- 6 ideas para aprovechar las hojas caídas en el jardín este otoño
- Primark se inspira en las cazuelas de barro y lanza un plato de horno de cerámica que parece sacado de un pueblo español
- Las 12 mejores mantas eléctricas de 2026-2027: buenas y duraderas
La misma bombona que en verano puede durar cerca de un mes parece agotarse mucho antes cuando llegan los meses fríos. Es una situación que muchos usuarios del butano conocen bien y que suele generar la misma sensación: la de que el gas desaparece mucho más rápido en invierno que durante el resto del año.
Sin embargo, Joan Pascual asegura que la explicación es muy distinta a la que solemos imaginar. Según explica en uno de sus vídeos, en muchas ocasiones la bombona sigue teniendo gas en su interior cuando pensamos que está vacía. El problema no está tanto en la cantidad de combustible disponible como en la dificultad que tiene el butano para generar la presión necesaria cuando las temperaturas bajan.
Cuando el frío afecta al butano
Según explica Joan Pascual, dentro de la bombona el butano se encuentra en estado líquido. Para que podamos utilizarlo necesita evaporarse y generar presión suficiente para salir hacia la instalación o el aparato que estemos utilizando. El problema aparece cuando bajan las temperaturas.
La explicación tiene una base física bastante sencilla. Cuanto más frío hace, más difícil resulta que el butano se evapore correctamente. La presión interior disminuye de forma considerable y eso provoca que el gas salga con más dificultad. Joan Pascual pone un ejemplo muy gráfico: a unos 15 grados la presión puede rondar los dos bares, mientras que cerca de los cero grados desciende notablemente. Cuando las temperaturas siguen bajando, la presión puede llegar a ser tan reducida que el butano apenas consigue salir de la botella. Esta relación entre temperatura y presión del butano está ampliamente documentada en las tablas termodinámicas.
Por eso se produce esa sensación tan habitual de que la bombona dura menos en invierno. En realidad, una parte del combustible continúa en el interior, pero la falta de presión dificulta su aprovechamiento. El butano tiene un punto de ebullición cercano a los 0 °C, lo que explica que su rendimiento disminuya notablemente cuando las temperaturas se acercan a esa cifra o la superan por debajo. Por resumirlo de una forma sencilla, muchas de las bombonas que devolvemos en invierno pensando que están vacías todavía conservan parte del gas en su interior. El problema es que el frío dificulta la evaporación del butano y reduce la presión necesaria para que salga con normalidad. Esa pérdida de rendimiento es la que nos hace pensar que la bombona se ha terminado antes de tiempo.
El truco que muchas abuelas ya conocían
Una de las partes más curiosas del vídeo es cuando Joan Pascual recupera lo que define como un viejo truco de las abuelas. La recomendación es especialmente útil cuando la bombona se encuentra en el exterior, en patios, galerías o terrazas donde queda expuesta al frío.
La idea consiste en aislarla térmicamente para ayudar a que conserve mejor su temperatura. Puede hacerse mediante una funda específica para bombonas o incluso utilizando una manta vieja que ayude a reducir las pérdidas de calor. Lejos de tratarse de una ocurrencia sin fundamento, la explicación encaja con el comportamiento físico del butano: si la botella mantiene una temperatura algo más estable, también puede conservar una presión más adecuada.
Eso sí, el propio fontanero insiste en una advertencia importante. Una cosa es aislar la bombona y otra muy diferente aplicar calor directo. Acercar estufas, radiadores, braseros o cualquier fuente de calor intensa supone un riesgo y no debe hacerse bajo ningún concepto. El objetivo es reducir el efecto del frío ambiental, no calentar artificialmente el recipiente.
Cómo saber si el problema es el frío y no la falta de gas
Después de escuchar la explicación de Joan Pascual, probablemente más de uno se estará preguntando si alguna vez ha devuelto una bombona pensando que estaba agotada cuando todavía quedaba combustible en su interior. Y lo cierto es que puede ocurrir. Sobre todo durante los meses más fríos y en aquellas viviendas donde las botellas permanecen en patios, galerías o terrazas expuestas a temperaturas muy bajas.
Una de las señales más evidentes suele estar en el propio peso de la bombona. Si aparentemente deja de rendir pero sigue notándose pesada al moverla, es posible que todavía conserve una cantidad importante de butano. También es frecuente que estos problemas aparezcan en las horas más frías del día y mejoren ligeramente cuando la temperatura ambiente aumenta unas horas después.
La explicación de Joan Pascual ayuda precisamente a entender una situación que muchas personas han vivido sin encontrar una respuesta clara. Al final, la clave no está únicamente en cuánto gas queda dentro de la botella, sino en la capacidad que tiene ese gas para evaporarse y generar la presión necesaria para salir con normalidad. Por eso, antes de dar una bombona por terminada, conviene recordar que el frío puede influir mucho más en su funcionamiento de lo que imaginamos. Y que, en ocasiones, una simple manta colocada para aislarla puede ser más útil de lo que parece.

















