Muchas viviendas madrileñas de los años 60 y 70 están pasando ahora de una generación a otra. Son pisos que pertenecieron durante décadas a la misma familia, casas donde crecieron padres y abuelos, y que hoy heredan o compran sus nietos para convertirlas en su primera vivienda familiar. El fenómeno tiene mucho que ver con la dificultad de acceder a una casa nueva en el centro de Madrid, pero también con algo más emocional: la posibilidad de transformar una vivienda conocida, cargada de memoria, en una casa adaptada a una forma de vivir completamente distinta.

Para entender cómo están cambiando estas viviendas familiares, hemos hablado con la interiorista Helena Martín, que lleva años trabajando en la reforma integral de pisos madrileños de esta época. Según explica, la clave ya no está en conservar la distribución original, sino en reinterpretarla para responder a las necesidades actuales. Porque una reforma de un piso antiguo ya no consiste solo en actualizar baños y cocina, sino en repensar desde cero cómo se vive dentro.

modern living room with minimalist decor
Cortesía de Helena Martín Interiorismo

Por qué los pisos madrileños de los años 60 necesitan una nueva distribución

Cuando un estudio de interiorismo entra en una vivienda familiar que apenas se ha reformado durante décadas, lo primero que aparece no siempre es un gran tesoro arquitectónico. A veces hay buenos metros, buena orientación o una estructura sólida, pero también una distribución poco práctica para la vida actual. “Suelen ser viviendas sin mucho encanto y excesivamente compartimentadas. Pisos grandes pensados para familias con muchos miembros y gente de servicio”, explica la interiorista Helena Martín.

Uno de los grandes problemas de estas viviendas son los pasillos. En muchos pisos de los años 60 y 70, una parte importante de la superficie se pierde en zonas de paso largas, estrechas y poco aprovechadas. La solución no siempre consiste en eliminarlas por completo, sino en darles una nueva función. “Intentamos siempre eliminar los pasillos largos y dar generosidad de espacio a las zonas de comunicación. Un pasillo ancho vinculado a una librería, un recibidor con un mueble protagonista…”, señala la interiorista. Así, un espacio antes residual puede convertirse en una zona útil de la casa.

modern kitchen with a central island and seating
Cortesía de Helena Martín Interiorismo

La cocina es otro de los grandes cambios. Antes era una estancia cerrada, apartada y entendida casi como zona de servicio. Hoy se ha convertido en el centro de la vida doméstica. “La cocina se ha convertido en el corazón de la vivienda, donde pasa todo”, afirma Helena Martín. Por eso, la mayoría de estos pisos se reforman para vincular cocina, comedor y salón, aunque muchas veces se incorporan puertas correderas, cerramientos de vidrio o soluciones intermedias para poder independizarla cuando hace falta. El objetivo es lograr una cocina conectada al salón, pero sin renunciar al confort cotidiano.

Cómo ganar luz y espacio de teletrabajo en una casa heredada

En estas reformas, la luz natural se convierte en una prioridad absoluta. No solo porque mejora la percepción del espacio, sino porque transforma por completo la forma de vivir una casa. Helena Martín lo resume con claridad: “La luz creemos que es el material imprescindible. Aunque ahora la tendencia es a interiores más oscuros y moody, que funcionan bien en foto, no lo hacen tan bien cuando los vives. La luz es alegría dentro de una casa y siempre trabajamos para maximizarla”. Por eso, abrir huecos, conectar estancias y eliminar barreras visuales ayuda a conseguir una vivienda más luminosa.

El almacenaje es otra de las grandes demandas. Las casas antiguas podían tener muchos dormitorios, pero no siempre estaban bien pensadas para guardar. Hoy se necesitan armarios mejor resueltos, zonas de apoyo, muebles integrados y soluciones capaces de ordenar la vida diaria sin llenar la casa de piezas sueltas. “Siempre, sin excepción, todos los clientes piden mucho almacenaje”, cuenta la interiorista. La dificultad está en incorporarlo sin que la vivienda pierda ligereza visual, especialmente cuando se busca una distribución más limpia y fluida.

A todo esto se suma una necesidad que no existía cuando estas casas fueron construidas: el teletrabajo. Muchas viviendas heredadas deben encontrar ahora espacio para uno o incluso dos puestos de trabajo. No siempre es posible dedicar una habitación completa a despacho, así que aparecen soluciones híbridas: escritorios dentro de armarios, muebles que se cierran al terminar la jornada, zonas de trabajo integradas en librerías o dormitorios de invitados con doble uso. La vivienda actual necesita ser más flexible, pero también permitir que el trabajo desaparezca visualmente al final del día.

pasillo con armario a medida y zona de libreria
Angelica Heras

Qué elementos originales merece la pena conservar

Uno de los debates más habituales en una reforma de este tipo es qué conservar y qué eliminar. En algunas casas antiguas hay suelos de madera, radiadores de hierro, molduras, carpinterías especiales o tiradores con carácter. En otras, sin embargo, el valor está más en la amplitud o la luz que en los acabados originales. “Este perfil de casas, a no ser que sea alguna promoción de un arquitecto señalado, con un carácter más brutalista, suelen tener poco encanto, más allá de los metros”, explica Helena Martín. Esa mirada evita caer en una nostalgia excesiva y permite hacer una reforma más honesta.

