Lichtung, en alemán, significa claro del bosque: ese hueco que se abre entre los árboles y por donde entra la luz. Resume a la perfección lo que ocurrió con esta vivienda unifamiliar de 530 metros cuadrados en Mirasierra, al norte de Madrid, en una zona de encinas y pinos donde cuesta recordar que el centro queda a quince minutos. La familia que acabó comprándola –un matrimonio alemán joven, con dos hijos pequeños y dos negocios propios– buscaba precisamente eso: un hogar luminoso para vivir todo el año, trabajar desde casa y recibir a menudo.

    El encargo recayó en CYSA Atelier. Su intervención empezó antes de que existiera la casa: la familia quiso contar con el estudio para mirar las viviendas con ojos de proyecto, atendiendo a la estructura y las orientaciones más que a la decoración. Cuando vieron juntos una casa cerrada y oscura de 1984 –la que la mayoría habría descartado nada más entrar–, fueron los interioristas quienes les recomendaron comprarla.

    comedor con vistas al jardín
    Aránzazu Catalán

    Una rehabilitación integral por fases, con la casa habitada

    Cuando el estudio entró por primera vez, lo que dominaba era el color. Paredes forradas de madera oscura, carpinterías, suelos y hasta algún techo, todo teñido de un tono plomizo y apagado que absorbía la luz. La vivienda no estaba en mal estado, pero sí en el límite, con instalaciones obsoletas, aislamiento insuficiente y carpinterías sin rotura de puente térmico. El encargo cabía en una frase: quitarle el marrón y devolverle la luz.

    La dificultad no estaba solo en el alcance, sino en el calendario. Reformar 530 metros cuadrados con dos niños pequeños dentro obligó a dividir el trabajo en cuatro fases encadenadas, de manera que siempre quedara una zona habitable. La primera (2022) resolvió lo urgente y lo estructural: baños de la planta primera, tarima de la segunda, aerotermia y placas fotovoltaicas. La segunda (2023) fue el corazón del proyecto, la planta baja completa. La tercera (2024) subió a los dormitorios, los despachos y la zona de piscina, y la cuarta (2025) cerró con la terraza superior, el patio, la pérgola y el sótano.

    Entre fase y fase hubo pausas para que la familia descansara de la obra y fuera haciendo suya la casa. Buena parte del valor del proyecto está, además, en lo que no se tocó. Se conservaron y restauraron las carpinterías de madera maciza, las contraventanas exteriores, las bóvedas del hall y del comedor y la escalera, con sus tabicas de azulejo y la barandilla torneada. El cliente, ingeniero de formación, se implicó en el diseño de la ventilación y en la instalación fotovoltaica, hasta dejar la vivienda casi autosuficiente: produce más energía de la que gasta.

    Una planta baja abierta: cocina, salón y comedor en un mismo espacio

    La intervención de mayor calado fue la planta baja, donde se derribó la tabiquería que partía el centro de la casa en estancias inconexas. En su lugar quedó un único ámbito continuo en el que cocina, comedor y salón comparten luz y vistas sin perder su función. No es un open concept genérico, porque cada zona mantiene su carácter, ordenada por una chimenea panorámica a dos caras que se ve a la vez desde el salón y desde el comedor. Por aquí entró el jardín por primera vez, gracias a unos ventanales de correderas elevables de gran formato.

    El recorrido empieza en el vestíbulo, con suelo porcelánico de Marazzi colocado en espiga y mobiliario a medida fabricado por los carpinteros del estudio: un banco de entrada con almacenaje interior, panelado y armario integrado. La puerta de acceso se lacó en verde intenso, el mismo guiño cromático que la conecta con el jardín. Destacar también que las puertas castellanas originales se conservaron y se volvieron a lacar, con herrajes nuevos de acero inoxidable mate, manillas Olivari y mecanismos Jung LS 990 unificados en toda la vivienda.

