La memoria de Fabiola de Bélgica no deja lugar a dudas: puede figurar como la reina española más querida, por la enorme simpatía que recibió no solo en su país de origen sino también en Bélgica, donde llegó con 32 años para casarse con el rey Balduino. Este matrimonio que unió para siempre a las casas reales de España y Bélgica se convirtió en un ejemplo de amor y rectitud y puede decirse que su discreción resuena muchísimo en el actual reinado de Felipe y Matilde, actuales monarcas.

Antes de que esta boda marcara para siempre su destino, Fabiola de Mora y Aragón tuvo una vida apasionante, a pesar de que su temperamento siempre fue tranquilo y más inclinado a la meditación que a la aventura. Con solo tres años, vivió el exilio junto a su familia, que siguió el destino de la familia real con el advenimiento de la República. A su vuelta en 1939, su padre, el marqués de Casa Riera, y su madre, marquesa de Casa Torres, se instalaron en el Palacio de Zurbano, en Madrid. Los veranos, sin embargo, los pasaban en el País Vasco.

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Cortesía de Palacio de Elio

Las raíces de Fabiola de Bélgica en Navarra

Las raíces vascas de Fabiola de Mora y Aragón son profundas, sobre todo con la ciudad de Zarautz, pero también con Navarra y el Palacio de Elio, una propiedad que se remonta a 1350.

El Palacio de Elio fue una de las residencias de verano de Fabiola de Bélgica junto a la de Zarauz, en Guipúzcoa, de donde era originaria la familia de su tatarabuelo materno, Joaquín Francisco de Barroeta-Aldamar y Hurtado de Mendoza. De hecho su madre, Blanca de Aragón y Carrillo de Albornoz Barroeta-Aldamar y Elío, heredera del señorío de Elio, nació en 1892 en Getaria. Su nombre está unido al de Cristóbal Balenciaga: Micaela Elio y Magallón, bisabuela de Fabiola, fue la auténtica descubridora del creador.

Tanto su hija como su nieta, ambas marquesas de Casa Torres, continuaron con su apoyo al modista donostiarra. También su bisnieta, antes y después de convertirse en reina de Bélgica: hasta le encargó su icónico vestido de novia. Así lo contó el mismo Balenciaga, en la revista Paris Match en 1968:

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Cortesía de Palacio de Elio

La conexión de Fabiola con Balenciaga

"Mi suerte fue que en mi pequeño pueblo (Guetaria, Guipúzcoa), cercano a San Sebastián, se encontraba la residencia de verano de una gran dama, la marquesa de Casa Torres. Yo no tenía más que ojos para ella cuando llegaba a misa el domingo, bajándose de su tílburi, con sus largos vestidos y sus sombrillas de encaje. Un día, reuniendo todo mi coraje, le pedí visitar sus armarios. Divertida, aceptó. ”.

“Y así viví meses maravillosos: cada día después del colegio, trabajaba con las planchadoras de la marquesa en el último piso de su palacio de verano, acariciaba los encajes, examinaba cada pliegue, cada punto de todas estas obras maestras. Tenía 12 años cuando la marquesa me autorizó a hacerle un primer modelo. Podéis imaginar mi alegría cuando, al domingo siguiente, la amable dama llegó a la iglesia luciendo mi vestido. Así fue cómo hice mi primera entrada en la alta costura y en la alta sociedad".

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Cortesía de Palacio de Elio

Un palacio medieval para veranear

Pero volvamos al Palacio de Elio, pues puede ser el lugar de vacaciones de la reina Fabiola más desconocido. Todo lo contrario que Villa Astrida, su residencia de verano en Motril, en Playa Granada, donde falleció el rey Balduino en 1993. Formado por cuatro viviendas auxiliares, una iglesia del siglo XV y un palacio de cabo de armería (los solares de la nobleza navarra más antigua) que data del siglo XVI, el complejo ha estado cerrado durante décadas, tras la muerte de su propietaria. Entonces pasó a manos de la Fundación INEIS, presidida por Letizia Ruiz de Ojeda Silva, heredera de Fabiola.

La joya de este señorío es, sin duda, el palacio de estilo tardogótico, con una maravillosa tipología medieval de alas horizontales, construcción en sillarejo (piedras irregulares y labradas toscamente) y torreones cuadrados en las esquinas, rematados en palomar. Además, tiene la puerta ligeramente apuntada. Al entrar al edificio principal descubrimos su patio, alrededor del cual se desarrollan todas las estancias en dos plantas. Destaca un cuerpo más alto en la parte noroeste del mismo y la fachada sur, con una gran galería que se abre sobre el jardín y el paisaje. También las dos torres de planta rectangular y un bello escudo rococó de la segunda mitad del siglo XVIII adosado en la fachada.

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Cortesía de Palacio de Elio

El renacer cultural del Palacio de Elio

En verano de 2023, la Fundación INEIS llegó a un acuerdo con el empresario Fernando Ruiz de Ojeda, también familiar de la reina Fabiola, para que el Palacio de Elio fuera la sede de la fundación (R)Forest Project. Se trata de una empresa se dedica a repoblar bosques y zonas quemadas o degradadas, además de a la retirada de plásticos en ríos, playas y zonas costeras. Ruiz de Ojeda contó al diario La Razón cómo tras su llegada pudo conocer la vida de la casa a través de personas que todavía recuerdan sus tiempos de gloria.

«Hace poco vino a verme Román, de Echauri, el pueblo de al lado. Me contó que su madre, Tomasa, fue la cocinera de la casa y recordó la última visita de Fabiola y Balduino. No se quisieron marchar de allí hasta que la encontraron y las dos mujeres se pudieron fundir en un abrazo que tenía mucho de despedida. Sabían que no se iban a volver a ver». La aristócrata falleció a los 86 años el 5 de diciembre de 2014, en su residencia en el Castillo de Stuyvenberg en Laeken (Bélgica).

Recorre el Palacio de Elio, de Fabiola de Bélgica, foto a foto
palacio fabiola

El propósito de Fernando Ruiz de Ojeda es recuperar el aspecto original del complejo para destinarlo a formación y, quizá también, a eventos. De momento, ha convertido el palacio en escenario de varios proyectos culturales interesantes. Primero, unas jornadas de recuperación de la memoria de María Luisa Elio, actriz e intelectual exiliada en México, perteneciente a la rama roja de la aristocrática familia navarra. Digamos, para situar su importancia en el panorama intelectual latinoamericano, que Gabriel García Márquez le dedicó Cien años de soledad, su novela eterna. Ahora, una exposición del pintor y escultor Carlos Ciriza.