Independiente, poderosa y con una pasión irrefrenable por todo lo que hacía. Así fue la célebre diseñadora de joyas Elsa Peretti, que trabajó durante casi 50 años para la icónica casa Tiffany & Co. Nacida en Milán y con residencia imperativa en Nueva York por su contrato con la mencionada firma, la creativa tuvo la suerte de recalar en Cataluña o, mejor dicho, Cataluña tuvo la suerte de que Peretti recalara en ella y se enamorara de uno de sus pueblos medievales más especiales, Sant Martí Vell.

Con tan solo 21 años y por carta, la diseñadora se despidió de su padre y de Milán, para poner rumbo a Barcelona, donde florecía la élite creativa de la Gauche Divine – el movimiento de intelectuales y artistas burgueses de izquierdas que surgió en Barcelona en los años 60 –. Allí, se codeó con genios como Salvador Dalí o Colita, la fotógrafa para quien posó en sus inicios como modelo. Gracias a ella descubrió y se enamoró de un Sant Martí Vell en ruinas a través de su objetivo.

modern rustic interior with unique furniture and a fireplace
Cortesía de Tiffany & Co.

Un idilio creativo

Tan fascinada quedó con Sant Martí Vell tras ver esa imagen en 1968 a través de los ojos de su amiga Colita, que ahorró todo lo que pudo gracias al modelaje y, en 1972, adquirió su primera propiedad en este pueblo catalán: Casa Pequeña. Dos años más tarde, sería nombrada directora creativa de Tiffany & Co.; puesto que le obligó a pasar largas temporadas en Nueva York, pero nunca le impidió volver al pueblo catalán. El lugar donde se recargaba y se inspiraba a partes iguales.

Diseños como el brazalete Teardrop o Bone, uno de los más célebres de Tiffany & Co., fueron concebidos gracias a la fuente de paz e inspiración que era para ella Sant Martí Vell. Pero también Bean, Open Heart o incluso Bottle, el primer colgante que diseñó, con forma de jarrón diminuto e inspirado en uno que vio en un mercadillo. Como forma de agradecimiento y para devolverle al pueblo todo lo que ella recibía de él, empezó a adquirir más propiedades en el mismo. Así, las reformaba con respeto por su historia rural, su arquitectura autóctona y su naturaleza

Peretti se dedicó, hasta su muerte en 2021, a convertir Sant Martí Vell en "una casa en expansión", formada por un conjunto de edificios unidos por un entramado de galerías subterráneas y pasarelas suspendidas sobre estrechas callejuelas, con la plaza del Poble como epicentro social.

brazaletes bone elsa peretti
Cortesía de Tiffany & Co.

Mucho más que reformar una casa

El trabajo de Peretti no quedó relegado a adquirir propiedades y reformarlas a su gusto. Además de respetar elementos originales como los muros medievales de piedra, que realzaba con injertos modernos, la diseñadora también restauró el interior de la iglesia románica de Sant Martí Vell, que había sido reconstruida tan solo en el siglo XVI; y contribuyó a preservar el catálogo de documentos que data del mismo siglo, lo que permitió conservar gran parte de su historia. Ahora que ella ya no está, este proyecto que duró más de 50 años ha quedado protegido por la Fundación Nando y Elsa Peretti, que creó en el año 2000 como homenaje de su padre.

bell tower of a historic structure surrounded by greenery
Cortesía de Tiffany & Co.

Peretti también encontró una nueva vida para elementos tradicionales y agrícolas, que se llevó a los interiores de forma creativa y original. Destacan piezas como la piedra del molino, convertida en la mesa de comedor de Sala Grande, que tuvo que ser transportada haciendo uso de una grúa y cuya imagen abre este artículo; o piedras tradicionales convertidas en lavabos, entre otras. Todas ellas conviven con obras contemporáneas, como la chimenea de Lanfranco Bombelli; o piezas de otros artistas como Dalí, Robert Llimós, Andy Warhol, Nancy Grossman, Saul Steinberg o Giorgio de Chirico.

cozy dining area with wooden table and chairs warm ambiance
Cortesía de Tiffany & Co.

Un detalle muy especial

El tono unificador que se repite en diferentes momentos y espacios de Sant Martí Vell es el azul. Pero no cualquier azul. Se trata del Blau Montserrat, un pigmento tradicional que se obtiene a partir del lapislázuli. Su gran particularidad es que, dependiendo de la gradación del mismo, el color obtenido es especial y único, lo que acentúa la singularidad del pueblo.

Así, este azul se repite en interiores tan singulares como el de la iglesia mencionada anteriormente; pero también en exteriores como fachadas o marcos de ventanas. El tono simboliza la creatividad y la paz, además de la incesante búsqueda de belleza y armonía que Elsa Peretti profesó durante toda su vida como artista y que trasladaba a todo lo que hacía.

interior of a simple chapel featuring an altar and candles
Cortesía de Tiffany & Co.

Tal fue su labor a nivel de conservación y protección del patrimonio histórico, artístico y cultural catalán, que el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de la Generalitat de Cataluña, le reconoció su labor en 2013 con el Premio Nacional de Cultura. Se convirtió así en la primera no catalana en recibir este más que merecido galardón: "Intentar restaurar este pueblo ha sido uno de mis principales objetivos. De hecho, en más de cuarenta años ha sido el equivalente a mi compromiso con Tiffany", confesaba en aquel momento.