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Una pareja quería recuperar la casa familiar situada en el centro de la localidad valenciana de Alboraya para convertirla en su hogar. Así nació 'La casa de la yaya', una transformación diseñada por Anna Ferrer y Manuel Martín, que lideran el estudio Cu4 Arquitectura.
Este proyecto partió de una vivienda muy oscura y compartimentada que apuntaba maneras. Los arquitectos supieron ver las enormes posibilidades del espacio y pensaron en crear zonas flexibles y, sobre todo, la forma de conseguir que la luz natural entrara hasta el corazón de esta casa reformada, gracias a la relación directa con el patio.
Una casa de tres plantas con fachada de ladrillo
Anna Ferrer y Manuel Martín decidieron conservar los techos de viga vista de esta vivienda tradicional valenciana y su imponente fachada principal para preservar la historia arquitectónica del centro de Alboraya y añadir el carácter del edificio a este proyecto transformador. El respeto a los elementos originales es uno de los mayores aciertos en la reforma de la casa de la abuela, junto con el estilismo realizado por Belén Sanz, de Dear Casita.
Aunque la construcción tiene una estructura muy poderosa, la rehabilitación evita caer en una conservación más rígida, por eso esta casa antigua no se idealiza como si fuera intocable, sino que se actualiza para cubrir las necesidades de María y Javier, la joven pareja que encargó esta reforma integral y afirma en "la inversión más grande que vamos a hacer en toda nuestra vida" se han sentido escuchados en todas las decisiones y muy tranquilos durante todo proceso.
Nada es casual, porque en Cu4 Arquitectos muestran una sensibilidad especial por el bienestar integral del planeta y, por supuesto, de las personas. "Pensar que con una vivienda bonita está todo solucionado, no es real", afirma Anna Ferrer, por eso el estudio trabaja en proyectos que previenen los problemas de salud al diseñar casas que refuercen la mejora de la calidad de vida. La arquitecta asegura que trabajan con datos científicos y hay "más de un centenar de evidencias que promuevan la salud, la comodidad y el bienestar de los residentes".
Así se entiende a la perfección la distribución brillante de 'La casa de la yaya'. Una vivienda pensada para toda la vida que transforma el legado familiar en un hogar cargado de memoria y que respeta la sostenibilidad a través de un sistema de eficiencia energética con sistemas de ventilación, aerotermia y placas fotovoltaicas. El proyecto ha sabido captar esta emocionalidad para convertir esta rehabilitación en un ejemplo valioso. Se han reforzado los forjados y la cubierta inclinada de madera, se han recuperado las vigas de manera laminada y se ha conservado la cerámica original. En el interior, se apuesta por carpinterías oscuras, materiales naturales y continuidad de revestimientos.
Una casa con patio y un pasillo acristalado
La continuidad constante entre interior y exterior era una premisa en el diseño de Cu4 Arquitectos. Es un gran acierto el patio revitalizado con un muro, que conserva su esencia original con la textura de ladrillo, y mantiene una jardinera lineal "que aporta frescura y vida", afirma Anna Ferrer, además de las hiedras que empiezan a cubrir las paredes.
Este espacio exterior es el gran protagonista del proyecto, porque se convierte una vivienda anexa al aire libre, un auténtico salón exterior, que funciona como un pulmón y refuerza el carácter mediterráneo de la vivienda. Es una fortuna poder ver desde el interior este pequeño oasis y disfrutar de esa luz natural, que inunda la cocina y el pasillo, para crear sensación de amplitud.
Justamente, un gran distribuidor acristalado, desde el suelo hasta el techo, consigue mantener la luminosidad con la circulación libre de la luz natural y eliminar la sensación de estrechez en la vivienda. Así se consigue articular las diferentes estancias de una forma agradable, porque es un pequeño paseo interior para ordenar la arquitectura y hacer más agradable el tránsito diario de sus habitantes y, algo muy importante, sin perder la intimidad.
Una planta baja con distribución abierta
Cuendo era la casa de la abuela, la vivienda no tenía este gran patio central que ha permitido que el acceso desde la calle se haya convertido en espacio open concept que alberga la zona social deseada por la joven pareja. El salón y el comedor, decorados de forma escueta en estilo atemporal, se conectan con un exterior que multiplica el espacio y se visualiza desde el recibidor, que mantiene el gran portón de madera original y se beneficia de esta misma apertura a la luz que lo relaciona directamente con el exterior.
La cocina con isla aprovecha esta circunstancia de forma excepcional, porque los arquitectos la presentan como una decisión que va más allá de la funcionalidad para permitir cocinar con luz mientras se atisba el jardín: un verdadero lujazo. Es un espacio diseñado a la medida por Cristina Vinat, de Kitchen Secrets, e incorpora mobiliario de la firma Saitra y accesorios de Peka, además de un banco corrido desde donde la vida transcurre entre desayunos tranquilos y cafés improvisados con una buena conversación.
En la primera planta, 'La casa de la yaya' alberga una zona flexible. Se trata de un pequeño estudio de trabajo, que se transforma en un dormitorio cuando haya visitas o si se necesitara en un futuro. La escalera lateral da acceso a las dos plantas superiores y esconde una serie de armarios ocultos bajo los escalones para optimizar el espacio de almacenaje sin sacrificar el diseño.
En estas estancias encontramos los dormitorios, el baño principal y una sala de lectura. Todas rebosan de esa luz mediterránea tan especial, justo esa iluminación de la que carecían las habitaciones encadenadas que tenía esta antigua casa tan característica Alboraya que ahora ha recuperado para siempre su esplendor.

















