La mítica mansión de Deborah Kerr en Brentwood, calificada como una de las joyas de Hollywood por poseer todo el encanto de la edad dorada del cine, ha cambiado al fin de manos. En realidad ha estado menos de un año en el mercado, algo lógico si además de su valor arquitectónico y su emplazamiento ideal, añadimos que fue el refugio escogido por Audrey Hepburn en Los Ángeles. La protagonista de Charada (1963) se lo alquilaba a su amiga cada vez que esta no lo ocupaba, cosa habitual por su similar agenda de rodaje.

Hacía tiempo que no se producía una compra-venta de estas características: una mansión del Hollywood clásico que, tras 30 años fuera del mercado, cambia de propietario. La casa que habitaron Audrey Hepburn y Deborah Kerr debutó con un precio de 10,9 millones de dólares en junio de 2025 y encontró su nuevo dueño por 9,4 millones de dólares, un descuento significativo para un precio que continúa siendo sustancial. Una mansión como esta lo merece.

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Simon Berlyn for Sotheby's International Realty

Audrey Hepburn y Deborah Kerr eran amigas

Aunque Deborah Kerr fue una estrella en la época, con películas tan míticas como De aquí a la eternidad (1953) o Tú y yo (1957), el deslumbramiento mundial con Audrey Hepburn superó todos los límites. Aún hoy, 23 años después de su muerte, la magia de la protagonista de Desayuno con diamantes (1961) continúa en el aire.

La mansión que compartieron Kerr y Hepburn, una como propietaria y la otra, como inquilina ocasional, fue en origen propiedad de Edwin Knopf, director y productor de cine. El apellido Knopf, sin embargo, está más vinculado a la industria editorial: el hermano de Edwin fue Alfred, fundador de la legendaria editorial. No se sabe cuándo cambió de manos la casa, pero sí que Deborah y Audrey vivieron en ella a lo largo de la década de los 50.

La protagonista de My Fair Lady (1964) alquiló esta elegante mansión al menos en dos ocasiones, al ser reclamada por Hollywood para dos importantes proyectos. La primera vez que Audrey Hepburn alquiló la mansión en Brentwood a Deborah Kerr fue para realizar el proceso de casting de Quo Vadis, la película de Mervyn LeRoy que fue un taquillazo en 1951.

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Simon Berlyn for Sotheby's International Realty

Audrey Hepburn había sido seleccionada para el papel de Lygia, rol que finalmente se quedaría, precisamente, Deborah Kerr. Tiempo después volvió para preparar su papel en La calumnia (1961), junto a Shirley MacLaine. En ambas estancias, estuvo acompañada por su primer marido, Mel Ferrer, con el que se casó en 1954 y tuvo su primer hijo, Sean.

Hepburn se enamoró de su localización

Construida en 1939, la mansión que enamoró a Audrey Hepburn posee cinco habitaciones, seis cuartos de baño y un aseo que no han sufrido remodelaciones sustanciales, más allá de las actualizaciones necesarias debido al paso del tiempo. Está situada en una zona inmejorable de Brentwood: cerca de Brentwood Park y parapetada tras una verja con vegetación a una altura considerable: la privacidad es total.

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Jennifer Montague For The Larson Burmester Group

La mansión, de alrededor de 600 metros cuadrados, mantiene el estilo georgiano favorito en la época en su biblioteca forrada de paneles de madera con chimenea, el invernadero con suelo ajedrezado o las puertas francesas que dan paso del salón al jardín, de unos 3.000 metros cuadrados. Por supuesto, el porche es amplio y de estilo sureño: tiene hasta su propia chimenea y calefacción encastrada en el techo.

La mansión es perfecta para recibir

La habitación principal es en realidad una gran suite con dos baños tipo spa y vestidores separados. La cocina y el lavadero se construyeron donde originariamente se situaron las habitaciones del servicio: son enormes. Todas las habitaciones de invitados posee su propio cuarto de baño y grandes balcones. No se nos puede olvidar un garaje con buenas proporciones y la piscina. La casa es perfecta para recibir, algo que encantaba a su propietaria, Deborah Kerr.

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Simon Berlyn for Sotheby's International Realty

Los invitados de Deborah Kerr y Audrey Hepburn debieron disfrutar enormemente del minibar de la mansión, una barra interior preparada para preparar deliciosos cócteles. Su apariencia es de lo más juguetona: tiene tanto las paredes como el techo cubiertos en papel pintado con estampado geométrico en verde y blanco. A su vez, el suelo también continúa con este juego gráfico y también presenta cuadros grandes en esas mismas tonalidades.

El bar fue favorito de Kerr y Hepburn

En uno de los laterales, el diseño del bar dispone una encimera negra rodeada de muebles de almacenaje en color blanco. Un espejo que ocupa toda su pared trasera. Enfrente de estos muebles, una mesa alta estilo barra con superficie de cristal, estructura de madera y patas de forja ornamentada completa el espacio. Los taburetes transparentes de acrílico crean un conjunto ecléctico donde se mezcla lo clásico y lo contemporáneo. En el techo cuelga una lámpara con pequeñas pantallas en rojo.

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Simon Berlyn for Sotheby's International Realty

El comedor puede ser una de las estancias más complicadas, pues sus paredes están cubiertas con papel pintado Gracie, un papel de marca de lujo que se pintaba a mano y que, en esta ocasión, es de color rojo intenso con motivos florales en blanco y verde. La cocina, sin embargo, no llama a hacer modificación alguna. Combina el estilo cottage inglés con detalles modernos: sus muebles son blancos de panelado vertical, tiene vitrinas acristaladas y un gran ventanal sobre el fregadero.

La cocina cuenta, además, con una enorme isla central con encimera y fuegos integrados de color gris, a juego con los electrodomésticos que son de acero inoxidable. El suelo es de madera clara y en el techo cuelga una lámpara de araña, confeccionada en hierro forjado. Se completa con un aparador de madera y cuadros en colores vivos.