A partir de los 50, las mujeres sufren una transformación, y no solo física, también mental y emocional. Confían más en sí mismas, se dedican tiempo, son más seguras y viven con más libertad, sin el miedo a no cumplir las expectativas impuestas. Se trata de una etapa liberadora, llena de cambios en todas las facetas.

Esto es lo que le ocurrió a Lucía Hidalgo. Aunque le iba bien en su profesión de siempre, decidió volver a empezar. No fue algo impulsivo, se escuchó y decidió recuperar una de sus pasiones: la decoración de interiores. Para ello, se apuntó a uno de los Cursos de Diseño de Interiores y Decoración de IDEQUO, la evolución de la Escuela Madrileña de Decoración. Una decisión que le cambió la vida. Ahora tiene su propio estudio, una clientela que confía en ella, proyectos en marcha y más de 5.000 seguidores en Instagram (@lucia­_hidalgo_interiorismo). Hablamos con ella todo sobre ello.

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Lucía Hidalgo Interiorismo
Proyecto de Lucía Hidalgo Interiorismo

¿Cómo das el salto del mundo de los eventos al de la decoración?

El mundo de los eventos es un sector apasionante, muy intenso y muy creativo, pero también muy exigente. Llegó un momento de mi vida en el que sentía que necesitaba reencontrarme conmigo misma y preguntarme qué quería hacer realmente. Personalmente sentía que me faltaba algo. Necesitaba ilusión. Necesitaba crear espacios y no solo momentos.

¿Qué motivó este cambio profesional?

Creo que llega un momento en el que dejas de vivir en automático. Con cierta edad, empiezas a escuchar más lo que te pide el cuerpo y menos lo que esperan los demás. Yo necesitaba hacer algo que me emocionara de verdad. El interiorismo siempre había estado ahí, aunque no lo llamara así. Y un día decidí dejar de verlo como un sueño lejano y empezar a tomármelo en serio.

Ahora con cierta perspectiva, ¿te arrepientes de esta decisión?

En absoluto. Ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. Hoy trabajo en algo que me hace feliz de verdad y eso no tiene precio.

Las mujeres cuando cumplimos años, ¿nos volvemos más valientes o simplemente retomamos las riendas de nuestra vida?

Yo creo que más valientes no. De hecho, con los años aparecen más inseguridades, más miedos y más vértigo. Pero también te vuelves más sabia. Empiezas a entender que el tiempo pasa igualmente y que hay sueños que no pueden quedarse siempre en pausa. Y ahí es cuando decides coger las riendas de tu vida de verdad.

¿Qué le dirías a mujeres de 50 años que están en tu situación?

Que nunca es tarde. De verdad. Estamos en un momento de la vida en el que tenemos experiencia, intuición y mucha más fuerza de la que creemos. A veces pensamos que los sueños tienen fecha de caducidad y no es verdad. Los sueños, cuando se trabajan y se defienden, acaban encontrando su sitio. Y también les diría algo importante: que no se rindan antes de intentarlo. Porque muchas veces el mayor límite no es la edad, sino el miedo.

La importancia de dar el paso en el momento justo

¿Cambiaste de profesión en el momento preciso o crees que deberías haberlo hecho antes?

No lo habría hecho antes porque seguramente no estaba preparada. Las cosas llegan cuando tienen que llegar. Toda mi experiencia anterior también forma parte de quién soy hoy como interiorista. Nada fue tiempo perdido.

¿La decoración llegó de repente o te gustaba desde siempre?

Me ha gustado desde siempre. Yo era la típica niña que cambiaba continuamente la distribución de mi habitación. Movía muebles, cambiaba objetos de sitio y estaba constantemente imaginando espacios distintos. Con el tiempo entendí que eso no era una manía, era una vocación bastante clara. Y sí, acababa decorando mi casa, la de amigas y prácticamente cualquier sitio que se dejara.

¿Cómo fue reinventarte y cómo se lo tomó tu círculo?

Reinventarse da miedo porque implica salir de un lugar conocido. Pero también es muy liberador. Mi círculo al principio se sorprendió, claro, porque no es habitual empezar de nuevo a cierta edad. Pero cuando te ven feliz y convencida, terminan entendiéndolo. La ilusión también se contagia.

¿Lo viste como una aventura o como un riesgo?

Las dos cosas. Había riesgo, por supuesto, porque empezar de cero nunca es cómodo. Pero sentía que si no lo hacía me iba a quedar con la sensación de “¿y si lo hubiera intentado?”. Y prefiero equivocarme intentando algo que quedarme con la duda toda la vida.

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Lucía Hidalgo Interiorismo
Proyecto de Lucía Hidalgo Interiorismo

El papel de la formación en el proceso

¿Cómo fue tu experiencia en IDEQUO?

Fue maravillosa. Me ayudó muchísimo a familiarizarme con el interiorismo de una forma más profesional y me dio el empujón que necesitaba para creer que podía dedicarme a esto de verdad. A veces no necesitas que alguien te cambie la vida; necesitas que alguien te confirme que sí puedes hacerlo.

¿Qué te aportó el curso y cómo introdujiste esas enseñanzas en tu profesión?

Me ayudó a visualizar el interiorismo no solo como algo bonito o intuitivo, sino como una profesión completa, con técnica, sensibilidad y muchísima psicología. Aprendí a mirar los espacios de otra manera y a entender que una casa bien diseñada puede cambiar cómo se siente una persona en su día a día.

¿Fueron complicados los inicios o menos de lo que esperabas?

Sinceramente, menos de lo que esperaba. También es verdad que yo venía de un mundo donde había trabajado muchísimo las relaciones personales y tenía muchos contactos. Y además llevaba toda la vida haciendo esto sin saber que tenía nombre. El interiorismo ya formaba parte de mí desde pequeña.

¿Qué sentiste al ver tu primer proyecto?

Una emoción enorme. Recuerdo pensar: “Qué feliz soy. Quiero dedicarme a esto toda mi vida”. Ahí entendí que había encontrado mi sitio.

¿Cómo empiezas los proyectos?

Lo primero para mí es conocer al cliente. Entender cómo vive, qué necesita y cómo quiere sentirse en su casa. Al final se crea una relación muy cercana, porque estás entrando en su intimidad y ayudándole a construir un espacio muy personal. Yo siempre digo que no diseño solo casas; diseño maneras de vivirlas.

¿Cómo definirías tu estilo?

Mi estilo es elegante y atemporal, pero siempre muy pensado para la vida real. Busco crear espacios luminosos, equilibrados y con personalidad, donde estética y funcionalidad vayan de la mano.