Reformar una vivienda con valor histórico tiene sus propias reglas: hay que negociar con el edificio, entender qué puede cambiarse y qué debe mantenerse exactamente como estaba. Estudio Morgan se enfrentó a ese reto en una casa unifamiliar de 270 metros cuadrados situada en una zona residencial del distrito de Charmartín de Madrid, de esas calles de casas bajas y fachadas pintadas que parecen pertenecer a otro ritmo de ciudad. La vivienda, hogar de una familia con dos niños, necesitaba una rehabilitación integral que respetara su carácter original hacia afuera y lo reinterpretara con libertad hacia adentro.

La fachada marcó el punto de partida. El revoco se rehízo en tono azul grisáceo, las carpinterías de cuarterones recuperaron la madera oscura, la cubierta volvió a la teja y las aplicaciones en zinc retomaron su lugar original. Cada material fue rehabilitado o sustituido siguiendo el mismo criterio: que el edificio encajara de nuevo en el paisaje del barrio sin resultar una reconstrucción forzada. "Queríamos que la casa recuperara el carácter pintoresco y tradicional del entorno", explican desde el estudio, "pero sin que pareciera un decorado".

salón abierto a la cocina
Patricia Gallego

Cómo se reorganizó el interior

El interior se reformó siguiendo el principio del "menos es más". Estudio Morgan trabajó para que las estancias fueran amplias y estuvieran comunicadas entre sí, primando las vistas diagonales y la percepción constante del exterior desde cualquier punto de la planta. En planta baja, dos grandes arcos con puertas correderas de diseño modernista articulan la relación entre las tres zonas principales, y las puertas desaparecen dentro de los muros cuando están abiertas.

La cocina ocupa el lugar central de la planta, por petición expresa de la familia, flanqueada por los arcos que dan acceso al salón y al comedor a cada lado. Desde cada uno de estos espacios se sale directamente al jardín delantero, de inspiración paisajista inglesa, y a la terraza trasera con comedor de exterior. El paisajismo, firmado por Loreto Aycuens, formó parte del proyecto desde las primeras fases del diseño: la vegetación se pensó siempre en relación con el interior, de manera que el verde se filtrara hacia la casa desde prácticamente cualquier ángulo.

La elección de materiales refuerza esa voluntad de amplitud y luz. Los suelos de piedra clara sientan una base luminosa que recorre toda la vivienda, las paredes se pintaron en tonos suaves y las molduras clásicas de escayola aportan el carácter sin recargar. "Buscamos que los materiales de arquitectura fueran evocadores, pero que el mobiliario diera frescura y movimiento", indican desde el estudio. Frente a ese armazón de acabados nobles, los muebles contemporáneos y algunas piezas de anticuario aportan el contrapunto necesario para que la casa no caiga en la rigidez.

Decoración colorista en una casa clásica

Si la arquitectura interior apostó por un lenguaje contenido y luminoso, la decoración es donde la casa muestra su carácter más propio. La gama cromática colorista no viene de las paredes, sino de los muebles y los textiles, con el verde de la vegetación exterior actuando como un color más dentro del esquema interior, cambiante según la estación y la hora del día. El resultado es un interior que se percibe fresco sin resultar discordante, clásico sin ser solemne.

salón con butacas, sofá y vistas al jardín
Patricia Gallego

Las carpinterías interiores, diseñadas a medida en madera, mantienen el diálogo con el lenguaje exterior de la casa y refuerzan la coherencia entre lo que se ve desde la calle y lo que se vive dentro. Algunos elementos de anticuario –seleccionados con criterio y sin afán acumulativo– puntúan los espacios con una memoria que encaja bien con la historia del edificio. "La decoración tenía que ser acorde al estilo exterior costumbrista de la casa, de aire clásico y colorista", señalan las arquitectas, "pero sin que el interior quedara atrapado en el pasado".

Dormitorio abuhardillado con vistas

Los dormitorios mantienen la misma estética que el resto de la vivienda, con detalles a medida en piedra y madera lacada que dan continuidad al carácter del proyecto. El más destacado es el dormitorio principal abuhardillado, concebido como una suite independiente con vestidor y baño comunicados. Las ventanas de buhardilla enmarcan vistas permanentes hacia las copas de los árboles del jardín y las cubiertas de teja de las casas vecinas, una perspectiva que resulta difícil de encontrar en el centro de Madrid y que convierte este espacio en el más singular de la casa.

La irregularidad propia de los techos bajo cubierta, que en otras reformas se trata como un problema de aprovechamiento, aquí se convirtió en el rasgo más valioso de la estancia. Los ángulos del techo y la luz que entra a través de las ventanas abuhardilladas definen una habitación con carácter propio, donde los materiales –piedra, madera lacada, textiles cálidos– mantienen el vínculo con el lenguaje general de la vivienda sin perder la intimidad que corresponde a un dormitorio principal. "El dormitorio abuhardillado era una oportunidad que no podíamos desaprovechar", apuntan desde Estudio Morgan.

Recorre esta casa de arquitectura tradicional con jardín en Madrid
terraza con comedor exterior

El resultado final de esta rehabilitación demuestra que respetar la historia de un edificio y adaptarlo a la vida contemporánea no son objetivos contradictorios. La familia dispone ahora de una ampia vivienda que encaja en su entorno con naturalidad, que aprovecha cada metro cuadrado con inteligencia y que mantiene una conversación constante con el jardín y la vegetación que la rodea.