No todos los días podemos hablar de edificaciones tan excepcionales como Villa de Cavallo, la mansión de vacaciones de la familia Saboya en Córcega. Hasta hace algunos meses permanecía como la joya inmobiliaria del polémico clan, un patrimonio emblemático del que ninguna casa aristocrática se desharía. Ahora, sin embargo, se ha convertido en un quebradero de cabeza para Manuel Filiberto de Saboya, actual jefe de la extinta Casa Real de Saboya.

Recordemos: los Saboya sería la familia que ocuparía la jefatura del Estado en Italia si aún fuera una monarquía. Dicho de otra manera: Manuel Filiberto de Saboya sería, ahora mismo, el rey de los italianos. Sin embargo, el hipotético pretendiente al trono lidia con un proceso de restructuración y liquidación del patrimonio histórico, que le permita mantener a flote el grueso de su herencia. Un objetivo nada fácil.

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La Casa de Saboya vende sus propiedades

Es en este contexto de reorganización patrimonial en el que hay que entender las distintas ventas realizadas en los últimos tiempos por Manuel Filiberto de Saboya.

El jefe de la Casa de Saboya ha tenido que poner en el mercado su residencia en Vénesaz (Suiza), además de muebles y objetos personales que se han subastado en Christie’s. Sin embargo, Villa de Cavallo puede considerarse un movimiento mayor, dada la valoración de la propiedad, bautizada como la isla en la que se ubica. Este pequeño rincón de la isla de Córcega se conoce popularmente como la isla de los millonarios. La mansión que nos ocupa llegó al mercado en julio de 2025 a través de la sección inmobiliaria de Sotheby’s por 18 millones de euros.

La mansión de los Saboya en la isla de Cavallo, en Córcega, se construyó en los años 70 a iniciativa del príncipe Víctor Manuel, padre de Manuel Filiberto. La lujosa edificación se erigió en una pequeña cala de aguas cristalinas y prácticamente sobre las rocas blancas características de este singular paraje, en el archipiélago de las islas Lavezzi.

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Cortesía de Sotheby's

Villa de Cavallo, joya arquitectónica

Villa de Cavallo está considerada una de las villas más hermosas y lujosas de la isla, como un ejemplo perfecto de la arquitectura orgánica. Concebida por el renombrado arquitecto Savin Couëlle, pensó la edificación para fundirse con el entorno, hasta el punto de que la mansión parece sacada de una película de ciencia ficción. Cuenta con 400 metros cuadrados y 14 habitaciones, sobre un terreno de 4.700 metros cuadrados.

La estructura de Villa de Cavallo, el refugio veraniego de los Saboya, se despliega alrededor de un monolito de granito milenario. De hecho, la escalera central está tallada directamente en la roca y sirve como columna vertebral del diseño. Alrededor de esta rampa mineral, los espacios se abren como un auténtico paisaje interior: llenos de luz y abiertos al mar. Cada abertura enmarca la naturaleza como si fuera un lienzo. No hay otra casa igual.

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La mansión no se vende

Contra todo pronóstico, Villa de Cavallo no ha tenido buen recibimiento en el mercado inmobiliario del lujo. Pese a lo excepcional de su emplazamiento y arquitectura, a la que hay que sumar una decoración de interiores con icónicas piezas de diseño pop de los años 60 y 70 orquestada por la princesa Marina Doria, la mansión no se vende. Y ya lleva más de un año en el mercado. Tampoco ha bajado de precio, prueba de lo mucho que la Casa de Saboya valora esta propiedad. ¿Por qué otros millonarios y aristócratas no le ven la gracia?

La hipótesis que se lanza desde muchos medios de comunicación italianos tiene que ver con los trágicos sucesos que se produjeron en Villa de Cavallo y que puede haber convertido la lujosa villa en una casa maldita. Hablamos del homicidio en 1978 de un turista alemán, Dirk Hamer, de solo 19 años. El príncipe Víctor Manuel veraneaba en la isla corsa de Cavallo, junto al millonario romano Nicky Pende, cuando se enzarzó en una pelea y disparó su carabina dos veces, hiriendo a Hamer cuando dormía, tranquilamente.

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Cortesía de Sotheby's

Una casa maldita

Los tribunales absolvieron al jefe de la casa Saboya, pero se convirtió en un paria para la aristocracia europea. Un innombrable. No ayudó la vida de disipación, juego, fiestas y broncas que caracterizó a Víctor Manuel de Saboya. Todavía en la boda de los reyes Felipe y Letizia en 2004, cuando ya había cumplido 68 años, se enzarzó en una pelea en la fiesta posterior a la ceremonia que se celebró en Zarzuela. En 2006 fue encarcelado durante una investigación que le acusaba de asociación para delinquir, corrupción y exploración de prostitutas.

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Si Villa de Cavallo es una casa maldita, puede que sea la sombra de este trágico suceso lo que disuade a los compradores de adquirir una mansión tan extraordinaria. De hecho, un reciente documental producido por Beatrice Borromeo destapó unas imágenes inéditas en las que Víctor Manuel de Saboya reconocía indirectamente el delito y se jactaba de haber engañado al tribunal. Aunque el antiguo jefe de la Casa de Saboya falleció en 2024, la maldición no cesa. Quizá esa es la razón de que Manuel Filiberto prefiera deshacerse de ella. Hasta el momento sin éxito.