Cuando una casa tiene siglos de historia, el reto de reinventarla se convierte en un trabajo complejo pero al mismo tiempo fascinante. Porque respetar y entender su esencia te conecta con el lugar de una manera muy especial. Y en esta encantadora masía ocurrió precisamente esto. Con unos cimientos de 1271, hoy vuelve a renacer como una de esas casas de pueblo reformadas que tienen todos aquellos detalles que uno siempre imagina.

    La casa, bautizada como Can Bufí, se localiza a las afueras del encantador pueblo de Llagostera, en Girona, y se podría decir que es un lugar a las puertas de la Costa Brava. Sobre una pequeña colina rodeada de viñedos y naturaleza, Can Bufí ha sido testigo de múltiples reconstrucciones que fueron dejando su huella en la estructura actual. Tras la reforma, la decoradora Mar Gausachs recurrió al pasado de la finca y a fuentes del rústico moderno para darle ese renovado estilo de casas de campo a todo su interior.

    can bufi, casa rustica con piscina, decoracion moderna y muebles de madera
    mariapujol

    Cómo se convierten unas ruinas en una casa de lujo

    En el año 2014, la construcción se encontraba en ruinas, con solo algunas partes de la fachada y las paredes laterales todavía en pie. Durante los siguientes cinco años se llevó a cabo un proceso de restauración que le devolvió a la finca todo su esplendor. Desde el último rincón del jardín hasta las zonas más privadas de la casa. Los trabajos se centraron en preservar la esencia de su historia, y para ello se emplearon materiales nobles como la piedra, la madera y el metal en negro, que hoy da vida a la nueva carpintería.

    El resultado fue una casa que honra su rica herencia pero que, al mismo tiempo, ofrece todas las comodidades que uno busca en sus vacaciones. Y es que la propiedad se transformó en una casa rural de lujo para alquilar al completo con capacidad para 21 personas. En total dispone de siete habitaciones con baños integrados, un gran salón, cocina con barra para desayunos y una zona de comedor. En el sótano, además, Can Bufí cuenta con una pequeña piscina cubierta.

    En el exterior de Can Bufí, un jardín maravilloso, diseñado por el estudio de paisajismo Aspecte i Paisatge de Banyoles, que se integra armoniosamente con la masía y el paisaje circundante, va tejiendo un camino de plantas silvestres que acompañan a los huéspedes hasta la casa. Frente a la piscina, una maravillosa, hay además una pérgola decorada con zona de estar inspirada en las viñas de alrededor: "Desde la piscina y la terraza podemos contemplar puestas de sol únicas, con los Pirineos de fondo, que pintan el cielo con colores impresionantes", comenta la propietaria.

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    La decoración combina joyas del pasado

    La decoradora y estilista Mar Gausachs nos muestra en esta masía cómo es posible conservar la esencia de una masía y otorgarle al mismo tiempo una brisa contemporánea. Así que, junto a algunas piezas únicas de enorme valor sentimental, Mar propuso una serie de recursos contemporáneos que suman sorpresa a las escenas, como cuadros abstractos en las paredes, sofás de diseño y mesas con pinceladas contemporáneas.

    En todo el recorrido, encontramos auténticas joyas del pasado, como un antiguo comedero de animales que se ha restaurado y ahora hace las veces de un imponente lavabo con dos grifos. También puedes ver piedras muy antiguas, algunas de ellas con detalles grabados, que adornan las diferentes entradas de la casa, manteniendo siempre viva la conexión con el pasado y la historia de esta masía cargada de emoción.

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    Por otro lado estarían los muebles que habitan por primera vez la vivienda: muebles recuperados y otras piezas de corte más contemporáneo, adquiridos ex profeso para lograr un aire más fresco. Mesas, sillas y espectaculares lámparas de techo nos traen un sabor a campo, "de toda la vida", realizados con maderas nobles o fibras. Precisamente este último material, la fibra natural, es uno de los recursos más utilizados en la casa: "Lo podemos ver en las sillas del comedor o las lámparas de la entrada, que ayudan a remarcar la doble altura, y en las alfombras que caldean los suelos", explica Mar.

    La gama de tonos neutros: negro y arena

    Las paredes que no son de piedra se vistieron de un cálido arena, un tono muy similar al del suelo y que nos transporta a la arena de las cercanas playas de la Costa Brava. Y dentro de ese marco, la carpintería busca un lugar destacado en negro, lo que da protagonismo a todos los cerramientos de cristal, a las ventanas y también a algunas puertas, como la principal, hecha de cuarterones. En conclusión, un fondo de escenario neutro y elegante pero rotundo, que da serenidad y marcaría el guión del interiorismo de toda la vivienda.

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    Por eso, en Can Bufí encontramos detalles decorativos que juegan a esos dos colores: negro y arena. Apliques, lámparas, taburetes, estanterías y patas de muchas de las mesas están realizadas en hierro negro para destacar y, sobre todo, para hacer un guiño a la renovada arquitectura de la vivienda. Además, el negro, como referencia de modernidad, podemos verlo también en muchos de los cuadros que decoran las paredes, tanto en las zonas de día, como el salón, como en los dormitorios.

    Los colores arena se descubren en textiles, como cojines y ropa de cama, pero también en las enormes vasijas y macetas de barro que se hacen hueco por los rincones y acogen ficus y otras plantas de interior. Estos objetos se alían con el fondo de la casa para dar una evidente unidad cromática y crear así una atmósfera serena y equilibrada, donde el auténtico protagonista es la luz, la amplitud y el lujo del silencio.

    Recorre esta preciosa casa de campo con piscina foto a foto
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    El porche: mobiliario con el color del atardecer

    En el exterior, además de una fabulosa piscina estrecha pero de gran longitud, encontramos una pérgola con una estructura que se inspira en los viñedos. Este espacio suele convertirse en uno de los lugares favoritos de los huéspedes. Por eso se decoró con el mismo cuidado que el interior de la vivienda, solo que aquí se optó por añadir una dosis más fuerte de color. Y es que los sofás y otros muebles de este rincón se visten de un amable naranja papaya que hace alusión a la luz del los atardeceres que desde aquí se disfrutan.