Quien me conoce sabe que el azul es mi color favorito. Curiosamente, cuando hablo de decoración suelo sentirme mucho más cómoda entre blancos, beiges y tonos arena. Sin embargo, hay una excepción que repito una y otra vez: las mesas. Nunca me canso de decir que una combinación de azul y blanco puede ser una de las cosas más bonitas que existen cuando llega el momento de vestir una mesa.

Por eso, cuando vi estos nuevos vasos de Zara Home, me resultó imposible pasar de largo. Tienen algo de cristal antiguo, algo de las clásicas vajillas Duralex que aparecían en tantas casas y también un cierto aire al cristal de Murano con sus colores translúcidos y su textura imperfecta. Son de esos objetos que consiguen vestir una mesa incluso cuando todavía están vacíos.

glasses of water on a tray in the hands of a woman
Ekaterina Goncharova//Getty Images

Los objetos cotidianos también pueden tener personalidad

Durante mucho tiempo los vasos fueron una de esas cosas a las que apenas prestábamos atención. Estaban ahí para cumplir una función y poco más. Sin embargo, cada vez me fijo más en esos pequeños objetos que utilizamos todos los días y que son capaces de cambiar por completo la estética de una mesa.

Tengo cierta debilidad por los vasos, las tazas y las copas. Cada vez que viajo a una ciudad nueva termino volviendo con alguna pieza para casa. Hay quien colecciona imanes para la nevera y yo acabo llenando los armarios de la cocina. Algunas las utilizo para tomar café, otras para servir agua cuando vienen amigos y unas cuantas han terminado en mi escritorio sujetando lápices y bolígrafos. Quizá por eso me fijo tanto en este tipo de objetos. Son piezas pequeñas, pero tienen la capacidad de acompañarnos todos los días y de traer de vuelta recuerdos de forma totalmente inesperada. Quizá por eso me cuesta salir de una tienda sin echar un vistazo a la sección de cristalería.

cristalerÍa vidrio burbujas azul
Cortesía Zara Home

Eso es precisamente lo que me ocurrió con estos vasos de Zara Home. Me recordaron a algunas piezas antiguas que he ido encontrando con los años y también a esas cristalerías especiales que aparecían en las casas de nuestras madres y abuelas. Lo curioso es que consiguen mezclar dos referencias muy distintas. Por un lado tienen algo del vidrio robusto y ligeramente nostálgico de los vasos Duralex y, por otro, esa belleza imperfecta y luminosa que solemos asociar al cristal de Murano. La textura de pequeñas burbujas integradas hace que parezcan piezas artesanales y consigue que la luz se comporte de una forma especialmente bonita cuando atraviesa el vidrio azul.

El azul que mejora cualquier mesa

El azul y la textura de pequeñas burbujas son precisamente lo que hace que estos vasos resulten tan especiales. El resultado recuerda al mismo tiempo a algunos vasos de inspiración vintage y a ciertas piezas de cristal artesanal que parecen haber pasado años en una vitrina antes de llegar a nuestras casas. Yo ya me los imagino llenos de agua con hielo durante una comida al aire libre o acompañando ese café frío de media tarde al que todavía no estoy dispuesta a renunciar. Porque septiembre tiene algo de eso: seguimos utilizando objetos de verano mientras empezamos a mirar de reojo al otoño.

vaso vidrio burbujas azul
Cortesía Zara Home

El vaso tiene una forma sencilla y ligeramente cónica que deja todo el protagonismo al color y a la textura. Mide 10 centímetros de altura, está fabricado en vidrio y tiene un precio de 4,99 euros. Personalmente, me parece perfecto para servir agua, refrescos o esos cafés con hielo que seguimos preparando durante las semanas de transición entre el verano y el otoño.

copa vidrio burbujas azul
Cortesía Zara Home

La copa mantiene exactamente el mismo acabado azul con efecto burbujas, pero incorpora un pequeño pie que la hace algo más elegante visualmente. Mide 12,6 centímetros de altura y cuesta 5,99 euros. Me la imagino tanto en una comida al aire libre como acompañando una mesa más cuidada cuando llegan invitados a casa.

cristalerÍa vidrio burbujas azul
Cortesía Zara Home

Lo mejor, sin embargo, es cómo funcionan juntas. Basta combinarlas con una vajilla blanca, unas servilletas de lino y algún jarrón con flores frescas para conseguir una mesa con muchísimo más carácter. Quizá sea porque sigo teniendo debilidad por el azul, pero creo que pocas combinaciones resultan tan bonitas y atemporales como esta. Hay objetos que simplemente cumplen una función y otros que consiguen que una mesa parezca más especial incluso antes de que llegue la comida. Estos vasos pertenecen claramente al segundo grupo.