Entre onduladas colinas del norte de Lancashire (Inglaterra), con ovejas pastando apaciblemente en todas direcciones, se alza Whittington Hall, la mansión de estilo jacobeo de Aeneas, decimoquinto lord Reay, y de su esposa Mia, lady Reay. Rodeada de extensos jardines, parques y huertos de ciruelos damascenos y manzanos, la casa domina el espectacular valle del Lune y ocupa el corazón de una finca entregada a la vida de campo, con pesca, caza, bosques y explotación lechera.

La propiedad fue concebida por George Webster, el prolífico arquitecto inglés afincado en Kendal durante la primera mitad del siglo XIX, una época considerada por muchos la edad de oro de la casa de campo inglesa. Whittington Hall conserva todos los rasgos distintivos de su lenguaje arquitectónico: una presencia majestuosa e imponente, torres y chimeneas de aire pintoresco y grandes ventanas verticales pensadas para inundar de luz los interiores.

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Lord y Lady Reay (Aeneas y Mia) con sus hijos Alexander, Iona y Harry Mackay y Basil, el labrador retriever de la familia.

Un castillo con muchas historia

Cuando el padre de Aeneas adquirió la casa en 1997, su madrastra, Victoria, y el anticuario inglés Piers von Westenholz, célebre por haber decorado residencias para la realeza británica, emprendieron una renovación que imprimió a los interiores un carácter profundamente inglés. Aun así, cuando Aeneas y Mia heredaron la propiedad en 2013, resultaba evidente la necesidad de refrescar sus espacios con una sensibilidad renovada.

Ese nuevo capítulo decorativo vino marcado por una singular mezcla de herencias y afinidades culturales. La familia de Aeneas es de ascendencia escocesa y neerlandesa, y Lord Reay ostenta históricamente el título de jefe del clan Mackay. Mia, nacida en Finlandia y formada en Cambridge, aportó a la casa una mirada cosmopolita, delicada y profundamente intuitiva. El resultado es un interiorismo que no busca imponerse sobre la historia, sino conversar con ella.

Recorre este castillo del siglo XIX
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Cómo decorar una casa antigua manteniendo su esencia

"En términos decorativos, no quería alterar el espíritu de la casa", explica Mia. "Quería incorporar matices, añadidos sutiles que parecieran haber estado siempre ahí". Esa filosofía de intervención contenida, casi imperceptible en su elegancia, define cada estancia de Whittington Hall. Fue precisamente esa búsqueda de autenticidad la que llevó a Mia a crear sus propios papeles pintados para decorar las paredes.

Fascinada por la belleza de los diseños pintados a mano, pero incapaz de encontrar piezas que respondieran exactamente a su sensibilidad, decidió dar forma a sus propias composiciones. Pintora desde la infancia, convirtió esa inclinación natural en una colección lanzada en 2023, desarrollada con la guía del pintor decorativo Graham Carr y producida íntegramente con materiales británicos y de origen ético.

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Sus diseños, arraigados en la tradición de la casa de campo, combinan grandeza atemporal y frescura visual. Inspirados por la naturaleza, por el diseño histórico y contemporáneo, y por fragmentos de textiles y cerámicas antiguas, sus papeles poseen una cualidad pictórica y matizada que rehúye la perfección mecánica. "Utilizo colores rotos, mezclas de varios matices, sobre paneles de papel con apariencia de pergamino", explica. "Estas capas aportan suavidad, pátina y profundidad. Ningún dibujo encaja de forma perfecta, y eso les confiere un encanto deliciosamente antiguo".

En Whittington Hall, estas creaciones se integran con naturalidad en una decoración ya consolidada. En la biblioteca, el diseño Utopia, inspirado en un plato persa del siglo XVII, despliega enredaderas floridas y aves color esmeralda sobre las paredes, en un diálogo inesperadamente perfecto con las cortinas existentes de Colefax and Fowler. En el cuarto de baño empapelado, Drottningholm Tree hace trepar delicadas ramas pintadas a mano por los muros, aportando una sensación de romanticismo sereno. Y en el distribuidor de la cocina, Bukhara, adaptación de un antiguo bordado suzani uzbeko, introduce una nota vibrante de lirios en rosa salmón y turquesa entre bastones, sombreros, cañas de pescar y cuencos para perros.

Mezcla de muebles antiguos con estilo ecléctico

Más allá de los revestimientos murales, Mia ha trabajado el conjunto de la casa con una sensibilidad escenográfica y doméstica a partes iguales. Ha reorganizado muebles, recolgado cuadros y miniaturas, y afinado la paleta cromática para devolver ligereza y coherencia a los espacios. En el salón principal, un blanco cremoso en las paredes, cojines con motivos abstractos en rojo de Penny Morrison y antiguos suzanis ikat uzbekos conviven con el chintz suavemente desvaído de Colefax and Fowler que tapiza los sofás y butacas de Howard & Sons. El efecto es refinado, cálido y profundamente habitable.

Especialmente revelador resulta el Green Hall, el salón que la familia utiliza a diario. Allí, la antigua carpintería de madera oscura y tallada se ha repintado en Pea Green, de Farrow & Ball, un tono luminoso y alegre que transforma por completo la atmósfera del espacio. Bajo cornamentas de las Highlands y retratos ancestrales neerlandeses, la nueva tonalidad introduce una ligereza de espíritu que convive con absoluta naturalidad con las cortinas de Pierre Frey.

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Dormitorios inspiradores decorados con elegancia

En los dormitorios, la narrativa decorativa se vuelve más íntima y evocadora. El dormitorio principal se reviste de detalles femeninos y delicados, desde el diseño Queen’s Necklace, inspirado en un fragmento textil del siglo XVIII asociado al célebre escándalo de las joyas de María Antonieta, hasta un abanico europeo del siglo XIX enmarcado y una falda de tocador en voile suizo. En otra habitación, un chintz antiguo y lino acompañan una cama con dosel George III, mientras un papel pintado de lirios iris en tono tabaco, inspirado en una ilustración botánica del siglo XVII, aporta profundidad y carácter.

La casa, sin embargo, no termina en sus interiores. Los jardines de Whittington Hall prolongan esa misma idea de belleza cultivada sin afectación. Setos de tejo y topiaria enmarcan terrazas en flor con antiguas rosas inglesas, lirios y cosmos; una antigua puerta de hierro forjado señala la entrada lateral al jardín; y, entre jardines formales, parques y huertos, emerge un invernadero exuberante que resume el espíritu del lugar: orden, abundancia y poesía rural.

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En Whittington Hall, la decoración no se entiende como un ejercicio de estilo, sino como una forma de continuidad. Todo parece haber encontrado su lugar con el tiempo, aunque detrás exista una mirada precisa y una sensibilidad extraordinariamente afinada. «Lo más importante para mí es la atemporalidad», afirma Mia. "Si veo una tendencia, hago justamente lo contrario. John Fowler nunca siguió la moda, y su decoración sigue pareciendo plenamente vigente hoy. Sea moderno o tradicional, si algo es bello, siempre será bello". Y quizá ahí resida la verdadera lección de esta casa: en recordar que la elegancia más perdurable no necesita imponerse, solo saber permanecer.

Vía: Veranda
Traducido y editado por María Jesús Revilla