El interiorismo lleva casi un siglo repitiendo el "menos es más" que popularizó Mies van der Rohe hasta dejarlo convertido en dogma. La clienta de este proyecto milita, sin complejos, en la corriente contraria, la del "más es más". Con esa declaración de intenciones por delante, ella y su pareja –residentes en Barcelona y viajeros habituales a Madrid por trabajo– se propusieron encontrar una segunda residencia en el barrio de Salamanca que no renunciara al color ni al carácter, aunque para lograrlo hubiera que reinventar de arriba abajo sus 90 metros cuadrados.

El encargo lo asumió el estudio de interiorismo Livener, acostumbrado a un estilo bastante más sereno que ese "más es más". Ahí estaba el primer reto, conciliar el lenguaje habitual de la firma con el apetito maximalista de la propietaria. El resto del proyecto era claro: las zonas comunes tenían que convertirse en el centro de gravedad de la casa, el sitio donde la familia coincidiera al volver y recibiera a las visitas; y la zona de noche debía incluir dos dormitorios con baño integrado que dieran independencia a padres e hija. Una lista de deseos ambiciosa para una planta tan medida.

cocina con isla central
Patricia Gallego

Cocina integrada en el salón, la decisión que reordenó la planta

La intervención de mayor calado consistió en trasladar la cocina a la antigua zona de salón. Aunque puede parecer arriesgado mover el núcleo húmedo de un piso, aquí, era la única manera de conseguir lo que la familia pedía: que cocinar, comer y estar sucedieran en un mismo ambiente continuo. La conexión entre cocina y salón fue, de hecho, uno de los conceptos que la pareja puso sobre la mesa desde el primer momento. Al liberar la cocina de su antiguo cuarto cerrado, las interioristas ganaron una zona común mucho más amplia.

Ese gran espacio social se ordena gracias al pavimento porcelánico en espiga que recorre toda la vivienda desde la entrada. Es el hilo conductor del proyecto y, de paso, el guiño más claro al carácter clásico que se buscaba. La espiga arranca en el recibidor y se repite estancia tras estancia, incluyendo las zonas húmedas.

La reforma fue integral, así que poco quedó del piso original. Las molduras de partida no pudieron conservarse; en su lugar, el estudio diseñó otras nuevas de aire clásico y las incorporó para no perder la esencia señorial del espacio. Esa convivencia entre lo heredado y lo recién hecho define el tono del proyecto, un clásico renovado que se permite ciertas licencias en el color y en los textiles.

Tonos neutros y capas, el punto medio entre dos estilos

Con la planta resuelta, el trabajo se centró en encontrar el punto medio entre el lenguaje habitual del estudio y el gusto más expresivo de la clienta. Así, en las zonas comunes manda una base de tonos neutros y cálidos, sobre la que después se van sumando estampados, tejidos y objetos que aportan esa densidad visual de las casas vividas. Buena parte de esas capas llega de la mano de papeles pintados y tejidos de firmas como Elitis y Güell Lamadrid. Carácter, sí, pero con vocación atemporal.

pasillo y recibidor con consola de madera y molduras en las paredes
Patricia Gallego

La zona de estar concentra el mobiliario de mayor empaque, buena parte de él de Roche Bobois, que firma las piezas principales del salón y el comedor y que conviven con los tejidos de las firmas ya citadas. La cocina es obra de Laida Cocinas y, tras el traslado al antiguo salón, ha quedado a la vista del resto de la zona de día. Se resolvió con un tono sobrio, más cercano a un mueble de salón que a una cocina al uso, para no competir con los estampados de las áreas de estar. El equipamiento, de Siemens, queda integrado en ese mismo ambiente.

Dos dormitorios en suite con el color como protagonista

Si las zonas comunes apuestan por la neutralidad, los dormitorios se reservan las notas de color más intensas de la casa, que es donde la propietaria se permite estirar del todo su gusto por la mezcla. En el dormitorio principal, la atención se dirige al cabecero curvo con un tapizado floral en tonos rojizos. El papel pintado, con motivos a rayas, se extiende a las puertas del armario, generando la armonía que un espacio de descanso precisa.

El segundo dormitorio, el de la hija adolescente, repite el mismo diseño curvo en el cabecero, aunque el tapizado, también con estampado floral, tiene un aire más juvenil. Junto a la ventana, las interioristas construyeron un nicho de obra con la parte superior ovalada, combinando con el cabecero, y lo transformaron en una sencilla estantería con baldas de madera. Aprovechando el hueco bajo la ventana, diseñaron también un escritorio en la misma madera. Asimismo, Cada uno de los dormitorios cuenta con baño en suite, ambos equipados con sanitarios de Duravit y revestimientos de pared en tonos neutros.

Un piso de diseño atemporal con pinceladas de color en la zona de noche
consola de madera con diseño curvo, dos puffs tapizados y espejo de pared con marco envejecido

Ahora, la pareja tiene ya su casa en Madrid, con las zonas comunes convertidas en el centro de la vida en familia y dos dormitorios que funcionan con total independencia, justo lo que pedían para sus estancias de trabajo en la ciudad. La duda de partida, si el estilo de un clásico renovado del estudio podía convivir con el "más es más" de la clienta, se despejó en cuanto ambas sensibilidades encajaron en estos noventa metros.