Mucho antes de imaginar que algún día fundaría una firma de moda y estilo de vida, Jocelyn Gailliot ya intuía algo esencial: el estilo personal no es fijo ni permanente, sino que cambia con el ánimo, el momento, la estación y hasta con un simple impulso. Creció en Georgetown como la mayor de cuatro hermanos, en un entorno donde la fantasía de la infancia convivía con una elegancia muy particular.

“Éramos una pandilla de niños traviesos: jugábamos a policías y ladrones, perseguíamos a los universitarios y espiábamos al Servicio Secreto cuando acompañaban a los Reagan o a los Clinton a las fiestas de los vecinos”, recuerda Gailliot, cofundadora y CEO de Tuckernuck. “Pero cuando la señora de al lado me invitaba a tomar el té, mi madre me vestía con un conjunto especial y me mandaba a su casa. Era una de esas grandes damas de otra época, y nos sentábamos en su salón principal. Todo era elegantísimo”.

portrait of jocelyn gailliot in living room with mural wall art and a teal sofa
Lesley Unruh

Traer una vieja casa al siglo XXI

No sorprende que, años después, quisiera recrear para sus cinco hijos esa misma sensación de belleza, imaginación y aventura.

Cuando sus padres decidieron mudarse a una casa más pequeña, ella y su marido compraron la vivienda familiar. “Siempre fue nuestro lugar mágico”, dice sobre esta residencia de cinco plantas y estilo federal. Eso sí, adaptar una casa construida en 1815 a la vida de una familia del siglo XXI exigía mucho más que encanto. Para hacerlo, Gailliot recurrió a la interiorista CeCe Barfield Thompson, experta en reinterpretar el estilo clásico con frescura, naturalidad y una elegancia relajada.

En esta reforma, el primer paso de Barfield Thompson fue replantear la distribución. “La casa había ido creciendo a base de añadidos, poco a poco”, explica. “Se habían resuelto problemas concretos, pero el resultado era una circulación algo irregular”. Junto al arquitecto Dale Overmyer, decidió revisar el conjunto con una mirada más amplia. “La pregunta era: ¿cómo conseguimos que toda la casa funcione lo mejor posible?”.

lesley unruh photography cece barfield thompson
Lesley Unruh Photography

Revivir la casa familiar

La respuesta incluyó intervenciones importantes: eliminar la escalera trasera, transformar el antiguo invernadero en un comedor formal revestido de treillage, recuperar los suelos originales de tablones anchos —ocultos bajo pavimentos instalados en los años veinte— y restaurar molduras de época allí donde se habían perdido. También supuso corregir esos pequeños inconvenientes que solo conoce quien ha vivido en la casa. “La puerta lateral de la cocina era tan estrecha que, de niña, siempre se me enganchaba la mochila al entrar corriendo”, recuerda Gailliot.

El resultado es una casa que celebra tanto su historia como su vitalidad. “Tiene detalles arquitectónicos maravillosos y muchísima memoria”, señala la diseñadora. “Pero Jocelyn quería que también mirara al futuro y que, además, resultara divertida”. Esa mezcla se aprecia especialmente en la sala de estar, donde un mural pintado a mano reinterpreta el paisaje del Georgetown del siglo XIX.

elegant living room with a piano and stylish decor
Lesley Unruh

Sofás sofisticados heredados

La escena convive con dos sofás heredados de los padres de Gailliot, ahora tapizados en un intenso azul verdoso con flecos, unas bergères en terciopelo chartreuse y un piano de media cola. Sobre la chimenea, un espejo ojo de pez introduce un efecto casi teatral, como si la estancia se transformara en un pequeño escenario de fantasía.

En lugar de imponer una estética uniforme, Barfield Thompson dio a cada estancia una personalidad propia, como si cada una hubiera surgido de forma natural de la vida que acoge. El salón delantero transmite una hospitalidad serena; la sala de estar invita a la creatividad; y la biblioteca, con su mesa de juego extensible, se ha convertido en uno de los grandes puntos de encuentro de la familia. “Jugamos muchísimo”, cuenta Gailliot. “A cartas, ajedrez, backgammon, juegos de mesa… siempre hay algo en marcha”.

Elegant living room with teal sofas, green armchair, and scenic wall mural.
Lesley Unruh



Para dar unidad a ambientes tan distintos, Barfield Thompson trabajó con repeticiones sutiles: una paleta de azules, verdes agua y marrones suaves; fibras naturales como el yute y el abacá; y una mezcla muy equilibrada de antigüedades y piezas modernas con más desenfado. En el salón, por ejemplo, esculturas chinas antiguas dialogan con una lámpara de pie Triennale. En la sala familiar, unas butacas bajas de los años setenta se retapizaron con un estampado jacobino. “Me interesa esa tensión entre piezas que, en principio, no tendrían por qué convivir, pero que juntas funcionan”, resume la diseñadora.

Recorre esta casa centenaria reformada en tonos verdes
dining room with trellis style wall decor

Durante toda la reforma, los padres de Gailliot participaron con consejos y opiniones. Eso cambió en cuanto la casa estuvo terminada. “Ahora les encanta”, cuenta entre risas. “El mural, los colores, el salón trasero, la nueva cocina… Traen a sus amigos para enseñarla”.

Y es fácil entender por qué. La casa que durante décadas fue escenario de una infancia llena de energía está hoy preparada para acompañar las aventuras de una nueva generación. Más que una simple restauración, el proyecto propone una idea de continuidad: la de un hogar que evoluciona sin perder su esencia. Porque, al final, el verdadero estilo —como las casas con alma— no consiste en elegir entre pasado y presente, sino en hacer que ambos convivan con naturalidad.

Vía: Veranda
Traducido y editado por Lola Fernández