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Tiene sentido que un diseñador como Christian Dior confesara su amor primero por la arquitectura: al fin y al cabo, sus hallazgos indumentarios más importantes, incluido el New Look, se sustentan en un juego de proporciones ciertamente estructural. Él mismo consideraba sus creaciones “arquitecturas efímeras a mayor gloria de las proporciones del cuerpo femenino”. Esta es una primera razón, la más obvia, para explicar su obsesión con La Colle Noire, el château que compró en 1950.
Un motivo menos evidente se encuentra en su propia biografía y la de su familia. Christian Dior nació en 1905 en la norteña y lluviosa Normandía, en un hogar adinerado que perdió casi todo en la Gran Depresión de los años 30. De hecho, gracias al dinero de sus padres pudo fundar una galería de arte en París gracias a la que se conectó con la comunidad creativa de la época: Salvador Dalí, Jean Cocteau y Christian Bérard... La ruina sobrevenida cambió los planes de todos: la familia se mudó al sur de Francia y Dior aceptó empleos alimenticios, entre ellos el de ilustrador en los periódicos.
La Colle Noire y Catherine Dior
La Colle Noire, en Montaroux (Grasse), está a pocos kilómetros de Callian, donde se mudó su familia tras la ruina y aún vivía su hermana, Catherine.
Evidentemente, La Colle Noire tiene unas proporciones que nada tienen que ver con la sencilla granja familiar que heredó Catherine. El château, situado en un terreno de más de 50 hectáreas y construido entre 1858 y 1861, había tenido tres propietarios previos a la compra de Christian Dior. El diseñador plantó personalmente los impactantes cipreses que reciben en la entrada y ordenó construir un estanque de 45 metros de largo, evocando los que pueblan los jardines de Versalles. Sirve como espejo de agua en el que se refleja toda la construcción.
El palacio que simboliza el poder absoluto de la monarquía francesa fue algo así como su ideal estético: le obsesionaba la elegancia del siglo XVIII, el estilo Luis XVI y la grandeza de la arquitectura clásica francesa. Consecuentemente, para La Colle Noire no quiso reproducir el estilo provenzal típico de la zona, sino acercarse a su ideal, actualizado con toques del siglo XIX y XX.
Dior y su amor por Versalles
El arquitecto que hizo realidad el sueño residencial de Christian Dior fue el ruso André Svétchine, cuyo trabajo en el hotel La Colombe d’Or, el legendario establecimiento de Saint-Paul de Vence que adoraban Picasso y Miró, había llamado su atención. También había firmado la villa de Marc Chagall en Saint-Jean-Cap-Ferrat. Descubrió las paredes de piedra y transformó el ala de servicio en la entrada principal, al estilo de las casas señoriales de Provenza.
El vestíbulo hexagonal al que se accede desde esta entrada fue diseñado personalmente por Dior, con un mosaico empedrado en rosa y gris que dibuja una brújula o rosa de los vientos, símbolo favorito del diseñador. “La fachada de la casa donde crecí era de un rosa muy suave, y la gravilla del patio era gris; esos dos tonos han sido siempre mis favoritos en la costura”, escribió el modista en Dior by Dior (1958).
La restauración de La Colle Noir
A lo largo de la década, Christian Dior fue construyendo La Colle Noire a la medida de su exquisita sensibilidad. Solo recibió invitados desde agosto de 1956, cuando los trabajos estaban ya muy avanzados: Pierre Bergé, Bernard Buffet, Marc Chagall, Jean Cocteau o Marie-Laure de Noailles firmaron en el libro que atestigua la vida social del château. “Quisiera que esta fuese mi verdadera casa. En la que, si Dios me da una vida larga, pueda retirarme”, escribió en sus memorias. “En la que pueda cerrar el círculo de mi existencia y reencontrar, bajo otro clima, el jardín secreto que protegió mi infancia. En la que podré al fin vivir tranquilo, olvidando a Christian Dior para volver a ser simplemente Christian”.
Es indudable que Dior se encontraba en casa en La Colle Noire. Regalaba huevos de Pascua y libros (Miguel Strogoff, Los últimos días de Pompeya) a los hijos del servicio. Sufragó la instalación de agua corriente y línea de teléfono a los lugareños, muchos de los cuales encontraron trabajo en la mansión y sus tierras. Restauró la capilla de Saint Barthélemy y la donó a la Comuna de Montaroux, a condición de que se ocupasen de mantenerla, prueba del amor que tuvo por un lugar en el que no creció, pero que le acogió.
El fallecimiento de Christian Dior
Desafortunadamente, el gran salón de 18 metros de largo quedó incompleto cuando sobrevino el fallecimiento del diseñador en 1957, a consecuencia de un ataque al corazón. Era el tercero. Aún se recuperaba de su segundo infarto en unas vacaciones en Montecatini junto al cantante de 23 años Jacques Benita, su último amante. Hacía solo dos meses que había celebrado su último gran banquete bajo la gran pérgola de La Colle Noire. Tenía solo 52 años.
Para entonces, Christian Dior estaba prácticamente en la ruina, a pesar de motivar la mitad de las exportaciones de Francia a Estados Unidos. A su legado artístico no pudo sumarse una fortuna, pues falleció dejando una deuda de nos 80 millones de francos a su hermana Catherine. No escatimó en gastos a la hora de convertir La Colle Noire en la mansión de sus sueños, para la que compró antigüedades y obras de arte notables. Aquella trató de conservar La Colle Noire, pero su mantenimiento era tan costoso que fue imposible.
Tras el fallecimiento de Christian Dior, La Colle Noir cambió de propietario al menos un par de veces. Digamos, como curiosidad, que en 1998 Oasis grabaron en la mansión su cuarto disco, Standing on the Shoulder of Giants. Finalmente, Parfums Christian Dior adquirió la querida mansión del maestro en 2013 y completó su restauración, tratando de respetar el gusto clásico o sofisticado de aquel, en 2016. Desde entonces, se utiliza para eventos y actos culturales, aunque en contadas ocasiones alguna celebrity con suerte ha podido pernoctar en sus habitaciones.

















