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En el corazón del Bosque Maulino, Curicó, Chile, a 950 metros sobre el nivel del mar, se levanta esta cabaña de madera y cristal como un homenaje a la belleza de lo esencial. Diseñada por Juan Carlos Sabbagh Arquitectos, esta casa de 137 metros cuadrados no busca imponerse sobre el paisaje, sino abrazarlo desde dentro. Como un invernadero invertido, donde las plantas permanecen fuera y las personas dentro, su diseño convierte a los residentes en observadores privilegiados de un entorno en constante transformación.
El proyecto responde al deseo de crear un refugio que permita disfrutar del bosque caduco, cuya paleta de colores y juego de luces cambia a lo largo del año. Esta premisa dio origen a una estructura acristalada que establece un diálogo directo entre el interior y el exterior, sin barreras visuales. La solución arquitectónica aprovecha las características del entorno: en verano, las sombras de las hojas protegen el espacio del calor, mientras que en invierno, al caer el follaje, la luz solar penetra generosamente, aportando calidez al interior.
Ubicada en un terreno remoto y de difícil acceso, la casa se construyó con una estructura de madera, un material ligero y fácil de transportar. El programa se desarrolla en dos niveles, una decisión que reduce la ocupación del suelo y minimiza el impacto sobre el bosque. Los recintos sociales, como ella zona de estar, el comedor y la cocina, se ubican en la planta baja dentro del volumen acristalado, mientras que los dormitorios, más cerrados y privados, ocupan el segundo nivel, asegurando intimidad sin renunciar a las vistas. La volumetría de la casa es sencilla pero cuidadosamente elaborada. Así, las líneas limpias de la estructura acristalada se sostienen sobre un marco de madera que combina ligereza y resistencia. Este diseño favorece la integración con el paisaje y asegura un equilibrio térmico y acústico adecuado para las condiciones climáticas del lugar.
El interior es una extensión del entorno natural. Los grandes ventanales enmarcan vistas verticales del bosque, mientras que la madera utilizada en los acabados añade una sensación de calidez que contrasta con la transparencia del vidrio. La disposición de los espacios fomenta una experiencia fluida. La sala principal, con su diseño diáfano, conecta visualmente con el exterior en todas las direcciones. El comedor y la cocina, estratégicamente ubicados, permiten a los residentes disfrutar del paisaje incluso en actividades cotidianas. En el segundo nivel, los dormitorios cuentan con pequeñas aberturas orientadas hacia puntos clave del bosque, preservando tanto la privacidad como la conexión con el entorno.



























