Jaén es una tierra de horizontes infinitos teñidos de verde, un mar de olivos que sube y baja por las lomas como un oleaje estático. Aquí, la luz limpia del sur que reverbera en las fachadas de cal y el aroma a aceite recién prensado inunda los pueblos cuando el día empieza a despertar. Mientras las guías de viaje siempre apuntan a Úbeda, Baeza o la naturaleza salvaje de la Sierra de Cazorla, existe un rincón en las faldas de Sierra Morena que pocos conocen, pese a su belleza. Baños de la Encina es un secreto a voces, un pueblo blanco andaluz que parece haber sido diseñado para custodiar una de las fortalezas más impresionantes y antiguas de toda Europa.

Poner rumbo a esta villa medieval es un acto de descubrimiento y un reencuentro con las etapas históricas de Al-Ándalus y la Reconquista. Integrado en la red de Los Pueblos Más Bonitos de España, Baños de la Encina se asoma al embalse del Rumblar rodeado de un océano de olivares que se rinden ante su silueta fortificada. Sus calles, que trepan empinadas buscando la silueta de la fortaleza, combinan la blancura de la cal con la piedra arenisca de sus palacios, creando una atmósfera noble y atemporal. Si buscas un destino donde la historia se pueda tocar y la desconexión sea absoluta, este rincón jiennense es tu refugio perfecto.

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Luis Castaneda Inc.//Getty Images

Qué ver en Baños de la Encina

En Baños de la Encina hay un monumento que justifica cualquier viaje por sí solo: el Castillo de Burgalimar (o Bury al-Hammam). Su construcción, que fue ordenada por el califa Alhakén II, concluyó en el año 968 d.C. Fue construido con tapial, una mezcla de arcilla, arena, cal y piedra, y hoy es una de las fortalezas medievales mejor conservadas del mundo y una de las más antiguas de Europa.

La silueta elíptica de esta imponente fortaleza, coronada por catorce torres rectangulares y la imponente Torre del Homenaje, añadida posteriormente por los cristianos, evoca de inmediato las historias de caballeros y califas. Caminar por su adarve en primavera, mientras el viento trae el aroma de la jara de Sierra Morena y la vista se pierde en la inmensidad plateada de los olivos, es una experiencia física que quita el aliento.

Al descender de la fortaleza, el casco histórico nos recibe con una arquitectura señorial que sorprende por su riqueza. La Iglesia de San Mateo es un templo gótico-renacentista del siglo XV que custodia un sagrario de madera de ébano y marfil que es una auténtica obra de arte. Perderse por la calle Trinidad es encontrarse con las fachadas de los palacios y casas solariegas de los siglos XVII y XVIII, como la Casa de los Carvajales o el Palacio de los Molina de la Cerda, cuyos escudos heráldicos grabados en piedra nos hablan de un pasado noble y próspero.

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Antonio Garcia Recena//Getty Images

Sin embargo, el secreto barroco mejor guardado de la villa se encuentra en la Ermita del Cristo de El Llano (o Ermita de Jesús de El Llano). Bajo una apariencia exterior sobria, este templo esconde en su interior un camarín barroco del siglo XVIII que es un delirio de estucos, yeserías policromadas, espejos y figuras de ángeles. Es una joya de un barroquismo tan exuberante que a menudo se la compara con el arte sacro del virreinato americano.

Además, a pocos minutos a pie, nos topamos de bruces con el Molino de Viento del Santo Cristo: un singular molino del siglo XVIII ubicado en la parte alta del pueblo, ofrece una perspectiva cromática preciosa, donde el blanco del molino contrasta con las tonalidades ocres de las canteras de la zona.

Dónde comer en Baños de la Encina

En esta esquina de Jaén, la gastronomía tiene un claro protagonista: el Aceite de Oliva Virgen Extra de variedad picual, que sirve como un hilo conductor que aporta fuerza y personalidad a cada plato. Aquí se viene a disfrutar de la cocina de monte y de cuchara, con recetas que han pasado de generación en generación. Por eso, para vivir una experiencia gastronómica redonda en un entorno con un gusto exquisito, el restaurante Büry es una parada obligatoria.

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Cortesía del Restaurante Büry

Ubicado a los pies del castillo, en este establecimiento el chef reinterpreta las raíces árabes de la gastronomía de Baños de la Encina con técnicas contemporáneas. El producto local se cocina con mimo y a menudo las brasas son las protagonistas. El Canelón de jabalí con sobrasada, oporto, salsa Grand Veneur y piñones es uno de sus bocados espectaculares y lo encontrarás en carta si acudes entre las 16:30 y las 20:00.

No obstante, si tienes que decantarte por algo, que sea por su menú degustación: una selección de platos que sirven para un mínimo de dos personas y que incluye dos aperitivos, tres entrantes, dos platos principales y un postre por el competitivo precio de 50 euros por persona.

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Cortesía del Restaurante Büry

Qué comprar en Baños de la Encina

La parada obligada para cualquier viajero gourmet es Saborea Jaén, una parada obligatoria si buscas llevarte a casa un pedazo del auténtico sabor de la provincia. Ofrece una amplia selección de productos típicos de la zona, todos de gran calidad y deliciosos; todo lo que hemos probado ha superado nuestras expectativas. Además, la propietaria invita a degustar algunos de los productos en la propia tienda, lo que hace la experiencia aún más atractiva.

La atención es excelente: amable, cercana y siempre dispuesta a explicar con detalle cualquier duda sobre los productos. Entre sus especialidades destacan los distintos tipos de quesos, aceites de oliva, chocolates artesanos, embutidos de ciervo y jabalí, morcilla, magdalenas caseras y las tradicionales tortas de matalauva. La variedad es enorme, por lo que resulta fácil encontrar algo para todos los gustos.

Dónde dormir en Baños de la Encina

Para dormir, nuestra opción favorita es el Hotel Palacete María Rosa. Alojarse en este antiguo palacete cuidadosamente restaurado es una experiencia que combina el encanto de la historia con el confort actual. El edificio ha conservado todo su carácter señorial y rural, incorporando al mismo tiempo comodidades modernas como aire acondicionado o baños renovados.

Mención especial merece el restaurante del establecimiento, con un servicio impecable pese a la alta ocupación del comedor y un menú de mediodía delicioso. No te puedes quedar sin probar las judías con jamón, ni el coulant de chocolate a modo de broche final. Además, su ubicación, en pleno casco histórico, resulta ideal para recorrer la localidad a pie, y es fácil encontrar aparcamiento en la misma calle o en las inmediaciones.