Charlotte Brontë, Jane Austen, Mary Ann Evans (George Elliot)... Viendo las imágenes de esta casa de campo estilo cottage en los Cotswolds –probablemente, la región más bucólica de toda Inglaterra–, es imposible no recordar a las célebres autoras de la era victoriana británica. La mismísima Virginia Woolf habría sido feliz habitando la buhardilla con zona de estar, dormitorio y baño privado. Y es que al fin habría logrado su mayor deseo: tener una habitación propia (e independencia económica) para dedicarse a la literatura.

Construida en el siglo XVII, la casa que hoy nos ocupa se ubica junto a la localidad de Burford, en pleno condado de Oxfordshire. Con cerca de 750 metros cuadrados repartidos entre gruesos muros de piedra dorada, tan característica de la región de los Cotswolds, la vivienda se ha reconvertido –a manos de la interiorista Lucy Cunningham– en un hogar familiar de múltiples capas, en el que el confort convive con el carácter de la arquitectura tradicional inglesa. Cuenta, además, con un pequeño misterio a sus espaldas, ya que, según la leyenda local, entre sus muros vivió antaño una bruja blanca.

recibidor con butacas tapizadas a rayas y alfombra persa
Christopher Horwood

El interiorismo aboga por el estilo inglés tradicional

Cuando la interiorista Lucy Cunningham se incorporó al proyecto, los propietarios ya habían empezado a definir la dirección decorativa de la vivienda, en parte gracias a su colaboración previa con Orlando Atty, del estudio Robert Kime, con quien habían trabajado anteriormente en su casa de alquiler. De aquella etapa conservaban, además, una colección de telas, muebles y antigüedades que terminaría convirtiéndose en la base de la decoración de la nueva propiedad.

Los propietarios pidieron a Cunningham una casa acogedora, cómoda y llena de carácter, fiel a su gusto por la decoración inglesa de toda la vida. Trabajando codo con codo con los clientes, la interiorista ayudó a desarrollar y dar forma a un esquema decorativo ecléctico, construido a partir de piezas heredadas, antigüedades y las telas que la familia había ido reuniendo con cariño a lo largo de los años.

Los estampados vintage, las texturas y el buen hacer artesanal desempeñan un papel protagonista en todo el cottage a través de paredes tapizadas, superficies acabadas a mano, tejidos bordados y una decoración con mucho carácter clásico y ese espíritu que remite constantemente a las novelas victorianas.

Papeles pintados, telas bordadas y paredes tapizadas marcan la decoración

En el dormitorio principal, las telas de flores se combinan con una tapicería de seda en tonos suaves y una selección de muebles de anticuario, dando lugar a un ambiente romántico pero sencillo, al más puro estilo Jane Austen. A continuación, el baño de la suite incluye una bañera con patas y acabado dorado envejecido. La grifería, empotrada en un revestimiento de mármol con diseño curvo, se corona con un cuadro de estilo impresionista.

dormitorio de estilo clásico con estampados florales
Christopher Horwood

El resto de la vivienda despliega la misma esencia decorativa mediante habitaciones completamente tapizadas, techos revestidos de tela y tratamientos murales a medida, todos ellos fieles al color y al estampado que definen las proporciones, más bien modestas, de un cottage. Este contraste entre la decoración propia de una casa señorial y el marco de un cottage histórico es, de hecho, uno de los hilos conductores de todo el proyecto.

El aseo de la planta baja y uno de los dormitorios son los rincones con más carácter de la casa

Uno de los rincones más singulares de la propiedad se encuentra en el aseo de la planta baja, el espacio con mayor presencia de obras de arte en las paredes. Todo comenzó cuando Sarah le mostró a Lucy Cunningham un pequeño retal de tejido que le encantaba. De ahí surgió la idea de tapizar el techo con esa misma tela, un gesto sencillo que terminó dando personalidad a uno de los rincones más pequeños de todo el conjunto.

La habitación conocida como 'The Birdy Room' tiene también su propia historia. Cuando el equipo empezó a trabajar en la casa, el espacio ya lucía un papel pintado que a Sarah no terminaba de convencer. Cunningham le propuso entonces el diseño Oiseaux & Feuillage de Antoinette Poisson, un estampado de lino con motivos de pájaros, y Sarah, cuyo apodo de infancia era Birdy, quedó completamente enamorada de la propuesta.

papel pintado con motivos de flora y fauna azules
Christopher Horwood

El artesano Pierre Vuillemenot, responsable de todo el tapizado mural de la casa, fue el encargado de rematar cada detalle de esta pequeña habitación. Su trabajo cubre no solo las paredes, sino también el techo y hasta los postigos de las ventanas, con una carpintería pintada a medida para que el color coincidiera con exactitud con el resto del conjunto. El resultado es un espacio diminuto con muchísima personalidad, que sintetiza a la perfección el espíritu de todo el proyecto.

Una casa de campo decorada con estilo tradicional inglés
escalera con tapiz vintage en la pared

La casa terminada es, ante todo, el resultado de una colaboración estrecha entre clientes y profesionales, capaz de respetar el buen hacer de cada uno de los artesanos que han intervenido en el proyecto. Y, entre antigüedades, tejidos con historia y alguna que otra leyenda sobre brujas blancas, queda claro por qué Sarah y los suyos no querrían vivir en ningún otro lugar.