«Este romántico apartamento en el campo me conquistó desde el primer instante», recuerda el interiorista David Jimenez. «La primera vez que recorrí el camino de entrada hacia la casa solariega, con sus torres y esa armonía clásica de líneas, volví a enamorarme de Francia». Instalado en París desde hacía seis años, el diseñador neoyorquino llevaba tiempo buscando una residencia en al campo para escapadas de fin de semana.

Tenía claro lo que quería: una propiedad con historia familiar, una arquitectura con personalidad y presencia, y una ubicación a menos de una hora de la ciudad. También soñaba con una finca privada, rodeada de prados y bosques, donde poder pasear largo y tendido acompañado solo por el canto de los pájaros. Tras dos años de búsqueda, dio por fin con el refugio perfecto: un amplio apartamento privado de ocho habitaciones en una casa solariega, dentro de los terrenos de un imponente château del siglo XVI.

exterior del chateau de david jimenez
Xavier Bejot
El apartamento está dentro del Château de Saintines, una preciosa finca de recreo del siglo XVI al norte de París.

Dónde está este precioso château

Este sofisticado retiro se encuentra cerca del encantador pueblo de Saintines, a una hora en tren al norte de París y a media hora de Chantilly. La propiedad está rodeada de robles centenarios, pinos aromáticos y campos abiertos. Al amanecer, de la banda sonora de trinos y armonía campestre se encargan los gorriones y las alondras.

Todo aquí transmite calma y serenidad. La finca en la que está unicado el apartamento se extiende a lo largo del bosque medieval de Compiègne, donde en otro tiempo cazaban el rey y su corte. Por él cruzaban los peregrinos que viajaban desde París hasta los manantiales sagrados de Saintines.

Ese poso histórico impregna el lugar, susurra junto al río que atraviesa la finca y se cuela en la visión francesa idílica que David Jimenez imaginó para decorar este espacio. «Para diseñar el apartamento me inspiré en los grandes decoradores franceses clásicos», explica. «Miré de cerca el trabajo de Henri Samuel y su manera de recibir. Estudié sus planos, cómo conseguía que las estancias fueran versátiles y elegantes. Ese era exactamente mi propósito».

david jimenez french manor house tour dining area
Xavier Bejot
Las sillas de estilo Louis XVI tapizadas en piel azul cobalto y las librería de librería de caoba son de Pierrefonds Antiquités.

Un refugio con historia y alma francesa
Entre arquitectura señorial, paisaje sereno y memoria histórica, la casa se revela como mucho más que una segunda residencia: es un escenario donde tradición, naturaleza y sensibilidad decorativa conviven con absoluta naturalidad.

Muebles de mercadillos y anticuarios

Situado en la segunda planta, el apartamento disfruta de una simetría muy armoniosa y de suelos de parqué. Las habitaciones se suceden unas a otras con la naturalidad propia de una refinada enfilade, una continuidad espacial que Jimenez reforzó pintando toda la vivienda en un cálido blanco roto, el clásico blanc cassé.

Terminada esa primera intervención, se instaló en la zona y comenzó a explorar con entusiasmo la escena de artesanos y manufacturas de la zona. Y descubrió magníficos anticuarios, galerías maravillosas y mercadillos con auténticas joyas. «Desde el principio quise crear interiores cómodos, sí, pero también profundamente ligados a la belleza de Francia, a estos pueblos y a esa alegría de vivir tan francesa».

Cozy living room with a fireplace and elegant furnishings
Xavier Bejot
In the salon, a ticking-upholstered recamier is positioned for easy conversation in front of the fire. A gilded Louis XV–style mirror (Miroirs Antiques) hangs above a marble mantel.

Y el campo, desde luego, está lleno de ella. Los sábados lo encontraban recorriendo carreteras secundarias, en busca de marchantes de arte y antigüedades. Los descubrió en pueblos vecinos como Verberie y Pierrefonds, en tiendas «que me aceleraban el pulso, mirase donde mirara siempre había algo que me emocionaba», recuerda.

Hallazgos únicos y oficios locales


Así fueron llegando lámparas de araña de bronce, espejos biselados encontrados en una tienda de antigüedades de piezas procedentes de herencias, una mesa de mercero y un conjunto de sillas de cuero azul cobalto halladas en un pequeño establecimiento a los pies del Château de Pierrefonds. «Los propietarios percibían mi curiosidad y la valoraban, y muchas de aquellas conversaciones terminaron convirtiéndose en amistades de verdad».

Ese espíritu cercano de la región también llevó a Jimenez a tejer una red de colaboradores locales: un anticuario especialmente avispado le recomendó un tapicero; una confeccionista de cortinas de nivel casi de alta costura le señaló al mejor electricista; y su experto tecnológico conocía a un artista especializado en dorados de una delicadeza extraordinaria. La decoración de David se construye a base de intuición, paciencia y relaciones personales: piezas encontradas en pueblos cercanos, artesanos de confianza y una mirada capaz de convertir cada descubrimiento en parte de un relato coherente.

Recorre este apartamento clásico francés en un château de ensueño
a french country style kitchen with doors flung open to the garden

El apartamento refleja esa misma calidez, sobre todo en el salón, donde Jimenez situó en el centro, frente a la chimenea, una récamier tapizada en tela de rayas. «Podría haber colocado dos butacas, pero habrían dado la espalda al fuego. Me encanta trabajar con divanes porque favorecen la conversación sin interrumpir la vista ni el paso», explica el diseñador, que repartió además pequeños taburetes por la estancia para disponer de asientos extra a la hora del aperitivo. «La pareja de sillas de estilo Luis XVI junto al tapiz tiene mucha personalidad. Se pueden incorporar fácilmente a cualquier rincón de conversación».

Desde los altos ventanales del salón, Jimenez contempla manzanares y claros del bosque cubiertos de helechos. A lo lejos se escuchan los caballos en los terrenos del château y una delicada sinfonía de pájaros. «Está maravillosamente integrado en la naturaleza», dice. «Aquí, en el campo, se siente una calma, una alegría y una sensación de bienestar muy especiales».

Vía: Veranda