Andalucía es generosa en sorpresas, pero hay un lugar que desafía cualquier lógica arquitectónica. En la provincia de Cádiz, allí donde la Sierra de Grazalema empieza a despuntar,se encuentra un pueblo que no se conformó con construir sobre la tierra, sino que decidió integrarse en ella: Setenil de las Bodegas.

En este pueblo acariciado por el río Trejo, pareciera que el cielo es de pura roca caliza. La piedra sólida en la que está excavado el pueblo y que hace las veces de bóveda natural, nos recuerda al llegar allí la capacidad del ser humano para adaptarse a los caprichos de la geología.Y es que Setenil parece sacado de un cuento de fantasía, pero es muy real y se ha convertido en uno de los destinos más fotogénicos de España, a la par que en uno de los más auténticos.

setenil de las bodegas
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Qué ver en Setenil de las Bodegas

Este es uno de esos destinos que exhiben su principal atractivo a plena luz del día. Más que a visitar monumentos o recorrer museos, esta localidad gaditana nos invita a recorrer sus calles sin prisa. Al recorrer las galerías de roca, uno comprende por qué los habitantes aprovecharon los tajos naturales erosionados por el río para cerrar la pared frontal y crear viviendas, pues la roca proporciona un aislamiento térmico natural, manteniendo las casas frescas en el tórrido verano andaluz y cálidas cuando el invierno aprieta en la sierra.

Si seguimos caminando, llegaremos inevitablemente a las dos arterias principales que vertebran el lugar: la calle Cuevas del Sol y la calle Cuevas de la Sombra. La primera, como su nombre indica, recibe la luz durante casi todo el día y es el lugar perfecto para ver cómo el blanco de la cal contrasta con la piedra ocre.

La segunda es un túnel natural donde la calle queda totalmente cubierta por la roca. Se trata de un callejón casi irreal: un pasadizo donde el tiempo parece haberse detenido y donde el eco de nuestros pasos nos lleva hasta los rincones más históricos de la villa, para enseñarnos que Setenil no es solo sus cuevas.

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En la parte alta, coronando el peñasco, nos espera el Torreón del Homenaje, el último vestigio de la antigua alcazaba almohade que un día protegió estas tierras. Su historia es la de una resistencia feroz; se dice que los cristianos necesitaron siete sitios para conquistarla en el siglo XV. De ahí, precisamente, vendría el nombre del pueblo: Septem-nihil significa siete veces nada.

Subir hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación es obligatorio. De estilo gótico tardío y construida sobre la antigua mezquita, es un ejemplo perfecto de cómo las capas de la historia se superponen en Andalucía. Y para los más enamoradizos, merece la pena perderse buscando el rincón más romántico de Setenil: el bonito letrero que reza “Bésame en este rincón”, situado en la calle Mina, y que se ha convertido en una parada obligatoria para los jóvenes que visitan la villa.

Dónde comer en Setenil de las Bodegas

En Setenil se come de maravilla porque la despensa es la propia sierra. Aquí la estrella es la sopa cortijera: un plato elaborado a base de pan, aceite, espárragos y huevo, aunque también merece la pena probar los embutidos, famosos en toda la provincia. Basta con sentarse en uno de los bares de la calle Cuevas del Sol para disfrutarlos sin prisa y sin necesidad de reserva. No hay una experiencia más auténtica que disfrutar de la gastronomía típica al abrigo de la roca, sentado en una terraza.

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Pero si lo que buscas es una comida que se quede grabada en la memoria, el restaurante El Mirador ofrece una propuesta donde el producto local es el protagonista, con unas vistas que permiten entender la orografía del pueblo desde una perspectiva privilegiada. La carta reinterpreta los platos típicos de la sierra de Cádiz, dándoles un toque vanguardista. Es imprescindible probar su surtido de Quesos de la Sierra, el Ajoblanco con Atún y la Carrillada de Cerdo Ibérico.

dining area with wooden tables and chairs featuring floral centerpieces
Cortesía del restaurante El Mirador

Qué comprar en Setenil de las Bodegas

A la hora de llevarnos a casa un pequeño souvenir que nos haga acordarnos de nuestro paso por el pueblo, nuestra tienda favorita es Recuerdos de Setenil: su selección de elementos decorativos de cerámica y sus cestos de mimbre brillan con una mezcla de tradición y estilo que queda bien en cualquier rincón de casa.

Si prefieres llevar en la maleta algo que se pueda comer, entonces pásate por la Abacería el Rincón del beso, donde podrás comprar desde vinos de la tierra hasta botellas de aceite de oliva virgen extra. El de la Sierra de Cádiz destaca por su color dorado verdoso y por su sabor intenso, muy Mediterráneo.

Dónde dormir en Setenil de las Bodegas

A la hora de buscar alojamiento, nuestra recomendación es que optes por vivir la experiencia al completo. En la Casa cueva Las Calcetas podrás disfrutar de un alojamiento de autor excavado en la propia roca. Se trata de una casa-cueva rehabilitada con un gusto exquisito, donde las paredes son de piedra viva, pero con todas las comodidades de un hotel boutique. Dormir aquí es sentir el silencio absoluto que solo la piedra puede proporcionar.

Es, sin duda, la mejor opción para parejas, aunque cuenta con espacio hasta para cuatro personas. Con habitación deluxe, bañera hidromasaje, sauna y chimenea de pellet, tiene todo lo necesario para aquellos que deseen conocer la cara más romántica del pueblo.

casa cueva las calcetas
Cortesía de Setenil Rural

El Hotel Villa de Setenil, situado en pleno corazón de la villa, es ideal para quienes prefieren una estructura de hotel más clásica pero sin renunciar al encanto. Desde sus balcones se puede observar el trasiego del pueblo y cómo la luz va cambiando el color de los tajos a medida que avanza el día. A sus pies, el pueblo se despliega como una cascada de casas blancas que parecen derramarse por el desfiladero.

Desde allí, se puede contemplar cómo las cubiertas de teja se mezclan con las crestas de la roca y entender que Setenil no es un pueblo construido en la montaña, sino un pueblo que es parte de la montaña. Asomado a la ventana, con la luz dorada del atardecer bañando las fachadas, te darás cuenta de que este rincón de Cádiz es uno de esos lugares a los que es imposible no querer volver.