“En casa la llamamos la casa del árbol”, dice la propietaria al hablar de este refugio junto al agua, escondido entre el bosque y tan bien integrado en el paisaje que parece surgir de la propia tierra. Situada en una parcela sin urbanizar con vistas a un lago de Connecticut, la vivienda se concibió como una escapada al clima cálido y húmedo de la residencia principal de la familia, en el sur de Estados Unidos.

Por apetecible que pudiera ser un entorno tan privilegiado, donde agua y árboles se extienden hasta el horizonte, también se planteaban dificultades. Así lo recuerda el arquitecto responsable del proyecto Tom Kligerman: “Cuando vi por primera vez el plano topográfico, pensé que había un error. Teníamos toda esa extension de terreno, un lago enorme y, aun así, solo aparecía un pequeño dibujo de superficie disponible en medio de la parcela”.

connecticut lakeside home by designer david kleinberg and architect tom kligerman
Richard Powers

El origen de la biblioteca

Kligerman no tardo demasiado en entender lo que significaba ese pequeño dibujo en el plano topográfico.

Ni más ni menos, que la casa tenía que encajar en ese espacio mínimo, debido a las restricciones locales para construir junto a la orilla del lago. “Era un rectángulo diminuto con una forma curva de unos 15 pies que salía por arriba, casi como si estuviera saludando”, explica el arquitecto. Como sucede en tantas ocasiones, lo que en principio parecían limitaciones difícilmente aprovechables, terminaron convirtiéndose en el origen de algunas de las mejores ideas del proyecto.

“Ningún otro arquitecto de los que consultamos supo aprovechar ese tramo curvo al final del terreno”, cuentan los propietarios. Esa extensión tan singular de la planta terminó convirtiéndose en la entrada de la casa, donde se situó a una biblioteca extraordinaria, pensada para unos clientes apasionados por los libros. Tras una puerta de granero color burdeos, se despliega una librería de roble blanco, acompañada de una silla de Carl Hansen & Son.

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Richard Powers

Una casa con personalidad

“Es una forma inesperada de entrar en una casa", explica David Kleinberg, responsable del diseño interior y colaborador habitual de la familia. "Además, los ventanales de suelo a techo crean una sensación de anticipación fabulosa mientras mira hacia el lago”. Los propietarios querían una casa que se fundiera con el paisaje con total naturalidad, pero Kligerman supo ir un paso más allá y proyectó una vivienda con identidad propia, sin perder esa sensación orgánica de pertenecer a la península.

“No querían una casa llamativa ni ostentosa; lo importante era que, al llegar, se entendiera enseguida que era una casa conectada al lago", explica el arquitecto. "Aun así, hay ciertos elementos que remiten a edificios más nobles, como molduras clásicas y frontones que suelen verse en bibliotecas y oficinas de correos de la zona”.

serene lake scene surrounded by lush greenery and hills under a clear blue sky.
Richard Powers

La casa negra se funde con el bosque

Con una paleta exterior muy condicionada por la normativa de la comunidad, el equipo optó por una fachada negra y una puerta holandesa en rojo granero. “Esperamos bastante antes de hablar del color con los clientes. Si le dices a alguien que va a tener una casa negra, nunca sabes cómo va a reaccionar. Pero en cuanto vieron lo discretamente que se asentaba en el paisaje, lo entendieron enseguida”, comenta Kleinberg.

Kligerman, que se define a sí mismo como un auténtico amante de los árboles, trabajó junto al paisajista local Sam Sabin y la constructora H&Y Construction Inc. con una idea clara: conservar todos los ejemplares posibles. “Para los propietarios era fundamental preservar la ecología boscosa del lugar y actuar con la máxima delicadeza sobre el terreno”, señala Sabin.

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Un comedor con mesa escandinava

“La idea era mantener la sensación de que la casa se había posado en medio del bosque, en lugar de despejar la parcela para abrir grandes vistas y crear un jardín convencional”, añade. Con una selección de especies autóctonas ya implantada, cada vez que cae un árbol se planta otro para mantener intacto el carácter frondoso del entorno. “Queríamos un paisaje de aspecto natural, nada demasiado cuidado; solo vegetación autóctona y de bajo mantenimiento”, insiste la propietaria.

Como contrapunto al exterior oscuro, el interior se planteó luminoso y sereno, con suelos de roble blanco y una paleta de azules, rojos y toques de amarillo inspirada en Nueva Inglaterra. Para el mobiliario, Kleinberg apostó sobre todo por piezas de principios y mediados del siglo XX procedentes de distintos países, con especial atención a diseños daneses y suecos de líneas limpias y proporciones contenidas. En el rincón de desayuno, una mesa de Carl Malmsten de 1940 se combina con taburetes regulables que originalmente pertenecieron al estudio de un arquitecto francés.

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Un salón con influencia danesa

“Nos interesaba un momento en el que los diseñadores tomaban formas tradicionales y las depuraban con un lenguaje ligeramente más moderno”, explica Terrance Charles, diseñador principal de los interiores. “Los clientes no querían una casa recargada; buscaban algo sobrio, cómodo, bien resuelto y con la sensación de haber sido reunido con el tiempo”.

Por ese motivo, en el salón conviven butacas talladas de Pier Luigi Colli y una mesa de centro con sobre de azulejos cerámicos diseñada por Roger Capron. Charles logra una reinterpretación del estilo midcentury, con un toque definitivamente sobrio y luminoso. Destaquemos la enorme alfombra, firmada por Patterson Flynn.

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El porche acristalado de la casa

Puede que muchas de estas piezas sean de coleccionista, pero para la familia forman parte de la vida diaria. Varias generaciones se reúnen aquí a lo largo del año y, cuando la casa se llena, los invitados se alojan en un pequeño bed and breakfast cercano. Las puertas y ventanas se abren para dejar entrar la brisa; el mobiliario ligero del porche acristalado puede moverse fácilmente al exterior; y los tejidos técnicos y las alfombras resistentes refuerzan esa sensación de comodidad sin esfuerzo.

En verano, los días transcurren entre partidos de pickleball y sesiones de paddle surf en el lago. “Es un lugar alegre para reunirse, donde la familia y los amigos se sienten profundamente relajados y cuidados”, resume la propietaria. En el rincón del porche, pueden hacer uso de unas sillas de ratón de Bielecky y de las mesas azul cobalto de Richardson Allen, con vistas al lago.

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La sala de estar azul de la casa

El tono Van Deusen Blue de Benjamin Moore envuelve la sala de estar de la planta alta, en sintonía con el tejido strié en azul marino del sofá, de Holland & Sherry. Es una de las estancias en las que mejor se advierte la influencia escandinava en el mobiliario y el deseo de comodidad de los propietarios. La petición al equipo de profesionales que se encargaron de este proyecto más importante, junto a su obsesión por lograr un diseño de interiores sobrio.

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Dormitorio en rojo rubí

Los propietarios prefirieron reservarse el resultado final de la suite principal, pero no dista demasiado del ambiente que se consiguió en el dormitorio de invitados. Las ventanas rematadas con ribetes en rojo rubí llenan de energía este espacio, tan cuidado como el resto de la casa. El detalle de los estores de rayas, firmados por Peter Fasano, entonados con el color de la habitación, es magistral.

Vía: Veranda
Traducido y editado por Lola Fernández