Fue probablemente la parada menos viral de la visita del príncipe Harry, Meghan Markle y sus hijos a Reino Unido. Comprensible, pues toda la atención se enfocó a la discretísima reunión con el rey Carlos III, después de seis años de exilio en Montecito: Archie y Lilibeth no veían a su abuelo desde 2022. Sin embargo, sabemos que el duque de Sussex no se limitó a acudir a Highgrove House, en Gloucestershire. También sacó tiempo para acudir a Althorp House, en el condado de Northamptonshire, para visitar la tumba de su madre, Diana de Gales, y ver a su familia materna.

Althorp House se encuentra a 122 kilómetros de Londres, entre los pueblos de Great Brington y Harlestone. La propiedad posee más de 50 kilómetros cuadrados en los que se erige no solo la casa señorial, una de las más imponentes de Inglaterra, sino también bosques, granjas y aldeas gestionadas por la familia Spencer. Althorp House es el hogar de los Spencer desde 1480: 19 generaciones de la familia han ocupado la propiedad, desde que Sir John Spencer, ovejero, decidió construir la mansión que hoy conocemos.

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Althorp House, una de las mansiones más impactantes

La mansión sobre la que hoy gira la vida de la familia Spencer se construyó en 1508 y posee una arquitectura clásica que combina varios estilos

Althorp House conserva su estructura original Tudor de ladrillo rojo con añadidos que atestiguan importantes influencias italianas y neoclásicas: en el siglo XVIII se contrató al famoso arquitecto Henry Holland para que hiciese cambios radicales en su fachada. Puede visitarse solo durante los dos meses de verano y no solo para recordar a la fallecida Diana de Gales. En 2024 se descubrió una villa romana en la propiedad y el conde Spencer, hermano de Lady Di e historiador, autorizó las excavaciones arqueológicas proyectadas para su conservación. Este verano, se abren nuevas estancias privadas al público, con recorridos que permitirán conocer mejor la historia de la familia.

La mansión de los Spencer cuenta con 90 habitaciones, muchas bautizadas con el nombre de nobles o monarcas británicos, muchos de los cuales pernoctaron en la casa, además de salones y galerías decoradas con muebles antiguos, objetos históricos y obras de arte. En la biblioteca, se conserva una extensa colección de libros raros y manuscritos históricos. En el Museo Chino, se puede admirar la colección de porcelanas y piezas orientales y una galería de 60 pinturas entre las que se encuentran Guerra y paz, del pintor flamenco Anton Van Dyck. El empaque histórico del lugar es innegable.

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Diana de Gales y su adolescencia en Althorp

Diana de Gales vivió en Althorp desde los 13 años, hasta su matrimonio con el príncipe Carlos en 1981. Nació en Park House, la casa perteneciente a los terrenos reales de Sandringham concedida por el rey Jorge V a su abuelo materno, un lugar majestuoso rodeado de áreas verdes. Allí encontró en los animales, sobre todo en los caballos, a sus primeros cómplices: no tuvo demasiada compañía de sus hermanas mayores ni de Charles, el menor y heredero. Sin embargo, tenía innumerables mascotas, a las que organizaba una ceremonia de despedida cuando morían, sepultándolos bajo alguno de los múltiples árboles que había en la propiedad.

A los siete años, los padres de Diana se separaron (la madre abandonó al vizconde de Spencer) y los niños quedaron bajo custodia del padre: fue el episodio de su infancia que más la marcó, porque sus padres batallaron mucho por la custodia. A los 13, todo empeoró: tuvo que mudarse a Althorp House, porque su padre había heredado el título y la propiedad. Además, se casó con Raine, condesa de Dartmouth, con la que Diana no conectó nada. De hecho, ya adulta describió su infancia como «muy infeliz y muy inestable».

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La soledad de la joven Diana

Toda la experiencia, el divorcio, la mudanza y la soledad en Althorp, la convirtió en una joven especialmente sensible. La niña risueña y traviesa que recordó su hermano Charles en el documental The Story of Diana, quedó aislada tras las paredes de la enorme Althorp House, a 120 kilómetros de Londres, donde vivía su madre. “Fue una infancia muy triste. Nuestros padres estaban muy ocupados en sus propios asuntos. Mamá siempre lloraba. Papá nunca nos hablaba sobre el tema y nosotros jamás podíamos hacer preguntas”, escribió Diana en el libro Diana: Her True Story, In Her Own Words.

Dicen que la empatía que se convirtió en su seña de identidad ya como miembro de la familia real, su sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno y su capacidad para conectar emocionalmente con las personas se gestó en los duros días de adolescencia y primera juventud en Althorp House. Sus hermanos la han recordado caminando sola por los jardines de la finca, buscando refugio frente a las tensiones familiares y, a la vez, deseosa de encontrar la calidez afectiva que le negó una familia aristocrática. Una mezcla de timidez y necesidad que acabaría definiendo a la mujer que, ya convertida en princesa de Gales, desveló las fallas de una inescrutable familia real y de su reina, Isabel II.

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Dicen que los productores de The Crown insistieron una y otra vez para conseguir que el conde de Spencer, el hermano de Diana de Gales, diera permiso para rodar en Althorp House. No lo lograron, pues este consideró que la serie de Netflix tenía “muchas conjeturas y mucha invención”. Quizá la grandiosidad de Althorp, su frialdad también, podía explicar mucho de la personalidad melancólica, por momentos triste, de su hermana Diana.