¿Qué hace que una casa histórica resulte tan irresistible? Cuando sus hijos ya se habían independizado, los clientes de la diseñadora de Dallas Cathy Kincaid llevaban tiempo pensando en mudarse a una vivienda más cómoda y fácil de mantener. Fue entonces cuando salió al mercado la encantadora casa de estilo colonial español de los años treinta situada justo frente a la suya. “Siempre me había fijado en ella y sabía que tenía potencial”, cuenta la propietaria. “Necesitaba muchísimo trabajo. Otra persona quizá habría pensado en derribarla, pero nosotros no pudimos resistirnos”.

La reforma que siguió fue, sin exagerar, de gran envergadura. Se sustituyeron casi todas las puertas, ventanas y superficies, aunque siempre con una idea muy clara: devolver a la casa una autenticidad coherente con su origen. No se trataba de modernizarla sin más, sino de recuperar el carácter que pudo haber tenido cuando fue construida. “Entendieron perfectamente el espíritu de la vivienda”, explica Kincaid.

front garden and exterior view a dallas residence.
James Merrell

En Dallas, pero estilo colonial español

La diseñadora, además, ya había trabajado con la pareja en otras propiedades, incluida su anterior casa en Texas y su pied-à-terre en Manhattan.

Aunque procedían de la Costa Este, los propietarios habían vivido más de veinte años en Santa Bárbara, California, antes de instalarse en Dallas, así que conocían bien el atractivo de la arquitectura de influencia española. Esa familiaridad fue clave a la hora de abordar el proyecto. “La vaciaron por completo hasta dejar solo la estructura, pero en lugar de pedir estancias más grandes, tenían muy claro que querían conservar la atmósfera y la escala original de la casa”, señala la diseñadora. Y esa decisión lo cambió todo, porque permitió mantener intacta la sensación de intimidad que define este tipo de viviendas.

Para vestir los interiores, Kincaid recurrió a una paleta de azules suaves y blancos, inspirada en la colección de porcelana que la propietaria ha reunido durante toda su vida. El resultado transmite calma, continuidad y una elegancia serena.

Universo cromático de color azul

kincaid dallas library exterior or interior view
James Merrell

Solo la biblioteca, un espacio especialmente acogedor donde la pareja pasa las noches leyendo junto al fuego, se aparta de ese universo cromático que tanta coherencia y personalidad le concede a esta casa. Con paredes lacadas en tono melón y cortinas color oliva, se logra el objetivo de crear una atmósfera más envolvente.

Aunque buena parte de la tapicería a medida procedía de su anterior vivienda, varias piezas se retapizaron con nuevas telas que aportan un aire más ligero y actual, sin romper la armonía del conjunto. “Esa mezcla de lo formal y lo informal es precisamente una de las cosas que más me atraen de este tipo de casas”, dice la propietaria. “Tenía ganas de algo más relajado”.

Sobredosis de porcelana

kincaid dallas dining room interior design
James Merrell

Con esa idea, Kincaid trabajó con tonos apenas insinuados —como el gris con matiz lavanda del salón o el rosa empolvado del dormitorio principal— para crear una base neutra sobre la que pudieran convivir estampados, texturas y color. Los textiles antiguos y los muebles pintados en rojos suaves, violetas y dorados aportan profundidad y calidez, pero de una forma natural, sin rigidez ni exceso.

Ese lenguaje decorativo alcanza uno de sus mejores momentos en el comedor, donde casi todo responde a la misma armonía en azul y blanco: desde las fuentes colgadas en las paredes hasta los jarrones colocados sobre estantes y ménsulas, pasando por el zócalo revestido con azulejos portugueses antiguos. “Es una auténtica sobredosis de porcelana”, dice Kincaid entre risas. Para reforzar esa atmósfera, eligió estampados coordinados en cortinas y tapicerías. “Los colores y los dibujos dialogan entre sí, no compiten. Cuanto más añades, menos recargado puede parecer”.

Recorre la casa de la porcelana
kincaid dallas living room interior design with furniture

El pabellón independiente de la casa

Algunas comodidades contemporáneas, sin embargo, no podían integrarse dentro de la huella original de la casa. La solución fue construir un pabellón independiente, con fábrica de ladrillo retranqueada y arcos que se funden con naturalidad en el lenguaje arquitectónico de la residencia principal. Allí encontraron espacio un despacho, un gimnasio, un spa y una casa de invitados. Esta ampliación no solo preserva una de las mejores cualidades de la arquitectura original, sino que la prolonga: esa sensación atemporal de escala íntima, pensada para vivirse de cerca y sin artificios.

“En estas habitaciones uno se siente cómodo”, resume la propietaria. “La casa crece cuando lo necesitamos, pero funciona perfectamente para nosotros cuando estamos solo los dos”. Y quizá ahí esté la clave de su encanto: en una manera de entender el lujo no como exceso, sino como equilibrio, memoria y una belleza que se disfruta con absoluta naturalidad.

Vía: Veranda
Traducido y editado por Lola Fernández