Cuando los hijos empiezan a volar solos, también lo hacen muchas madres. Eso fue lo que le ocurrió a la propietaria de esta vivienda, que, animada precisamente por ellos, decidió dar un giro a su vida y empezar una nueva etapa mucho más ligera. Quería empezar de cero, dejar atrás la casa familiar, cargada de recuerdos y de todos los objetos acumulados con el paso de los años, y mudarse a un hogar más cómodo y funcional para su día a día, en el que poder seguir reuniendo a su familia, sobre todo a sus nietos.Fue entonces cuando apareció este palacete en Sant Just Desvern, a las afueras de Barcelona.

Construido como una vivienda unifamiliar a comienzos del siglo XX, el edificio tiene una arquitectura clásica con una clara inspiración novecentista, con referencias al Renacimiento italiano, como las columnas del porche, la escalinata y los balaustres de las terrazas. Al cruzar la puerta, el escenario cambiaba. En la actualidad, la casa está dividida en 3 viviendas y, a pesar de contar con buenos acabados, los interiores resultaban algo impersonales y desconectados con el clasicismo de su fachada.

una casa reformada con estilo en un palacete de barcelona
Fotos: Montse Garriga. Estilismo: Beatriz Aparicio.

Cómo recuperar la esencia de una arquitectura clásica

"El proyecto consistió en transformar una vivienda correcta en origen en un hogar con identidad, coherencia y calidez. Se trataba de transformar un espacio correcto, pero neutro, en una vivienda con carácter propio y coherente con su arquitectura original". Así explican los interioristas del estudio Mengíbar Blanco el objetivo que se marcaron al reformar este piso de 180 metros cuadrados con 150 metros cuadrados de terrazas y porches.

Para conseguirlo, no fue necesario realizar grandes cambios, ya que la vivienda estaba bastante bien distribuida. Los interioristas se centraron en "alinear los espacios interiores con la identidad arquitectónica del conjunto, incorporando además ajustes puntuales en la distribución para adaptarla con mayor precisión al día a día de la clienta", comentan desde el estudio.

El estudio Mengíbar Blanco restauraró varias piezas originales, como la chimenea del salón y el portón de entrada desde el jardín, y reinterpretó el estilo clásico del exterior dentro de la vivienda, poniendo en valor las ventanas de madera de gran altura y los techos elevados. También decidieron mantener los suelos de madera en espiga y pintar las paredes de un blanco roto cálido para aportar un carácter atemporal.

Materiales, iluminación y muebles

Para la nueva vida de la propietaria, los interioristas quisieron crear una atmósfera acogedora, equilibrada y luminosa, con un estilo que no contrastara con el exterior. Para conseguirlo, prestaron especial atención a los materiales y revestimientos, eligiendo unos de estilo atemporal, y añadieron muchas texturas para dar profundidad y calidez a los espacios. En la paleta cromática, predominan los blancos y los tonos de la madera, con toques muy sutiles de color en accesorios y en algunos textiles.

En el mobiliario, han mezclado piezas antiguas (algunas actualizadas) encontradas en tiendas como Carina Casanovas, La Europea o Rue Vintage, con otras diseñadas a medida por el estudio ex profeso para esta vivienda, entre las que destaca la gran librería de madera que recorre una de las paredes del comedor y aprovecha al máximo la altura de los techos, pensada para albergar la colección personal de objetos de la propietaria.

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Fotos: Montse Garriga. Estilismo: Beatriz Aparicio.

La iluminación también se ha cuidado mucho. La casa contaba con una iluminación estándar, “muy propia de obra nueva, basada principalmente en focos de techo sin un planteamiento específico”, exponen. Consiguieron personalizar la iluminación creando distintas capas de luz, “con iluminación indirecta en zonas de paso y luz ambiental en salones y estancias principales, aportando confort y calidez”, afirman los interioristas.

Cómo conectar los espacios dentro y fuera

Cuando decimos que la casa tenía un estilo señorial por fuera, no nos referimos solo al palacete en sí: los jardines que lo rodea también se habían cuidado mucho. La casa cuenta con varios espacios exteriores, como las terrazas que rodean la vivienda o el jardín al que se accede a través del portón ogirinal, pero no terminaban de estar bien conectados visualmente con el interior. Mengíbar Blanco trabajó especialmente la relación de las estancias con las terrazas para convertirlas en una auténtica prolongación de la vivienda, ampliando la percepción espacial y fomentando una forma de habitar más conectada con el entorno.

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Fotos: Montse Garriga. Estilismo: Beatriz Aparicio.

Las zonas outdoor también se mimaron incorporando vegetación, instalando una pérgola para albergar un comedor exterior y eligiendo mobiliario que contribuye a generar un ambiente agradable y versátil. Esta continuidad entre dentro y fuera no solo hace que las estancias parezcan visualmente más grandes, sino que también refuerza la sensación de bienestar. Ahora, la luz natural entra con mayor generosidad, los espacios respiran y la vivienda se percibe más amplia y viva.

Recorre esta preciosa casa de Barcelona foto a foto
una casa reformada con estilo en un palacete de barcelona

Una casa para una nueva etapa

En todos los proyectos se busca que el resultado sea tan funcional y cómodo como bonito, pero en este, al tratarse de una casa para una nueva vida, esto era muy importante. "El proyecto se plantea como un espacio completamente renovado, preparado tanto para el día a día como para acoger a su familia y a sus nietos, en un entorno luminoso, abierto y vinculado al exterior", afirman los interioristas, que concluyen: "Es una casa pensada para una nueva etapa de vida de la propietaria, acompañándola en un cambio vital hacia un entorno más tranquilo y familiar".