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Hay casas pequeñas que parecen condenadas a vivir entre tabiques, pasillos estrechos y soluciones de compromiso. Y luego están aquellas reformas que demuestran que una vivienda de pocos metros también puede convertirse en un hogar amplio, luminoso y lleno de intención cuando la distribución, la luz y los materiales trabajan en la misma dirección.
Esta vivienda de 51 metros cuadrados en Santa Cruz de Tenerife, bautizada como La Casa del Olivo, pertenece a ese segundo grupo. El proyecto está firmado por Marga Lara Interiorismo, el estudio de la interiorista y arquitecta técnica Marga Lara, formada en la escuela Insenia, que ha transformado el piso en un refugio sereno, funcional y conectado con una forma de vivir más esencial.
Cómo ganar metros a una vivienda pequeña
La primera gran decisión fue liberar la zona de día. Donde antes había una vivienda compartimentada, ahora aparece un espacio abierto en el que salón, comedor y cocina comparten luz, suelo y un mismo lenguaje decorativo. El pavimento de roble natural en espiga actúa como hilo conductor y ayuda a que la casa se perciba más amplia, más ordenada y mucho más serena. La madera, además, compensa la pureza del blanco roto y evita que el conjunto resulte frío.
Un comedor como transición entre cocina y salón
El comedor funciona como una transición natural entre la cocina y el salón. Una mesa de madera BOK, de Ethnicraft, sillas de roble de &Tradition y dos lámparas suspendidas en metal dorado componen una escena doméstica sencilla, cálida y equilibrada. Pero el detalle más especial está junto a la mesa con un banco a medida que incorpora almacenamiento, zona de asiento y una solución visual muy acogedora.
Integrado en ese banco aparece el olivo que da nombre al proyecto. No es solo una planta decorativa, sino una presencia casi simbólica: aporta naturaleza, calma y una idea de raíz de una vivienda urbana. En una casa de pocos metros, este tipo de gestos son los que marcan la diferencia, porque cumplen una función práctica y, al mismo tiempo, construyen identidad.
La cocina se plantea como un volumen compacto e integrado en la zona de día. Los muebles de Dica, la encimera de Neolith y la grifería de Icónico mantienen una paleta neutra que no compite con el resto de la vivienda. La gran protagonista es la isla estriada, una pieza de presencia escultórica pero amable, que introduce ritmo, textura y una lectura más arquitectónica del espacio.
Su acabado vertical aporta movimiento sin necesidad de añadir color ni elementos decorativos excesivos. Es una solución muy eficaz para casas pequeñas porque no invade, sino que organiza.
Un baño mini con azulejos que rompe con la armonía
El baño introduce un punto más gráfico dentro de la serenidad general de la casa. Su trazado alargado permite organizar lavabo, inodoro y ducha con claridad, mientras los revestimientos claros amplían visualmente el espacio. La interiorista resume aquí una de sus prioridades: “Me encantan los espacios limpios y muy ordenados, donde ningún elemento quede a la vista y rompa la armonía de la estancia”.
El gran protagonista es el pavimento geométrico de Mosaic Factory, casi una alfombra cerámica en tonos cálidos. Su dibujo introduce carácter y movimiento, pero queda equilibrado por la madera alistonada, la iluminación indirecta y la grifería dorada. El resultado es un baño pequeño, funcional y con mucha personalidad, sin perder la calma que recorre toda la vivienda.
Zona de noche: dormitorio, vestidor y vestidor
Una de las zonas más interesantes del proyecto es el dormitorio. Allí, un arco enmarca el cabecero y convierte la zona de descanso en un pequeño refugio. La curva no aparece como un capricho decorativo, sino como una herramienta espacial que suaviza la geometría original de la vivienda y da continuidad al conjunto.
La iluminación indirecta cálida refuerza esa sensación envolvente. La ropa de cama blanca, los cojines mostaza y las cortinas ligeras completan una escena muy serena, donde el diseño no busca impresionar, sino acompañar. “Creo en los espacios que respiran, que no necesitan exceso para emocionar. Materiales nobles, texturas que abrazan, y una conexión constante con la naturaleza”, afirma Marga Lara en la memoria del proyecto.
Junto al dormitorio, el vestidor prolonga la misma idea de calma. Armarios blancos de líneas limpias, tiradores discretos, baldas curvas de madera, fibras naturales y una estructura metálica dorada forman un espacio funcional, pero también delicado. En una vivienda de 51 m², el almacenaje no puede ser un añadido, sino que tiene que formar parte del diseño.
Aquí, el orden se integra en la estética general de la casa. Nada queda a la vista de forma innecesaria y cada pieza parece tener un lugar previsto. Ese es uno de los mayores aciertos de la reforma: no solo gana amplitud física, sino también amplitud visual.
Más que una reforma estética, La Casa del Olivo es una lección sobre cómo trabajar una vivienda pequeña sin saturarla. La luz natural, el roble en espiga, los tonos blancos, los acentos dorados, las fibras vegetales y las curvas construyen una casa que no necesita exceso para resultar especial. “Creo espacios que se sienten antes de mirarse, donde la luz entra suave, los materiales hablan bajito y todo tiene un porqué”, resume Marga Lara.

















