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Aunque una reforma integral supone un cambio total en la imagen de una casa, durante la intervención, uno no debe olvidar el origen de sus cimientos. Por eso, en este piso, situado en un edificio de 1900, su nuevo proyecto de diseño interior tuvo como punto de mira las raíces de su historia. Hoy, la vivienda muestra un fondo clásico encantador que hace de marco perfecto para una decoración atemporal con ciertos guiños al mid century.
El piso, de 169 metros cuadrados, se localiza en la madrileña calle Serrano. Sus nuevos propietarios, procedentes de Santander, querían darle una vuelta de 180 grados a su imagen, potenciando la luz y creando una línea de estilo elegante pero neutral y limpia. La idea era alquilarla por largas temporadas, por lo que, dentro de ese marco desahogado, los inquilinos podrían incluir muebles propios o cuadros para decorar las paredes vacías.
Una reforma clave: abrir espacios a la luz y recordar su pasado estructural
Los propietarios, a través de la inmobiliaria MH GLOBAL, contactaron con el Estudio Hilera, compuesto por las interioristas Teresa Criado y Gema Sánchez y la arquitecta Nuría Martín. Su estilo fresco, natural, en el que cada detalle estructural o decorativo cuenta, les convenció desde el primer momento. Así que ellos les confiaron el proyecto de principio a fin: "Nos adaptamos a los gustos de cada cliente y luego enriquecemos sus ideas", nos cuentan las autoras, que contaron con la constructora Arquicons para la obra.
La casa tenía una distribución muy compartimentada y había sufrido alguna reforma poco afortunada. Había que abrirla a la luz natural y, sobre todo, a los ventanales que daban a la calle Serrano. Además, los acabados, suelos y otras estructuras se encontraban en un estado muy deteriorado, por lo que la reforma debía ser integral, inspirándose en la base clásica y potente que tenía su arquitectura original. Entonces empezaron tirando tabiques...
Se creó un área social diáfana y fluida que integra salón, cocina y comedor. Tres ambientes situados en línea que beben de la luz natural de los ventanales que dan a la fachada principal del edificio. Para diferenciar cada espacio, la zona de salón se vistió con porcelánico, imitando a la piedra de Campaspero, y el resto fue cubierto con madera de punta umbría, recordando a los suelos tradicionales de las casas de principios del s.XX. Este pavimento continúa por un pasillo largo y los nuevos tres dormitorios en suite.
Paredes y carpintería: un fondo clásico en un tono mantequilla
No hay duda de que el color elegido para bañar paredes fue todo un acierto por parte de Estudio Hilera. Un blanco roto con un punto amarillo y satinado que multiplicó la luz natural que hoy fluye por toda la vivienda. Un color que también tiñe toda la carpintería: rodapiés de mucha altura, armarios, vanos, columnas, puertas de paso y techos. De esta manera el fondo se muestra plano y seguro para acoger una decoración muy personal.
Este fondo en blanco roto se enriquece con recursos ornamentales que le suman elegancia, estilo y, además, recuerda el pasado clásico del piso. Se trata de finas molduras por todas partes y baquetones que dan carácter a toda la casa, añadiendo una capa más de interés. A estos juegos de volúmenes se unen además los techos: "La casa tenía muchas diferencias de altura en los techos, que resolvimos con fosas. También tratamos dos vigas de madera muy viejas, las que separan el comedor, y las cubrimos dándoles una nueva imagen".
Una decoración neutra pero con carácter: dos butacas que marcan el estilo
Los propietarios buscaban un estilo poco marcado y equilibrado. De esta manera se podrían ir añadiendo piezas y objetos más personales con el tiempo. Así, el Estudio Hilera diseñó muchas piezas a medida, como el sofá principal y la mesa de centro del salón, los cabeceros tapizados de los dormitorios o la isla del vestidor. Se trata de diseños que se funden con las paredes y se guían por la belleza de las líneas y contornos simples.
Pero hay también algunas piezas de aire vintage que se proponen para darle a la casa carácter. El aparador de Rue Vintage 74 del salón, las sillas del comedor o las mesillas de noche son algunos ejemplos. Claro que hay dos piezas que marcan de alguna manera el tono mid century de la casa: las dos butacas del salón, inspiradas en un modelo italiano de mediados del s.XX, tapizadas en un tejido a rayas de lino y algodón.
Un color que rompe con la serenidad del blanco: el caldero
Para no crear una imagen demasiado plana y darle esas capas de color y texturas tan necesarias, las chicas del Estudio Hilera añadieron, además de la madera, pequeñas pinceladas en color caldero. Este tono luminoso y elegante se puede ver en pequeños detalles como lámparas y cojines de las estancias principales, y también en el aseo pequeño de cortesía a través de un precioso papel pintado. Y es que en este tipo de estancias pequeñas, uno siempre puede jugar al color y la diversión, como un pequeño capricho.
Una iluminación muy cuidada: lámparas esculturales y balizas de suelo
La arquitectura de interior, con una ornamentación sutil y elegante, requería una iluminación cuidada y al mismo nivel que el proyecto de decoración. Por eso se eligieron lámparas con diseños sofisticados, aunque poco pomposos, que coronan y rematan cada estancia. Claro que, para potenciar los acabados y elementos estructurales, como rodapiés o puertas de paso, Estudio Hilera recurrió también a balizas de suelo que además dan al ambiente una luz muy cálida e indirecta a la hora de recorrer la casa.
También se han incluido apliques esculturales en paredes desnudas y, en los espacios que requerían una luz más general, se instalaron focos empotrados en el techo con posición perimetral. Por último, la isla de la cocina ha sido coronada por dos delicadas lámparas que no interrumpen la profundidad visual desde el comedor, situado al fondo. Y es que en este piso nada se escapa al ojo detallista de las interioristas.

