    En el salón, el verde suave de las paredes hace de puente cromático con el exterior. El mueble principal va empotrado y se ejecutó de forma artesanal en obra, con tableros chapados en roble y un frente de roble estriado de Latho; el sofá y la butaca, de Ormos, se hicieron a medida. La iluminación se resolvió con focos empotrados de escayola, un trabajo de oficio del propio estudio que se repite por toda la casa. Las cortinas de lino del comedor son de confección a medida y la obra original que cuelga de las paredes es de la artista Iratxe Arteta.

    salón con sofá verde y muebles de madera
    Aránzazu Catalán

    La cocina, abierta al resto de la planta, se encargó a Gunni & Trentino, con frentes lacados en verde cálido. La isla central integra el fregadero, un grifo Quooker de cuatro funciones y una placa de inducción BORA con extractor por el suelo, que evita la campana y deja la pared libre para estanterías. La encimera es Dekton de Cosentino, los electrodomésticos son Siemens y hay una vinoteca Pando bajo encimera. Las lámparas de cocina y comedor, de una firma artesanal alemana, las buscó y trajo la propia clienta como pieza singular del conjunto.

    Los acentos de color aparecen en las piezas pequeñas. El aseo de cortesía juega la carta mediterránea, con mueble de madera maciza de Tikamoon, lavabo de piedra y baldosa hexagonal de WOW. La sala de juegos se viste con un papel pintado mural y verde intenso para subir la energía del espacio. Ese verde, en distintas intensidades –oliva en las zonas de día, más saturado en la puerta de entrada, los baños y el cuarto de los niños–, es el hilo que cose toda la casa, acompañado de tierras, arenas y blancos rotos.

    Dormitorios, despachos y un jardín que se integra con el interior

    En las plantas superiores se respetó la distribución original, afinándola. El dormitorio principal conserva una atmósfera serena, con suelo porcelánico de Marazzi, carpintería nueva de perfil oculto y vidrio bajo emisivo, y armario a medida adaptado al hueco. Los dos dormitorios infantiles se personalizaron con papeles murales elegidos por los propios niños –vida marina en uno, constelaciones y planetas en el otro– y con mesas de estudio fabricadas a medida por los carpinteros del estudio.

    Respecto a los baños, el principal combina revestimiento cerámico artesanal en verde intenso, doble lavabo de Tikamoon sobre encimera, espejos arqueados y grifería Grohe. El de los niños, más informal, recurre a IKEA y a azulejos de Vives Cerámica en tonos escogidos por ellos. La doble condición de teletrabajo de la pareja se resolvió con dos despachos independientes: el de ella, en planta primera, con reaislamiento de cubierta y suelo radiante propio; el de él, en la segunda, junto a la habitación de invitados, con baño asociado y vistas a la sierra.

    En el exterior, el patio trasero, que durante años había filtrado agua, se impermeabilizó con lámina TPO y se cubrió con una pérgola bioclimática retráctil de aluminio antracita, motorizada y con LED integrado. Unas claraboyas con cámara de argón llevan ahora luz natural hasta el sótano, antes residual y hoy convertido en lavandería, bodega, gimnasio y despensa. La zona de piscina se rehízo con solado antideslizante, ducha exterior y una cocina de exterior con barbacoa de gas encastrable, pensada para las reuniones largas en el jardín.

    Recorre esta casa luminosa con 530 metros cuadrados y un estilo contemporáneo pero cálido
    piscina y muebles de jardín

    Cuatro años después, la casa marrón ha desaparecido. En su lugar hay una vivienda clara y abierta al jardín, fruto de un interiorismo pausado que cruza el oficio nórdico con la artesanía mediterránea y pensada para envejecer despacio, con materiales elegidos para resistir veinte o treinta años de uso y dos niños creciendo dentro. El verde que antes se quedaba al otro lado del cristal ha pasado a las paredes, a la cocina y a la puerta de acceso, hasta volver difícil decir dónde termina la casa y dónde empieza el bosque. Eso, justamente, es un Lichtung.