Cualquiera que haya viajado a Castilla y León sabe que la región tiene una forma muy particular de sobrecoger al viajero. En su inmensidad silenciosa, la meseta de pronto se quiebra para dar paso a un cañón profundo o a un serpenteante río. Este lugar en el que, cuando se acerca el verano, la luz dorada y limpia parece encender las fortalezas de piedra al atardecer, oculta un secreto. A poco más de una hora de Madrid, rozando los límites donde Segovia se difumina con Burgos y Soria, se alza Maderuelo. Situada en un espolón rocoso y rodeada casi por completo por las aguas del embalse de Linares del Arroyo, esta villa medieval emerge del paisaje con la solemnidad de un barco de piedra flotando en un mar de secano.

Llegar a Maderuelo es cruzar una frontera invisible hacia el medievo. Integrado en la red de Los Pueblos Más Bonitos de España, este rincón segoviano apenas cuenta con un centenar de habitantes que custodian un patrimonio arquitectónico intacto. Aquí no hay espacio para las prisas, el tráfico ni la estridencia. El viento que llega desde las Hoces del río Riaza es el único que se atreve a romper la quietud de sus calles empedradas, donde cada portalada, cada escudo heráldico y cada aspillera nos hablan de caballeros templarios, de la frontera del Duero y de una historia que se niega a desaparecer.

hoces del río riaza natural park, maderuelo, segovia, spain.
Iñigo Fdz de Pinedo//Getty Images

Qué ver en Maderuelo

Maderuelo es, en sí mismo, un monumento. El mejor comienzo para la visita es la Puerta del Barrio, el acceso principal a la villa fortificada. Se trata de un arco románico acodado, que aún conserva las maderas de las hojas de la puerta y los cerrojos originales, y cruzarlo es lo más parecido a un viaje en el tiempo que se puede experimentar. Al entrar, el entramado urbano se presenta como un laberinto de callejuelas sombrías y casonas de piedra con tejados de teja árabe que parecen apoyarse unas en otras para resistir los siglos.

El corazón de la villa late en la Plaza de San Miguel. Es una plaza castellana de las de toda la vida, además del punto exacto en el que vienen a encontrarse las dos calles principales. Además, se encuentra presidida por la iglesia homónima del siglo XIII, que en su día formó parte de la muralla defensiva y que a día de hoy aún destaca por su ábside románico y su sobria torre campanario.

Unos pasos más allá nos topamos con la Iglesia de Santa María del Castillo. Es el edificio más imponente del pueblo, pues en su estructura se mezclan el románico tardío con detalles mudéjares y en su interior alberga un retablo mayor que es una auténtica joya del arte sacro. Su ubicación no es casual: desde sus muros, la vista se abre de par en par sobre el embalse, ofreciendo una amplia panorámica de los alrededores.

church of santa maría del castillo in maderuelo, segovia, spain
Alf//Getty Images

Sin embargo, el secreto mejor guardado de Maderuelo se encuentra extramuros, cruzando el puente que salva el río. Allí nos espera la Ermita de la Vera Cruz, un templo que custodia una de las historias más fascinantes del románico español. En su interior albergaba unos frescos del siglo XII de una belleza mística y primitiva tan arrolladora que fueron trasladados al Museo del Prado para asegurar su conservación.

Hoy en día, la ermita muestra una fiel recreación de esas pinturas que nos permite entender la espiritualidad de la época, rodeados de una paz que solo se interrumpe por el vuelo majestuoso de los buitres leonados que anidan en los acantilados cercanos de las Hoces del Riaza.

maderuelo medieval village overview, segovia, spain
Alf//Getty Images

Dónde comer en Maderuelo

En este rincón de Segovia, el rito de sentarse a la mesa se realiza teniendo siempre en consideración la contundencia propia del buen comer castellano. Aquí el producto de proximidad no es una moda, sino la herencia de una tierra de pastores y agricultores. Y para vivir una experiencia gastronómica auténtica, el Restaurante Posada del Medievo ofrece un ambiente rústico y acogedor, acompañado de platos espectaculares.

Situado a pocos minutos de la plaza principal, ofrece esa calidez honesta de los asadores castellanos. En sus mesas de madera vista se sirven raciones generosas de cordero y cochinillo, torreznos perfectamente crujientes y un guiso de rabo de toro capaz de reconfortar el cuerpo tras una jornada de exploración por las murallas. Sus postres caseros, como el hojaldre con crema y el arroz con leche, son el cierre perfecto para un banquete donde el tiempo parece detenerse.

roasting the lamb
Manuel Alvarez//Getty Images

Qué comprar en Maderuelo

En Maderuelo la producción no es industrial, lo que lo convierte en el lugar perfecto para comprar piezas únicas que no encontrarás en ningún otro sitio. Ir de tiendas por la villa es entrar en pequeños talleres integrados en los bajos de las viviendas medievales, donde el trato es siempre cercano y pausado; hablar con los artesanos, dejarse aconsejar y volver a casa satisfecho con las compras.

Una tienda con un encanto especial que tienes que visitar es F.Abad: un pequeño taller donde se trabaja el cuero para crear piezas únicas, personalizadas y, según afirma el artesano, con duración de por vida. Los artículos se fabrican uno a uno, a mano, y van desde maletas y maletines hasta accesorios para jugar al golf, pasando por fundas y cartucheras para cazadores.

Y, aunque no se encuentra dentro del pueblo, merece la pena acercarse a la preciosa localidad de Sepúlveda para visitar La Abacería, una pequeña tienda llena a rebosar de productos gourmet de la tierra, donde podrás comprar embutidos como jamón serrano o cabeza de jabalí y otras delicatessen como quesos, salchichón de piñones, chorizo la Matilla y dulces locales. Te aseguramos que los tuyos te lo agradecerán.

Dónde dormir en Maderuelo

Para captar del todo la verdadera esencia de este precioso pueblo hay que conocerlo de noche. Es en ese momento, cuando los visitantes de un día regresan a Madrid, cuando las luces amarillas de los faroles se encienden sobre la piedra caliza y Maderuelo recupera su silencio medieval más profundo.

Lo más sorprendente es que, en medio de este pueblo de cien habitantes, encontramos Capítulo Trece: un hotel boutique de autor decorado con un gusto exquisito. Con un ambiente íntimo y tan solo cinco habitaciones, asegura una privacidad y un silencio absolutos.

terraza capítulo trece
Cortesía de Capítulo Trece

El diseño interior es una lección de equilibrio: ha respetado las vigas de madera originales y los muros de mampostería, combinándolos con un interiorismo minimalista, sábanas de hilo de alta calidad y detalles de diseño moderno. Su salón con chimenea es el rincón ideal para disfrutar de una lectura nocturna con una copa de vino, y su zona de spa es perfecta para desconectar.