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Las casas antiguas tienen algo que las viviendas de nueva construcción difícilmente pueden reproducir: proporciones generosas, techos altos, molduras y una arquitectura que habla de otra manera de vivir. El problema aparece cuando esa misma distribución que hace décadas resultaba lógica deja de responder a las necesidades actuales. Reformar una casa clásica implica entonces encontrar el equilibrio entre conservar aquello que merece permanecer y transformar todo lo que impide disfrutarla de manera contemporánea.
Eso es precisamente lo que sucede en esta vivienda situada en el barrio madrileño de El Viso diseñada por Gude Chico. Su planta respondía a la arquitectura residencial de mediados del siglo XX: un largo pasillo organizaba las habitaciones, el salón tenía unas dimensiones limitadas y la cocina ocupaba una posición secundaria, originalmente vinculada al servicio. Hemos hablado en exclusiva en Nuevo Estilo con Patricia Gude y Begoña Chico, arquitectas del estudio Gude Chico, para que nos cuenten cómo es transformar una vivienda como esta sin perder personalidad.
Cómo se ha cambiado la distribución de esta casa clásica de Madrid
La reforma comienza por replantear la organización de la planta, aunque sin recurrir a una solución completamente diáfana. En lugar de eliminar todas las divisiones, el proyecto mantiene cierta jerarquía entre las diferentes estancias y mejora la conexión entre ellas. La operación principal consiste en sustituir el antiguo esquema fragmentado por un gran salón pasante, que permite enlazar visualmente distintos ambientes y recuperar una sensación de amplitud que la casa había perdido.
En esa nueva distribución, la carpintería realizada a medida desempeña un papel mucho más importante que el de un simple mueble de almacenaje. Se convierte en parte de la propia arquitectura y permite ordenar visualmente los espacios. Algunas puertas que comunican con la zona privada quedan integradas en ella y prácticamente desaparecen cuando están cerradas. De esta manera, la continuidad visual del salón se mantiene sin necesidad de renunciar a habitaciones independientes.
También se ha aprovechado una de las grandes cualidades que ya tenía la vivienda: la extraordinaria altura de sus techos. Las nuevas molduras y los trabajos de escayola acompañan la arquitectura existente y ayudan a definir los diferentes ambientes de una manera discreta. En lugar de utilizarlas únicamente como decoración, el estudio convierte las molduras clásicas en un recurso para subrayar las proporciones y recuperar parte de la personalidad original de la casa.
La cocina pasa de ser una zona de servicio a uno de los espacios principales
Pocas estancias explican tan bien cómo han cambiado nuestras casas como la cocina. En esta vivienda ocupaba originalmente una zona interior y residual, concebida para el servicio y desconectada del resto de la actividad doméstica. Su única relación directa con el exterior tenía lugar a través del antiguo lavadero. Con la reforma, esa organización desaparece y la cocina gana protagonismo hasta convertirse en uno de los lugares alrededor de los cuales se desarrolla la vida cotidiana.
La intervención no solo modifica su posición dentro de la casa, sino también su lenguaje decorativo. Para el suelo se toma como referencia el tradicional damero de muchas cocinas antiguas, pero en lugar de reproducirlo literalmente se utiliza un despiece más libre. El resultado conserva la referencia histórica sin caer en una recreación del pasado y convierte el pavimento de damero en uno de los elementos más reconocibles de toda la reforma.
Una carpintería acristalada separa la cocina de la lavandería y permite independizar ambos espacios sin interrumpir la entrada de luz ni su relación visual. En el comedor aparece, además, una mezcla que se repite en toda la vivienda: un banco diseñado a medida por Gude Chico y tapizado con una tela de Güell Lamadrid se combina con una antigua mesa de granero. Las sillas y los estores de The Maximalist completan un rincón en el que piezas nuevas y antiguas conviven con naturalidad.
La misma referencia al damero continúa en los baños, donde funciona como hilo conductor entre estancias. Los revestimientos cerámicos aportan textura y, en uno de ellos, un papel pintado de Sandberg de inspiración clásica introduce un elemento más decorativo. De nuevo, los guiños a lo tradicional aparecen reinterpretados en lugar de reproducidos exactamente, una idea que atraviesa todo el proyecto.
Molduras, muebles antiguos y materiales naturales conservan el carácter de la vivienda
La selección de materiales mantiene esa sensación de casa atemporal. Maderas naturales, textiles, piedra y cerámica construyen una base sobria, mientras el blanco y el negro funcionan como los principales hilos conductores entre las habitaciones. Sobre esa paleta aparecen pequeñas dosis de color: determinados elementos de carpintería y cerrajería incorporan un azul marino profundo, mientras que algunos muebles y textiles utilizan tonos teja para aportar calidez.
El interiorismo evita además que la reforma tenga aspecto de casa completamente recién estrenada. Desde el principio se incorporaron objetos que ya pertenecían a sus propietarios junto con piezas contemporáneas y diseños realizados específicamente para cada espacio. Esa mezcla permite que los muebles con historia continúen formando parte de la vivienda y aporten unas capas que difícilmente se conseguirían utilizando únicamente elementos nuevos.
Un dormitorio sereno que continúa la misma paleta de colores
El dormitorio principal mantiene la serenidad cromática del resto de la vivienda. Su elemento protagonista es un cabecero realizado a medida por Gude Chico que estructura visualmente la pared y refuerza esa sensación de diseño pensado específicamente para la casa. Los tonos neutros dominan el espacio, pero aparecen de nuevo pequeños acentos en color teja, presentes en algunos textiles y coordinados con el revestimiento del baño situado junto al dormitorio.
Una mesilla de Zara Home y una lámpara de Kare completan una decoración que vuelve a apostar por pocas piezas bien escogidas. También aquí la luz natural desempeña un papel fundamental. A lo largo de toda la vivienda se filtra mediante linos, estores y otros textiles que suavizan los materiales y contribuyen a crear una atmósfera tranquila y luminosa, sin perder la sensación de casa vivida que persigue todo el proyecto.
El resultado demuestra que actualizar una vivienda clásica no obliga a eliminar aquello que revela su edad. En esta casa de El Viso han cambiado la distribución, las circulaciones y la importancia concedida a espacios como la cocina, mientras los techos altos, las molduras, el damero y los muebles heredados mantienen el vínculo con su pasado. Conservar la esencia original no significa renunciar a vivir de otra manera, sino conseguir que la arquitectura que ya existía pueda seguir funcionando varias décadas después.


















