inunda las habitaciones.

Las antiguas ventanas de los dormitorios, con cuarterones en madera oscura, se han pintado en azul celeste y tienen así una conexión natural con el paisaje y también con la arquitectura tradicional del Mediterráneo, repleta de pueblos costeros con casitas encaladas con pinceladas en añil.

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Giulio Ghirardi

Una casa de playa con porche

El proyecto Patitiri está envuelto en un paisaje mediterráneo, que da sombra a la fachada que oculta la vivienda de las miradas curiosas, repleto de arbustos bajos, caminos de piedras y una bonita palmera.

Es un emplazamiento privilegiado que se abre a unas impresionantes vistas del mar. El porche de esta casa de piedra es un espacio enorme cubierto por un techo de madera con viga vista. Es uno de los aciertos más valorados en Patitiri, sobre todo por el fregadero marmoleado, recuperado en la encimera exterior, y una enorme mesa de mármol Dionysos, que se ha diseñado a medida, junto a un banco corrido para crear un agradable comedor y disfrutar de las mañanas soleadas o las noches cálidas de este rincón exuberante de las Islas Cícladas.

Un antiguo lagar de piedra convertido en la casa de playa perfecta
un antiguo lagar de piedra convertido en la casa de playa perfecta frente al mediterraneo

Los muros de mampostería, derruidos en parte, no disfrazan el pasado de este antiguo lagar, sino que lo integran para crear una amplísima terraza con plantas de exterior y acceso directo a la playa, que se ha habilitado con una hilera de tumbonas y un par de sombrias: la mejor invitación para dejar la vida pasar sin preocuparse del reloj, un privilegio solo al alcance de unos pocos.

Este ambiente exterior idílico crea una armonía única con el pasado de Patitiri, una casa de playa pequeña que ha conseguido conservar gran parte de la estrucura y materiales existentes y unir al proyecto madera maciza de roble y mármol procedente de la vecina Naxos, otra de las grandes desconocidas en de las afortunadas islas griegas.