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En un momento en que el hogar nos vuelve a pedir refugio, seguridad y autenticidad, los muebles antiguos pasan de reliquia o trasto a convertirse en las piezas más deseadas del interiorismo actual. De esta forma, los aparadores, espejos o mesas de madera que decoraban (algunos todavía decoran) la casa de la abuela, pueden hacer que la decoración del salón tenga carácter y alma.
Para entender qué los hace especial, cuáles funcionan mejor en la vivienda actual y cómo integrarlos sin volver a los 60, hemos hablado con el interiorista Xavier Martinell, de Luzio Studio. El experto rompe una lanza por los muebles antiguos que recuperamos del trastero donde estaban olvidados o cogemos a nuestras madres y abuelas para instalarlos en nuestro salón. De forma que cada vez que te sientes en ese sillón orejero o te mires en el espejo del recibidor tengas buenas vibraciones.
Piezas que aportan autenticidad
Los muebles heredados o recuperados encuentran en su propia antigüedad su mayor ventaja. “Tienen algo que hoy es dificilísimo de reproducir: historia, carácter y una pátina emocional que solo da el tiempo. Son piezas con memoria, con un valor añadido que va más allá de lo estético y, precisamente ahí, reside gran parte de su atractivo. Incorporarlas a un interior contemporáneo es también una forma de dar una segunda vida a muebles recuperados, de poner en valor lo auténtico y de introducir una belleza más personal, menos inmediata y mucho más perdurable”, afirma el experto.
Además, conectan con la manera de entender el interiorismo de hoy en día, que se aleja de lo superfluo y lo estético y apuesta por la emoción y el sentimiento. Y ahí, los muebles antiguos son una baza a favor. El interiorista de Luzio Studio lo explica bien: “Un mueble vintage tiene la capacidad de transformar un ambiente correcto en un espacio con alma. Nos habla de otra época, de otra forma de habitar y también de otra manera de fabricar, muchas veces más pausada, más artesanal y ligada a materiales nobles. Esa presencia, a menudo acompañada de una ornamentación sutil o de detalles constructivos muy cuidados, aporta profundidad, calidez y una narrativa decorativa que resulta difícil conseguir con piezas totalmente nuevas”.
Por este motivo, “recuperar muebles antiguos resulta enormemente gratificante, especialmente cuando están ligados a la historia familiar y se convierten en pequeños legados. Son objetos con pátina, con relato, con una belleza imperfecta que hace más auténtico el espacio”, cuenta Martinell. Una gratificación que se produce por la historia que encierra la pieza, pero también por el peso de la madera maciza, el tacto con hendiduras o el olor.
Bien integrados para no desentonar
Sin embargo, este flechazo instantáneo no debe materializarse en una casa llena de antigüedades que desentonan y en lugar de calidez produzcan, incluso, un efecto algo rancio y anticuado. Hay que saber qué elegir, siguiendo criterios tanto estéticos como prácticos. Desde el aparador, que vuelve a ser tendencia, hasta la mecedora o la mesa de cocina. “Hay ciertos muebles antiguos que funcionan especialmente bien. Una consola, una cajonera o un escritorio son apuestas magníficas porque siguen teniendo una gran utilidad en la vida actual y, además, introducen un contraste muy interesante en entornos más contemporáneos. Son piezas capaces de romper la linealidad de un interior moderno y de construir una atmósfera ecléctica, sofisticada y muy visual”, afirma.
A la hora de integrarla en tus estancias, no debe preocuparte su tamaño o si pega con la tela de las cortinas del salón, sino el propio mueble o elemento. “La clave no está tanto en la escala como en el valor de la misma y en cómo dialoga con el espacio. Cuando una pieza tiene personalidad y encaja en la mezcla, siempre encuentra su lugar. En decoración, el tamaño importa menos que la intención con la que se incorpora. Desde un gran armario o una alacena con presencia escenográfica hasta una pequeña mesa auxiliar con encanto, todo puede funcionar”, asegura el interiorista.
Una restauración cuidadosa y experta
Muchas veces tenemos la pieza ideal, el rincón de casa perfecto y, sin embargo, no hay química entre ellos. Para el experto la clave se encuentra en respetar su esencia, “pero desde una sensibilidad más contemporánea. Muchas veces optamos por recuperarlas en su estado original y, en otras, por aligerar su imagen eliminando acabados superficiales envejecidos, como barnices oscurecidos o quemados por el tiempo. Al dejar la madera más natural, protegida, pero sin exceso de brillo ni tintes pesados, la pieza respira de otra manera para encajar con mucha más naturalidad en interiores actuales”.
Al tratarse de un mueble antiguo, puede ser que esté deteriorado o tenga alguna pequeña ‘herida de guerra’. Además, debemos tener claro que restaurar un mueble no es rejuvenecer, sino cuidar. Siempre debemos apostar por una intervención mínima, como limpiar a fondo, repasar si una pata cojea, retapizar si la tela está dañada o tratar la madera.
El interiorista recomienda “valorar el tipo de deterioro. Si hablamos de roturas o daños estructurales, conviene repararlo, pero siempre desde el respeto absoluto a su forma, su carácter y su historia. En otros casos, puede ser suficiente con una intervención delicada: decapar, retirar un barniz envejecido o aplicar una nueva pátina que la revitalice sin desvirtuarla. Lo importante es valorar bien su estado y, ante la duda, confiar en la mirada de un restaurador especializado”. Piensa que una restauración puede actuar, en muchos casos, como una goma de borrar. Por eso, siempre en manos expertas.
Una vez está todo listo, es importante conocer cómo les afecta el entorno. “Una buena iluminación puede elevar una pieza vintage y convertirla casi en un pequeño gesto museográfico dentro de casa. La luz bien dirigida subraya su volumen, su textura y su valor escultórico. Y los textiles que la acompañan terminan de construir ese diálogo entre pasado y presente: pueden suavizar, enmarcar o, incluso, acentuar su personalidad”, recomienda Xavier Martinell.















