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Hay lugares que tienen el extraño poder de detener las manecillas del reloj en el preciso instante en que cruzas su umbral. Pedraza es uno de ellos. A poco más de una hora de la capital, esta villa segoviana se alza sobre un cerro con la solemnidad de quien se sabe guardiana de un tiempo que ya no existe. Aquí no tienen cabida las prisas que inundan las grandes ciudades. Este es un lugar de piedra, madera y de un silencio profundo que solo se encuentra en la Castilla más auténtica.
Cruzar la Puerta de la Villa, el único acceso que permite la entrada al recinto amurallado, es lo más parecido a un viaje en el tiempo que podemos experimentar sin salir de la península. El aire aquí huele a leña de encina y a campo húmedo, y la luz tiñe las fachadas de dorado, especialmente cuando el sol empieza a caer sobre la Sierra de Guadarrama. Es el refugio perfecto para quienes necesitan resetear la mente y recordar que la belleza, a veces, es simplemente una calle empedrada en silencio.
Qué ver en Pedraza
Pedraza es un lugar del que disfrutar a base de paseos lentos, con mirada curiosa y paso firme. Su casco histórico, declarado Conjunto Histórico en 1951, es un catálogo vivo de arquitectura señorial. Nada más entrar, nos recibe la Cárcel de la Villa, un edificio del siglo XIII que nos habla de la cara más cruda del medievo. Visitar sus mazmorras y ver los cepos originales es un contraste fascinante con la elegancia que despliega el resto del pueblo.
La construcción, que data del siglo XIII, atesora salas tan bien conservadas que ponen la piel de gallina. Dividida en dos niveles, uno superior para los reos menores y uno subterráneo para los delincuentes que suponían mayor peligro, puede visitarse todos los días en horario de 11.00 a 14.00 horas y de 16.00 a 19.30 horas, previa reserva telefónica.
Una vez fuera, el camino natural nos lleva irremediablemente a la Plaza Mayor, que muchos consideran una de las más bonitas de España. Es una plaza irregular, castellana hasta la médula, rodeada de casonas con soportales donde las columnas de piedra sostienen siglos de historia. Aquí nada desentona. Es el lugar ideal para sentarse a observar cómo la vida transcurre a otro ritmo, imaginando los famosos Conciertos de las Velas que, cada verano, iluminan este espacio únicamente con la luz de miles de llamas.
Pero la joya de la corona la encontramos al fondo de la calle principal, donde el perfil del Castillo de Pedraza se recorta contra el cielo. Esta fortaleza del siglo XIII, reconstruida doscientos años más tarde, aún guarda el recuerdo de los personajes que vivieron tras sus muros: desde los hijos del rey Francisco I de Francia, que fueron retenidos como rehenes aquí, hasta el pintor Ignacio Zuloaga, quien compró el castillo en 1926 para instalar allí su taller.
Hoy, el castillo alberga un museo dedicado al pintor eibarrés, donde se pueden admirar algunas de sus obras en un entorno que parece diseñado para ellas. Es esa mezcla de patrimonio bélico y sensibilidad artística lo que le da a Pedraza un aire sofisticado con el que otros destinos tan solo pueden soñar.
Dónde comer en Pedraza
Como sucede en buena parte de Castilla y León, la belleza del lugar solo puede quedar mínimamente opacada por el sabor de sus platos. A Pedraza se viene a comer cordero lechal, asado en horno de leña con esa maestría que solo se consigue siguiendo la receta tradicional y, a poder ser, con varias décadas de práctica a sus espaldas.
Así es precisamente como se hace en el restaurante El Soportal: un asador ubicado en plena Plaza Mayor que lleva cuarenta años preparando el cordero al más puro estilo castellano y que ya se ha convertido en una institución. Sus asados tienen esa textura perfecta, con la carne que se deshace y la piel crujiente, que rara vez se encuentra fuera de la región.
Para quienes busquen algo con un toque más contemporáneo pero respetando el producto de proximidad, La Olma de Pedraza ofrece una cocina de mercado excepcional en una casona del siglo XVI. Probar los judiones de La Granja o la dorada con incrustaciones de ahumado y piel crujiente sobre salmorejo es entender por qué Segovia sigue siendo el epicentro del buen comer en el centro de la península.
Qué comprar en Pedraza
Pedraza es también un destino para los amantes de las cosas hechas con las manos. En sus calles encontramos tiendas que son casi galerías de arte. Una parada obligatoria es Estaños de Pedraza, donde Gorete Pascual trabaja con pulcritud este metal. Sus piezas, que van desde vajillas tradicionales hasta diseños más modernos, como lámparas con diseños únicos, son el recuerdo perfecto de una villa que, como las creaciones de Pascual, aún se mantiene auténtica.
Otra parada imprescindible para los amantes del arte y la decoración es Hada Haro, una tienda de artesanía cuyas piezas rebosan personalidad. Es común ver a gente salir con prendas de ropa pintadas a mano, aunque mi favorito personal son las amapolas de vidrio fundido sobre madera de cedro pintada, que me hace pensar que me llevo un trozo de Castilla a casa.
Dónde dormir en Pedraza
Para que la desconexión sea total, lo ideal es pasar la noche dentro de la villa y disfrutar del pueblo cuando los visitantes de un día se marchan y Pedraza recupera su paz absoluta. A muy poca distancia de la Puerta de la Villa se encuentra la Hospedería de Santo Domingo, un hotel boutique ubicado en una casa noble con vistas espectaculares al valle y a la muralla.
Sus habitaciones combinan vigas de madera originales con un interiorismo sobrio y elegante, las camas son cómodas y el personal amable. Por la noche disfrutarás del silencio y, bien entrada la mañana, de un desayuno que no tiene nada que envidiar al de las grandes cadenas hoteleras de renombre.
Si tienes oportunidad, pide una habitación con vistas a la Sierra. El paisaje es precioso y tal vez tengas la suerte de ver la última luz ponerse sobre las arboledas. Desde la ventana, uno recibe el último regalo de esta bella localidad en la que el silencio se convierte en el mayor de los lujos.



















