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Siempre nos ocurre, a la vuelta de vacaciones empezamos a mirar nuestra propia casa como si fuera de otra persona. Después de unos días fuera, con la maleta todavía a medio deshacer, cualquier rincón que antes dabas por hecho llama de pronto la atención, para bien o para mal. Ese cajón que nunca cierra del todo, esa lámpara que ilumina mal, ese sofá en el que ya no sabes ni cómo sentarte: todo se ve con una distancia nueva, la misma que necesitamos para decidir qué merece la pena cambiar.
Para que el otoño no nos pille desprevenidos, hemos consultado al arquitecto David de Diego del estudio estudio Arquesta, que establece este periodo como el mejor momento del año para hacer balance de nuestro hogar. Aunque no es enero y no tenemos lista de buenos propósitos deco, lo cierto es que septiembre coincide con la vuelta al cole, la vuelta a la rutina y el cambio de estación: ese impulso de empezar de cero que, sin darnos mucha cuenta, también trasladamos a nuestro salón, a nuestra cocina y a nuestro dormitorio.
Antes de pensar en comprar nada nuevo, el experto propone mirarla por capas: el mantenimiento que pasa desapercibido, el confort térmico, la luz, la distribución, los pequeños cambios y, sobre todo, la sencillez. Seis claves, ninguna de ellas una reforma, que explican cómo preparar la casa para la nueva temporada y el próximo año.
Sistemas de climatización y aislamiento
El primer gesto no tiene nada de decorativo, pero es el que marca la diferencia a medio plazo, aunque también sea el menos tentador de toda la lista. Antes de mover un solo mueble o de plantearte un solo cambio de color, David de Diego insiste en repasar todo lo que normalmente ignoramos, ese fondo de armario de la casa que solo miramos cuando algo falla: «Antes de pensar en cambios decorativos, me gusta revisar aquello que normalmente pasa desapercibido: ventanas, persianas, griferías, desagües, ventilación o posibles humedades. Una pequeña revisión ahora te evita el mayor problema del invierno: este es el momento perfecto para detectar si la vivienda necesita algún ajuste de mantenimiento».
Ese mismo repaso es, según el arquitecto, el momento perfecto para pensar en cómo respira la casa frente al calor y al frío, algo que solo se nota de verdad cuando ya es tarde para solucionarlo sin obras. «Después del verano, suelo recomendar prestar especial atención a cómo se comporta la casa frente al calor y al frío. Revisar cerramientos, persianas y sistemas de climatización puede marcar una gran diferencia. Si una vivienda pierde mucho calor en invierno o se sobrecalienta en verano, quizá haya llegado el momento de plantearse una mejora del aislamiento», señala.
Mantenimiento y confort térmico son, en el fondo, la misma conversación: la de una casa que funciona bien antes de que luzca bien. Detectar ahora una humedad, una ventana que no cierra del todo o una persiana rota es mucho más barato que descubrirlo en pleno invierno, cuando ya toca convivir con el problema hasta la próxima reforma. Tan malo es posponer esta revisión un año tras otro como obsesionarse con ella y no llegar nunca a la parte que de verdad se disfruta: la luz, el espacio y los pequeños cambios que vienen a continuación, que son los que convierten una casa en un refugio y no solo en un lugar donde vivir.
Aprovecha la luz del invierno
La luz es, para David de Diego, uno de los elementos clave de la casa, aunque solemos olvidarlo hasta que volvemos de un viaje y la echamos en falta nada más cruzar la puerta. «Para mí, la luz natural es uno de los grandes materiales de una casa. A la vuelta de vacaciones, aprovecho para despejar ventanas y revisar cortinas, estores y otros elementos que puedan estar restando luminosidad. No siempre necesitamos más lámparas; muchas veces necesitamos simplemente aprovechar mejor la luz que ya tenemos», explica. Antes de encender ninguna luminaria nueva, conviene preguntarse cuánta luz natural estamos dejando fuera sin darnos ni cuenta.
Con todo algo más despejado, toca hacerse la pregunta del millón, la que da más pereza: ¿de verdad esa distribución de casa te sigue funcionando a estas alturas? «Una de las cosas que más recomiendo es preguntarnos si la casa sigue respondiendo a nuestra forma de vivir. Después de las vacaciones, cuando retomamos nuestras rutinas, podemos descubrir que un mueble interrumpe un recorrido, que una zona está desaprovechada o que necesitamos un espacio de trabajo mejor resuelto. Antes de comprar nada, yo probaría a mover, eliminar y reorganizar», apunta. No hace falta gastar un euro para averiguarlo: basta con probar, durante unos días, a vivir la casa de otra manera antes de dar el cambio por definitivo.
Limpieza y pequeños cambios
No hace falta una reforma para que una casa se sienta nueva otra vez: a veces basta con renovar la capa, no la estructura, igual que hacemos el cambio de armario cuando llega una nueva estación. «No hace falta reformar para sentir que estrenamos casa. Cambiar los textiles, renovar la ropa de cama, incorporar una alfombra o actualizar algunos complementos puede modificar por completo la percepción de una habitación. Me gusta pensar en estos cambios como una forma de adaptar la casa a la nueva estación sin perder su identidad», sostiene el estudio. Son cambios reversibles, baratos y rápidos: se notan la misma tarde en la que se hacen.
Y si de algo sirve la vuelta de vacaciones, según el arquitecto de Arquesta, es para hacer 'limpiar' también de lo que no se ve a simple vista. «Por último, creo que la vuelta de vacaciones es un buen momento para hacer limpieza, también visual. Revisar qué cosas utilizamos realmente y cuáles ocupan espacio sin aportar nada nos ayuda a conseguir interiores más ordenados y tranquilos. Como arquitecto, siempre busco que una vivienda no solo sea bonita, sino que facilite la vida de quienes la habitan», concluye. Orden, textiles y luz: la misma fórmula de siempre, aplicada esta vez con la distancia que solo da la maleta recién deshecha.
Leídas una a una, estas seis claves podrían parecer una simple lista de tareas de septiembre. Juntas, sin embargo, dibujan algo más parecido a una forma de mirar la casa: primero lo que hay que reparar, después lo que hay que sentir, y por último lo que hay que soltar. Ninguna exige una obra, ni siquiera un gran presupuesto. La vuelta de vacaciones es, cada año, la mejor ocasión para acercarnos a esa casa que de verdad funciona: no la más impecable, sino la que mejor te conoce y la que mejor te acompaña en el día a día.

















