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Hay un momento cuando se hace el Camino de Santiago, justo en las etapas finales, en el que el cuerpo pide ralentizar la marcha y empezar a entender cada kilómetro andado. Siempre se me eriza la piel cuando recuerdo la llegada, entre llantos de alegría y cansancio, de los peregrinos a la Plaza del Obraidoro para completar la Credencial del Peregrino y la Compostela.
Esa frontera invisible entre la fatiga y la emoción siempre busca una sonrisa cómplice y el abrazo eterno con los peregrinos que han sido familia durante un tiempo en el que todos los caminantes se reconstruyen y, muchos de ellos, encuentran su ikigai, lo que siempre se ha llamado el sentido de la vida. Terminar el Camino es también descanso; por eso, durante las últimas cinco etapas, entre Sarria y Santiago de Compostela, no se busca una cama, sino un lugar donde descansar de verdad.
Las mejores casas del final del Camino de Santiago
Lo mejor de este recorrido no es solo dormir bien, sino sentir que el reposo forma parte de la experiencia compostelana. Y en ese instante cobran sentido casas centenarias, como Pazo de Berbetoros, Casa Roán, Casa Brandariz y Casa San Nicolás, que tienen esa clase de calor que no se improvisa. Hacer el Camino Francés es solo una de las opciones, aunque hay otro recorrido: el Camino Lebaniego, que recorre la costa del norte y pasa por el pueblo de Cantabria más bonito, que no es ni Potes ni Santillana del Mar.
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Estos lugares no son simples paradas, porque la arquitectura de estas casas rurales tiene una historia que contar y también muchos relatos de peregrinos escuchados en sus paredes. Por eso, no son simples paradas en el Camino de Santiago, sino la mejor manera de llegar a Galicia por senderos que siempre son una sorpresa.
Pazo de Berbetoros, primera etapa en Lugo
El Camino de Santiago en cinco días es una de las opciones más buscadas por los que quieren registrar su ruta con el doble sellado diario de la Credencial del Peregrino. La localidad lucense de Portomarín es el punto de llegada de esta ruta corta del Camino Francés, que se inicia en Sarria. Conserva una mezcla muy poderosa de paisaje y memoria, justo la misma sensación que transmite el Pazo de Berbetoros.
Es un precioso pazo gallego monumental con preciosos jardines exteriores e interiores, muros centenarios, que datan del siglo XVII, y una hospitalidad que se percibe en cada detalle, como describió el periodista y académico José Trapero Pardo, en 1955: "Propicia al buen conversar, al buen contemplar e incluso al buen pasar".
Casa Roán: Palas de Rei, Lugo
Tras concluir los 25 kilómetros que separan Portomarín de esta localidad situada, también en la provincia de Lugo, el caminante solo aspira a secar la ropa, organizar la mochila y bajar el ritmo. Dos antiguas casas de labranza esperan a los peregrinos del Camino de Santiago con pequeñas cosas muy importantes: una cama cómoda, una casa bien cuidada, un desayuno tranquilo, una habitación donde no se oye nada más que el paso del tiempo.
Este alojamiento está situado en la aldea de A Ulloa, muy cerca de Palas de Rei, y se ofrece traslado gratuito de ida y vuelta a esta localidad u otro punto cercano del Camino en esta zona. En Casa Roán y Casa Grande, se masca lo auténtico. Cada mañana, los peregrinos del Camino Francés renuevan la energía con un contundente desayuno sin gluten y perciben el valor de un entorno cien por cien rural. Es un destino perfecto para los que llegan andando por los senderos y también está perfectamente equipado para los que abordan esta escapada en bicicleta.
Casa Brandariz: Arzúa, A Coruña
Esta es una etapa muy importante en lo emocional, porque el final está cerca y el cuerpo lo sabe. También hay que superar los 29 kilómetros que distan desde Palas de Rei hasta esta localidad en A Coruña. Nos encanta el interiorismo de Casa Brandariz, con un estilo rústico y notas elegantes que huyen del exceso.
Ls peregrinos se rodean de belleza en esta casa centenaria con una preciosa fachada tapizada con hiedra. El diseño de interiores es sobrio, armado con piedra y madera y muebles en estilo vintage, que podrían estar a la venta en las mejores casas de antigüedades de España. Los textiles son primorosos, hay tratamientos de bienestar y ayurveda, un restaurante fabuloso y una antigua chimenea en la que querrás quedarte contando tus hazañas peregrinas.
También en Palas de Rei, se encuentra la mejor experiencia decorativa de las casas centenarias de las últimas etapas del Camino de Santiago: A Parada das Bestas, situada en Pidre. Esta vieja casa de labranza del siglo XVIII, fue rehabilitada por Suso y María para honrar al peregrino con una bellísima galería antigua.
Molino A Maquía de Medín, cerca de O Pedrouzo
Esta casa centenaria guarda una arquitectura tradicional destinada a los oficios rurales. Es un antiguo molino convertido en alojamiento de diseño, con una rehabilitación muy cuidada que conserva la maquinaria y la piedra original, además de estar encaramado sobre una bonita cascada y muy cerquita del Parque Natural de las Fragas do Eume (A Coruña).
Estamos ante la última etapa del Camino de Santiago, a solo 19 kilómetros de la Plaza del Obradoiro. En el Molino A Maquía de Medín se puede completar la tarde con un bonito paseo por el bosque que rodea la encantadora aldea de Medín, que se sitúa a dos kilómetros del trazado del Camino Francés, y ofrece este alojamiento tallado en piedra y con techos de madera. La decoración en estilo rústico tiene detalles vintage como la vajilla de Sargadelos, los aparadores de madera con vitrinas y muebles recuperados de los que todos hemos visto en la casa de la abuela.
Casa San Nicolás, Santiago de Compostela
El final del Camino Francés tiene como último destino la catedral compostelana. Te animamos a dejarte llevar por paisajes naturales preciosos y llenar tu perfil de Instagram con vistas espectaculares desde los miradores que vayas encontrando en tus rutas.
Llegar a Santiago y dormir en un alojamiento con encanto: Santiago de Compostela cambia por completo la percepción del final. Casa San Nicolás tiene esa capacidad de convertir la meta en una experiencia todavía más intensa. Ya no se trata solo de alcanzar la plaza del Obradoiro, sino de prolongar la emoción dentro de una casa que sigue respirando historia, calma y cuidado.
Hay algo muy particular en pasar la última noche en una casa con alma después de tantos días de ruta. El peregrino ya no está simplemente descansando: está asimilando. Y ese momento necesita un entorno que no rompa la emoción con frialdad hotelera. Las casas antiguas bien recuperadas tienen ese don de prolongar la vivencia. No borran el Camino de Santiago; más bien lo terminan de dar sentido.


























