Este apartamento de 28,8 metros cuadrados es una demostración irrefutable de que el tamaño no mide la calidad de una vivienda. El estudiado diseño y el estilismo de Sarah Mikhailova han sido decisivos para convertir un antiguo piso estrecho y alargado en una casa pequeña con alma, ritmo y una sorprendente profundidad espacial.

Es un interiorismo alejado de lo impersonal, más bien todo lo contrario, porque la diseñadora ha conseguido dar una entidad única a este piso pequeño situado en uno de los barrios históricos en San Petersburgo. La gran dificultad de este proyecto ha sido resolver una planta muy complicada, por su forma tubular, y equilibrar de forma estratégica la falta de metros.

esta casa de 28 metros cuadrados es el ejemplo perfecto de como sacar partido a una reformapinterest
Alexandra Dubrova

Una casa pequeña decorada con muebles vintage

Un pasillo interminable se convierte en un espacio donde se ubica el área social. Aquí no basta con colocar muebles; hay que construir una secuencia espacial que permita que salón, comedor y dormitorio tengan identidad propia sin romper la continuidad. Para Sarah Mikhailova, "el objetivo consistía en transformar un espacio estrecho en una vivienda funcional, donde cada zona —salón, comedor y dormitorio— funcionara de manera independiente sin perder la sensación de conjunto. Lo más difícil fue evitar que el espacio resultara saturado y, al mismo tiempo, dotarlo de una estructura clara para evitar la sensación de pasillo propia de este tipo de plantas alargadas".

La gracia de este proyecto ha sido el diseño de interiores pensado como un recorrido sensorial por cada espacio. En lugar de saturar esta casa pequeña con demasiadas piezas, la interiorista ha trabajado con la perspectiva, la verticalidad y la profundidad. De hecho, "el proyecto se inspira en el lenguaje neoclásico y mi intención era evocar, dentro de un apartamento contemporáneo, la atmósfera de las viviendas históricas de San Petersburgo. Las molduras, las cornisas y los detalles ornamentales no son simplemente decorativos: articulan el espacio y le aportan nobleza, ritmo y profundidad arquitectónica", apunta Sarah Mikhailova.

El interés se deja ver en detalles con mucha personalidad que captan la atención en cuanto se entra a esta pequeña casa: puertas recuperadas, molduras clásicas, objetos con historia, texturas envejecidas... Es muy relevante la decoración de una de las paredes de este piso pequeño con una serie de barcos antiguos en relieve, que la interiorista justifica como un homenaje a la historia del lugar: "El apartamento se encuentra en el centro histórico de San Petersburgo, en una zona donde, en tiempos de Pedro el Grande, se construían y botaban barcos. Me pareció una forma de incorporar esa memoria marítima al interior y establecer un diálogo entre la vivienda y la historia del barrio."

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Alexandra Dubrova

Este salón pequeño sorprende también con una bonita lámpara de araña hecha en macramé que funciona como una pieza escultórica para dar calidad y, sobre todo, personalidad a este espacio: "Me gusta pensar en ella como un pájaro de la suerte que recibe a quienes entran en la casa. Quería conservar el espíritu de las viviendas históricas de San Petersburgo, incorporando al mismo tiempo un gesto contemporáneo mediante la combinación de macramé, perlas y cristal. Ese contraste entre tradición y artesanía convierte la lámpara en uno de los elementos más singulares del proyecto", afirma Sarah Mikhailova.

En el comedor también hay otro flash creativo, gracias al tapizado de las sillas del comedor; un textil de estilo navy, en rayas rojas y blancas, que es totalmente intencionado para aportar ritmo y dinamismo y que "evocan el inconfundible lenguaje decorativo de las décadas de 1940 a 1960. Me interesa combinar distintas épocas dentro de un mismo espacio, y este estampado introduce un contrapunto ligero que equilibra los elementos más clásicos. Además, responde a un juego cromático muy preciso: el rojo inesperado aparece en las sillas, las velas, el jarrón e incluso en las alas del pájaro de la lámpara, creando una composición visual coherente", apunta la interiorista rusa.

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Alexandra Dubrova

Ideas de almacenaje en un piso pequeño

Los interioristas son conscientes de que en una vivienda con menos de 30 metros cuadrados urge buscar ideas revolucionarias para ocultar lo que no necesita ser visto, desde utensilios de cocina a documentación o ropa de cama. Sarah Mikhailova concluye que su "principal herramienta para diseñar el almacenamiento es adaptarlo al estilo de vida de quien va a habitar la casa".

En este sentido, la diseñadora de interiores confiesa que le "encantan los espacios pequeños y estoy convencida de que la clave no está en añadir más armarios, sino en dos aspectos fundamentales. El primero, es crear una ilusión visual: los sistemas de almacenamiento integrados y pintados del mismo color que las paredes prácticamente desaparecen, ampliando visualmente el espacio, mientras que una base elevada para la cama con almacenaje integrado permite aprovechar al máximo cada centímetro disponible. El segundo, y el más importante, es realizar un buen briefing. Antes de diseñar cualquier armario, siempre pregunto cuántas pertenencias tiene el cliente. No es lo mismo proyectar una vivienda para una persona con una gran colección de ropa y accesorios que para alguien con un estilo de vida más minimalista. Es el estilo de vida el que define el almacenamiento, y no al revés".

Recorrido por una casa de menos de 30 metros cuadrados
esta casa de 28 metros cuadrados es el ejemplo perfecto de como sacar partido a una reforma

El dormitorio también ha necesitado organizar su espacio al máximo para eliminar el ruido visual, así que resulta muy funcional la idea de una base elevada para la cama con almacenaje incorporado. Este recurso evita que el dormitorio se llene de muebles; por eso, se ha elegido una mesa auxiliar con diseño minimalista. Y, quizá por eso, se convierte en una de las estancias más interesantes del proyecto. La diseñadora de interiores revela que "el cabecero está formado por unas antiguas puertas que encontré en un mercadillo de antigüedades. No conocemos su historia exacta, aunque muchos de sus detalles hacen pensar que pertenecen a la época imperial. Ya estaban decoradas, por ambas caras, con lirios pintados a mano y me gusta imaginar que, en otro tiempo, formaron parte del salón principal de un antiguo palacio. Hoy se han convertido en el elemento protagonista del dormitorio, manteniendo intacto el misterio de su origen".