Adiós a las paredes blancas: la máxima tendencia en decoración es colgar piezas artesanales con motivos naturales y así lo confirma Maisons du Monde
No siempre es cuestión de reformar ni de cambiar los muebles. A veces lo que necesita una casa es algo que colgar.

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Algunas casas lo tienen todo sobre el papel y, aun así, algo falla. Los muebles están bien elegidos, la luz entra por donde debe, los colores no desentonan… pero las paredes siguen vacías, un poco indiferentes, como si nadie hubiera terminado de instalarse del todo. Está todo bien decorado y, aun así, no termina de sentirse cómoda. No es un problema grave, pero sí esa sensación de que falta algo que no sabes nombrar
Las paredes siempre han contado algo
Mucho antes de que la decoración existiera como concepto, alguien ya estaba pintando bisontes en Altamira. Los muros llevan siglos utilizándose para contar cosas, desde los símbolos egipcios hasta los frescos italianos del Renacimiento y los papeles pintados que viajaron desde China a los salones europeos del XVIII. La necesidad de llenar el espacio no es nueva; lo que cambia es la forma.
En el XIX, la industrialización permitió que la estampación llegara a hogares que antes no podían permitírsela. Y luego llegó el siglo XX con la pared blanca como gesto moderno, casi como una declaración de “menos es más”.
Después vino la reacción: materiales más imperfectos, piezas que no parecen recién salidas de fábrica, objetos con textura o con una historia que no hace falta explicar. Una pared vacía puede hacer que una casa se vea inacabada. A veces el problema no son los muebles, sino lo que falta alrededor. Basta colgar una pieza, aunque sea pequeña, para que el espacio empiece a cambiar de humor.
Cada casa pide una cosa distinta
No se decora igual una habitación de un piso de ciudad que el salón de una casa frente al mar o el comedor de una casita familiar en la montaña. En la ciudad, lo que pongas en la pared debería decir algo de quien vive ahí, aunque sea de manera sutil. En la casa playera, lo importante es que nada compita con la luz que entra desde fuera; cualquier cosa demasiado pesada rompe el ambiente.
En las casas de montaña suele apetecer más la madera, las fibras naturales o las piezas hechas a mano, cosas más cálidas y menos perfectas. Muchas veces el problema es intentar decorar todas las casas igual. No funciona igual lo que queda bien en un piso pequeño que en una casa de playa, y eso se nota enseguida.
Maisons du Monde lleva tiempo trabajando piezas murales que entienden bien estas diferencias. Hay piezas más ligeras, otras más artesanales y otras que simplemente hacen que la habitación se vea menos fría. Son piezas discretas, fáciles de integrar y que hacen que la casa se vea menos impersonal, incluso cuando el resto ya estaba “bien”.


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