Cuando aparece un elemento con valor, sí merece la pena luchar por él. “Si hay radiadores de hierro, alguna carpintería especial, una moldura con encanto… luchamos siempre por conservarlas”, añade la interiorista. El problema es que muchas veces las instalaciones están obsoletas y obligan a intervenir de forma profunda. Fontanería, electricidad, climatización y aislamiento suelen requerir una actualización completa, por lo que no siempre es posible mantener tantos elementos como gustaría. Aun así, conservar algunas piezas ayuda a que la casa no pierda del todo su carácter original.

cocina con muebles en blanco y suelos de madera
Angelica Heras

Los suelos de madera son uno de los recursos más agradecidos cuando están en buen estado. Si la distribución no cambia demasiado, restaurarlos puede dar un resultado muy actual. Helena Martín recomienda dejarlos con un acabado mate y barniz al agua, que aporta un tono crudo y natural. También se pueden modificar con tintes para adaptarlos a la estética del proyecto. Esta solución permite conectar pasado y presente sin que la vivienda parezca antigua, logrando una base cálida y contemporánea.

El mayor error al reformar una vivienda familiar heredada

El principal error al reformar una casa heredada no es necesariamente tirar tabiques o cambiar demasiado su imagen. Para Helena Martín, el fallo más importante es no detenerse a pensar qué tenía de bueno esa vivienda antes de intervenir. “No hacer un ejercicio profundo de pensar qué es lo bueno que tenía la casa, casi a nivel de sensaciones, como puede ser recordar cómo daba la luz en un determinado espacio a una determinada hora”, explica. Haber vivido allí durante años ofrece una información que ningún plano puede sustituir.

Esa memoria cotidiana puede ser decisiva. Saber qué habitación era más agradable en invierno, dónde entraba el sol por la mañana, qué rincón resultaba más tranquilo o qué orientación se disfrutaba más ayuda a tomar mejores decisiones. “Haber vivido una casa en todas las estaciones y momentos del día da una información muy valiosa que hay que aprovechar al máximo”, añade la interiorista. En ese sentido, una casa familiar heredada no parte de cero: parte de una experiencia acumulada que puede guiar toda la reforma.

También conviene revisar la relación emocional con los objetos. No todo lo heredado tiene que conservarse, y no todos los materiales antiguos aportan valor. “Creo que no hay que anclarse a nada material, tampoco a las casas. Las casas son contenedores de vida, pero lo importante es lo que pasa dentro”, reflexiona Helena Martín. Esta idea permite afrontar la reforma con más libertad: mantener lo que suma, transformar lo que limita y crear una vivienda preparada para una nueva etapa.

comedor con mesa de madera oscura y alfombra verde
Cortesía de Helena Martín Interiorismo

Cómo actualizar estos pisos sin disparar el presupuesto

Aunque muchas de estas viviendas necesitan reformas profundas, hay formas de ajustar el presupuesto sin comprometer lo esencial. Para la interiorista, lo importante es invertir primero en la base: una buena distribución, instalaciones actualizadas, materiales duraderos y espacios bien pensados. Es preferible resolver bien la estructura de la casa que gastar demasiado en elementos decorativos que puedan cambiarse más adelante. “La calidad, al final, es sostenible”, afirma Helena Martín. Para ella, una casa bien pensada es aquella que no necesita retocarse constantemente.

Uno de los capítulos que más encarece una reforma es la carpintería a medida. Armarios, librerías, muebles de televisión, cabeceros o soluciones integradas pueden elevar mucho el presupuesto. Por eso, si se quiere contener el gasto, Helena Martín propone una estrategia práctica: preparar bien el espacio para incorporar armarios a medida en el futuro y, mientras tanto, recurrir a módulos estándar. Incluso se pueden rematar con tapetas de carpintería para conseguir un efecto más integrado con una inversión menor.

La clave está en no gastar dos veces. Si el presupuesto no permite hacerlo todo desde el principio, conviene priorizar aquello que será más difícil cambiar después como instalaciones, suelos, distribución, iluminación y cerramientos. Los muebles, algunos armarios o ciertos acabados pueden esperar. Así, la reforma se plantea como un proyecto a largo plazo, pero sin perder coherencia. En una vivienda antigua reformada, lo que realmente marca la diferencia no es hacerlo todo de golpe, sino hacerlo en el orden correcto.

Al final, adaptar una casa de los años 60 o 70 para que vivan sus nietos no significa convertirla en otra vivienda sin pasado. Tampoco implica conservarla como si fuera un museo familiar. La verdadera transformación está en escuchar lo que esa casa ya sabe —su luz, sus metros, sus recorridos, sus mejores rincones— y traducirlo a una forma de vivir actual. Porque las casas de los abuelos pueden seguir siendo familiares, luminosas y llenas de vida, siempre que se atrevan a cambiar con quienes las habitan.