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Ubicada en Pozuelo de Alarcón, a las afueras de Madrid, esta vivienda unifamiliar de 500 metros cuadrados se distribuye en cinco plantas perfectamente equipadas para un día a día lleno de confort y funcionalidad. El proyecto, llevado a cabo por Maura Studio, debía adaptar la casa a las necesidades de una familia que la usaría como residencia principal, y donde el arte gozaría de un enorme peso visual.
Con cinco plantas que organizar, el primer reto consistió en decidir qué función tendría cada una. La idea era que la casa se viviera por completo, también en el sótano y en las plantas altas, y no solo en los niveles centrales. Así, los cambios de distribución se concentraron en los dormitorios y el sótano, donde había más margen para recolocar metros, mientras el resto de la vivienda conservó su estructura original. Los materiales, en cambio, se renovaron por completo, siendo especialmente protagonistas la madera y el mármol.
Así se distribuyeron cada una de las cinco plantas
Empezamos por abajo. El sótano funciona como la planta de ocio de la casa. El gimnasio, bastante completo, tiene las paredes de hormigón visto, con un aire urbano que acompaña a la hora de entrenar. A su lado quedan un cuarto de juegos para desconectar, la zona de servicio y la lavandería. La planta se completa con una segunda cocina, colocada aquí a propósito para dar servicio a todo este nivel sin tener que subir a la principal.
Las plantas intermedias reúnen la vida en común. El salón, el comedor y la cocina forman una zona conectada, junto a un amplio recibidor que abre la casa. El salón da directamente al jardín, que tiene piscina privada y que prolonga la zona de día hacia afuera siempre que el tiempo acompaña. Aquí también se encuentra un comedor de exterior que permite disfrutar de las vistas verdes.
Y arriba del todo está la zona de descanso, formada por varios dormitorios. Esta planta, junto con el sótano, fue una de las dos donde más cambió la distribución original. Cada habitación tiene ahora su propio baño en suite y su vestidor, sin nada compartido entre ellas. Es la parte más privada de la casa, separada de las zonas comunes y del ocio del sótano, y se organiza en cuatro suites independientes.
Un salón con un gran cuadro de Pablo Manso y butacas en verde oliva
En el salón, un cuadro negro de Pablo Manso de gran formato ocupa la pared principal y ordena la composición de la estancia. Es la pieza central de la zona de día y conecta con el jardín, lo que llena el espacio de luz. Los sofás –de líneas rectas, diseño bajo y sin patas– llevan cojines con telas escogidas de Güell Lamadrid, Casamance y Lorenzo Castillo, y el color más visible lo ponen las butacas en verde oliva, que destacan sobre los tonos neutros, con la perfilería en negro. Justo en el centro, dos mesas de mármol construidas a modo de bloque, acompañan la estética atemporal de la sala.
Ese contraste de color se repite por toda la zona común. El verde de las butacas y el negro de la carpintería son los únicos golpes fuertes, y el resto se mueve en una base clara de tonos neutros y arenas. A ellos se suman las maderas naturales del comedor y la cocina, elegidas para dar amplitud y luz. Es la misma combinación que ordena toda la zona de día, del salón a la cocina, y le da unidad.
El arte y los textiles son los dos elementos con los que se ha vestido la casa. Al cuadro negro del salón hay que añadir, en el hall, las obras de Antón Aiguabella, que abren el recorrido por la vivienda. El resto de las estancias incorpora telas escogidas una a una, que aportan calidez y rompen la sobriedad de la paleta base.
Dormitorios con papel pintado floral, un vestidor de ensueño y baños de mármol
En la planta de los dormitorios, el ambiente es más cálido que en el resto de la casa. La base sigue siendo de maderas nobles y textiles, y sobre ella aparecen paredes con textura y papeles pintados de motivos florales. Son el único punto de la vivienda donde el papel pintado toma tanto protagonismo, y lo que separa estos espacios del tono más sobrio de las zonas comunes.
El vestidor principal recibió un trato aparte dentro del proyecto. Se planteó como una habitación independiente del dormitorio, con espacio propio y un diseño muy trabajado, y es uno de los grandes caprichos de la casa. El resto de los vestidores, repartidos por las otras suites, siguen la misma idea a una escala menor.
El mármol es el material que marca los dos baños principales de la casa, tanto el de la suite como el aseo de cortesía, donde se puso especial cuidado. En los dos se eligieron piezas especiales, de vetas muy marcadas, que ordenan la decoración del espacio. El propio dibujo de la piedra es lo que da forma al resto del baño, que se resuelve con pocos elementos más para no competir con ella.
















